Una burla descarada

MARIELA SAGEL
La Estrella de Panamá, 16 de Septiembre de 2012 
MONTREAL, CA. — Veo con estupefacción que, a pesar de haberse revelado que las recomendaciones de la UNESCO en torno a la forma en que se va a realizar la tercera fase de la Cinta Costera no se han presentado, se han iniciado las obras. Y lo veo desde lejos, en una ciudad que reboza historia en cada esquina, cuyas normas urbanísticas no permiten construir edificios que sobrepasen la altura del Mont-Royal, a quien le debe el nombre, que es de 223 metros, lo que equivale a un edificio de 60 a 70 pisos. Y estamos hablando de una de las ciudades más avanzadas del norte de América.Montreal es una ciudad cuya población fija es similar a la de la ciudad de Panamá. Si se le agregan los suburbios, puede llegar a tener la cantidad de habitantes de nuestro país, con un sistema de transporte público eficiente y más aún, una administración municipal que enfrenta los cambios de estaciones que tienen variables climáticas pronunciadas y que ha sido construida por abajo (los célebres túneles de Montreal lo llevan a uno casi a todos lados sin tener que salir a enfrentar ni el tráfico ni el duro invierno).

Convive el valor histórico y cultural —que es mucho— con las innovaciones de última generación y precisamente esa riqueza patrimonial de la que goza el Viejo Puerto es el principal atractivo que ponen en las guías turísticas y allí se respetan y realzan no solo las edificaciones sino el mismo entorno, y hasta el célebre Cirque Du Soleil monta sus carpas en las riberas del Río San Lorenzo cuando está en temporada, sin que riña con las normas patrimoniales a las que se tiene que ceñir un monumento.

Pero en Panamá pareciera que no queremos aprender de los expertos y desoímos no solo las advertencias de organismos como la UNESCO sino que nos burlamos de cualquiera que insinúe que la preservación del patrimonio histórico es un deber de todos los panameños. Desde mediados del año pasado se ha estado comentando que se ha optado por hacer un viaducto en vez de un túnel por razones de costos, mientras se han invertido verdaderas fortunas en promocionar las bondades de pasar por el Chorrillo, sin que haya ninguna necesidad, sobre todo por la manera irrespetuosa con que se nos ha querido vender esta tercera fase. Incluso, es conocido un video que muestra el Nuevo Amador, cuya autoría negó el ministro de Obras Públicas, pero es la prueba de lo que se piensa hacer allí.

La realidad es muy distinta: se ha engañado a los países que le dieron el voto de confianza a Panamá en la UNESCO para que presentáramos un estudio que respetara el patrimonio histórico. Se ha engañado a la población panameña alegando que esta opción va a integrar un barrio marginado por décadas, desde que se creó la zona una vez firmado el tratado del Canal, el feroz ataque del que fue víctima en la invasión hasta el incumplimiento de su rescate después que los gringos lo quemaron. Ahora les van a pasar a los chorrilleros una costanera que les impedirá el acceso al mar, de lo que se precian, para beneficiar proyectos multimillonarios y ellos quedarán igual o peor. Se ha engañado al público con las tácticas goebellianas de repetir mentiras, en cuanto al costo del viaducto versus el túnel.

El proyecto muta a medida que surgen las críticas, ya iniciaron las obras y no se sabe ni el impacto patrimonial ni ambiental que va a tener. Tampoco se sabe cómo quedará el Chorrillo, cuyos habitantes se han prestado de tontos útiles, con la falsa promesa de un derrame económico. Panamá perderá uno de sus valores más preciados, del cual deberíamos estar orgullosos.

Es hora que los muchos aspirantes a la Alcaldía tomen una posición vertical frente a este despropósito que se está haciendo contra nuestro patrimonio. De no hacerlo, estarán pecando por omisión. Los ‘cuatro gatos’ que impedimos la construcción de la Tusa ya la asumimos.