Repartiendo cachetadas

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

La Estrella de Panamá, 28 de Octubre de 2012 


La sabiduría que tiene Andrés Vega ‘Domplín’ —que él llama de ‘mango tree lawyer’ o ‘abogado del palo de mango’— señala que los panameños somos tan necios que nos metemos en medio cuando están repartiendo cachetadas. Y eso es lo que parece que hizo el presidente Martinelli al pasarse de gracioso con las declaraciones que hizo en Japón, apoyando a ese país en un diferendo que tiene con la República Popular de China. Muchas personas, perplejas por el exabrupto presidencial a los que no logramos acostumbrarnos, a pesar de que no salimos de uno para caer en otro, me preguntaban si él no tiene asesores que le indiquen lo correcto que debe decir en estos casos. Mi poco conocimiento de política exterior y diplomacia lo uno a mi buen sentido común y la respuesta es simple: no les hace caso y dice lo que primero le viene a la mente, para caer gracioso, pero en la mayoría de los casos, nos hace caer en desgracia.

Ya nos pasó con Israel y gracias a Dios que no fuimos víctimas de un revanchismo islámico por el exabrupto demencial. De esta metida de pata hasta Taiwán se ha hecho eco, y en forma muy enérgica, diría que hasta revanchista, —por los largos meses que tuvo que esperar el embajador de esa otra China para presentar credenciales—, ha censurado abiertamente la desatinada intervención presidencial.

Es como si aplicara la política de sus supermercados en las relaciones diplomáticas: ‘te compro docenas de 24 y te pago al contado en 180 días’. No hay que ser abogado para darse cuenta del engaño, cuando menos ser un ‘mango tree lawyer’. Y mientras prende el rancho en sus periplos en las alas cordiales del avión que le regaló Taiwán (llegó a decirle a Ángela Merkel, en Alemania, que Panamá adoptaría el euro como moneda de curso legal), somos el foco de atención de todo el mundo dentro del país, en medio de más de 9 días de paro, total desabastecimiento de alimentos para los colonenses y la pérdida irrecuperable de turistas que no se bajan de los cruceros por los disturbios, y mercancías que se demoran o se dañan en los contenedores de la Zona Libre. Y todo porque el que se declaró loco en su campaña —y encima votaron por él—, vino desde Alemania a sancionar una ley que metió el bufón de presidente que tiene la Asamblea Nacional mientras se celebraba un partido de fútbol. Se dio la vuelta, se encaletó para Japón, y allá siguió dejándonos en ridículo.

Y acá tenemos varios muertos, muchos heridos, protestas, pérdidas materiales y emocionales y quién sabe qué más por venir. Un supuesto ‘tuit’ alega que ‘derogaría’ la ley que vende las tierras de la Zona Libre, meollo del problema, pero los pobres ministros, que tienen que dar la cara acá mientras él sigue su periplo embarrándonos más, van todos los días a Colón y ni los reciben. Ya me imagino la cara y la impotencia que sintieron los que lo acompañan en su viaje, que deben conocer sobre política exterior o por lo menos de relaciones bilaterales, que saben que ‘calladitos se ven más bonitos’. Panamá ha sido un baluarte de la neutralidad, precisamente por la posición geográfica que tenemos, y estas metidas de pata y de lengua no hacen más que seguir empañando lo que la historia, —esa que precisamente quieren borrar por medio de leyes que no permitan que se imparta—, ha demostrado que nos ha hecho un país pequeño, pero grande en liderazgo político.

Hace poco, el ministro Roux presentó a un grupo de comunicadores las reformas al IDAAN. Mi recomendación fue: ‘no deje hablar al presidente sobre ellas, porque si lo hace, la embarra’.