Ni millones ni limosnas

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

La Estrella de Panamá, 29 de Julio de 2012

Esta frase quedó plasmada en un monumento que está en el Palacio Legislativo, atribuida al presidente José Antonio Remón Cantera, que remataba ‘queremos justicia’. Según los historiadores, se le debe a un protagonista de la discriminación racial que existía en la antigua Zona del Canal, parte del ‘Silver Roll’, Edward Asthon Gaskin Stuart, que dedicó su vida a la educación.

El que la tome de ejemplo no es para señalar el posible estado deplorable en que se encuentra el monumento que se le hizo a Remón ni para defender su legado. La uso para señalar lo incongruente que es nuestro país en términos educativos, de salud y alimentarios, versus el derroche y los parches de asfalto en que se ha centrado la actual gestión.

El ministro del Economía dice que se le fue ‘la mano en pollo’ y culpa al rompimiento de la alianza del hecho que el actual presupuesto tenga un déficit que es difícil de solventar con medidas como restringir la compra de autos nuevos para los funcionarios. Si los choferes no estuvieran esperando a sus jefes con el motor andando para disfrutar del aire acondicionado otra sería la historia. De igual forma, si no se encendieran las luces que iluminan edificios como la Caja de Ahorros, hasta altas horas de la noche, buenos reales se ahorrarían. Recientemente publiqué un artículo en el diario colega El Siglo sobre la desagradable costumbre de encender los aires acondicionados a temperaturas inferiores a los 16 grados, donde la gente tiene que trabajar con abrigo y guantes, si no con gorras de invierno y un afamado escritor me escribió que él bajó su cuenta de electricidad con la simple costumbre de no tener su habitación a nivel de congelamiento.

Si se invirtiera en educación y en esfuerzos alrededor de ella, no se tendría que gastar tanto en seguridad y en hacer más cárceles. Se ha probado que la cultura mejora la vida de los ciudadanos y a partir de ella se rescata los valores. Ejemplos sobran y no hay que ir muy lejos: Bogotá y Medellín están apenas a una hora de vuelo. Si se previniera en salud, no se tendría que desembolsar tanto dinero en hospitales a futuro, cuando los actuales se están cayendo y encima, se insiste en vender el terreno donde estuvo la embajada americana, que por default le corresponde a los hospitales del Niño y Santo Tomás, para integrar un complejo hospitalario.

Si se mantuvieran las calles de la ciudad no se pondrían una tras otra capa de asfalto, profundizando los huecos que cuando uno cae en ellos, le duele hasta el alma (al auto y a uno pensando en los amortiguadores del mismo y lo que costará repararlos). Si se le destinara al agro el apoyo necesario, no estaría volando el precio de los productos y mucha gente del campo viviría mejor, sin necesidad de dedicarse a otros oficios sino al noble cultivo de la tierra.

Y el deporte, por qué no, es loable que se le tome en cuenta, pero de manera tan denodada que el país ande sin piloto por irse a unas olimpiadas deja mucho que desear, en vísperas de una fiesta de la cultura como es la feria del libro, que se celebrará en agosto, y a la cual la Presidencia, que en el quinquenio pasado destinaba una suma considerable para apoyarla, ni siquiera contará este año con el apoyo del despacho de la Primera Dama. Y lo peor, los escritores panameños piensan que Atlapa es gratis para los organizadores, cuando se tiene que pagar hasta el aire que se respira allí.

No queremos millones y tampoco limosnas, como los dos años anteriores, los que creemos en el incentivo a la cultura, queremos justicia.