Para recibir a Jesús

MARIELA SAGEL 
El Siglo, 24 de diciembre de 2012
 
Hoy, 24 de diciembre, todos los cristianos celebramos la llegada de Jesús, y lo hacemos de diferente manera, la más común no tiene nada que ver con el fervor religioso que debería imbuirnos, sino en la fiesta comercial —y hasta pagana— que conllevan estos tiempos. Quiero compartir mis reflexiones para esta época en la que todo el mundo pregona paz y amor y practica todo lo contrario.

Deseo que nuestros gobernantes detengan la forma de actuar y lo hagan en consecuencia con lo que prometieron en campaña, que ‘ahora le tocaría al pueblo’. Hasta ahora, al pueblo le ha tocado ver escándalos, masacres nunca aclaradas, niños quemados, ejecuciones de jóvenes estudiantes, represión en Bocas, Chiriquí y Colón. Bomberos en huelga, aprobación de leyes inconsultas y espectáculos bochornosos en la Asamblea de Diputados. Un aumento desmedido en el costo de los alimentos, de la gasolina, de los servicios. Una actitud poco amable en las personas que atienden en restaurantes, que conducen taxis, que están supuestos a servirnos en ministerios y entidades públicas.

También deseo que todos digan la verdad, Gobierno y oposición, que se dejen de hacer política al estilo de la patria boba, que abandonen el clientelismo y la compra de conciencias. A los comerciantes, que no nos sigan atontando con publicidad alienante y chabacana, y a las televisoras, que tengan una programación que resalte valores positivos, no las andanzas de conocidos bandidos o mujeres de mal vivir.

Quiero que todos los jóvenes tengan las oportunidades de estudio de acuerdo a sus aspiraciones y capacidades, y que estas no se vean truncadas porque sus padres no les puedan pagar los estudios o porque la vida los desvía de sus objetivos. Que la frase de Omar Torrijos, ‘Lo que quiero para mis hijos, lo quiero para mi pueblo’, no sea una consigna más, sino que se aplique en la búsqueda de ofrecer una educación de excelencia en todos los centros escolares, independientemente que sean públicos o privados, y que se restablezca la enseñanza de las materias de historia que recientemente fueron eliminadas y la lectura de los autores de nuestra nacionalidad.

Anhelo que la campaña política no sea sucia ni negativa, sino que se base en propuestas y que se respete a todos, los contendores y también los electores, que somos los que a fin de cuentas, elegimos a quienes nos van a gobernar. Finalmente, le pido al Niño Dios que no se nombre en ningún cargo a las personas menos idóneas, sino que sean designados los que por sus méritos y ejecutorias merezcan esa distinción.

Los círculos morados

JORGE EDWARDS
MARIELA SAGEL
El escritor chileno ha sido capaz de crear una novela biográfica sin ficción. Un híbrido entre la biografía y la novelística
Los círculos morados
PONENCIAS. Jorge Edwards (centro) participó de varias mesas durante la pasada edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Foto: Cortesía | FIl Guadalajara
PANAMÁ. Cuatro fueron las presentaciones donde participó el famoso escritor chileno Jorge Edwards en la pasada FIL de Guadalajara, en una de las cuales presentó su último libro,Los Circulos Morados, intitulado Memorias 1, y cuyo título hace referencia a la mancha que dejaba el vino tinto en las comisuras de los labios, vino de lija que tomaba en las bodegas cutres que acostumbraba frecuentar con sus amigos bohemios. El autor de la primera crítica de un intelectual latinoamericano al régimen cubano, Persona Non Grata, y embajador de su país en Cuba durante el gobierno de Salvador Allende, tiene más de 80 años y derrocha elegancia, sapiencia y camaradería.

La primera de las presentaciones (en Guadalajara este año se realizaron 550 y sus asistentes superaron los 700 mil) fue una amena conversación con Chistopher Domínguez (crítico literario mexicano de gran prestigio) sobre la novela y la cuasi novela.

Con una locuacidad contagiosa, Jorge Edwards repasó su obra literaria, que incluye ensayos, cuentos, novelas y memorias, además de miles de columnas que se publican en los diarios de España e Hispanoamérica. Abogado y filósofo, ingresó al servicio exterior chileno desde 1958 y allí permaneció hasta el golpe militar perpetrado por Augusto Pinochet. Obligado a salir del país, vivió en Barcelona donde trabajó para Seix Barral.

Con gran elocuencia, sin perder su elegancia, señaló que Los Convidados de Piedra es una obra crítica del golpe de estado, y en la presentación de su libro, que le correspondió al historiador mexicano Enrique Krauze, contó cómo algunas personas se indignaron porque no se les incluyó en ella y otros porque sí se vieron allí reflejados.

MUSEO DE LA MEMORIA

De igual forma le dijo a Domínguez, en la primera charla, que El Museo de Ceraes una novela esperpéntica. Su libro Adiós Poeta, es un retrato personal y una evocación íntima de la figura de Pablo Neruda, su gran amigo y amigo de personas poco recomendables –dijo entre risas— y con quien trabajó como su secretario cuando el vate chileno era embajador de Allende en París. En ese periplo francés entabló amistad con algunos de los protagonistas del ‘boom’latinoamericano como García Márquez, Vargas Llosa y Julio Cortázar, entre otros.

Jorge Edwards, descendiente de Andrés Bello, el gran humanista venezolano, de familia aristócrata chilena, liberado de su peso social gracias a una pleuresía que le alivió no ser un hipócrita consumado, tiene una memoria prodigiosa yLos Círculos Morados es una continuidad entre la biografía y la novela, una novela biográfica sin ficción. Neruda le señalaba, entre otras cosas, que escribía sin prisa, con una curiosa tranquilidad y que su prosa rebosaba urbanidad.

Relata con pudor y con muchos detalles su infancia, la relación con sus padres, su paso por el colegio San Ignacio, las profundas heridas que le causó un cura depravado y la prohibición que le hizo el padre Alberto Hurtado (canonizado en 2005) de leer a Miguel de Unamuno. No solo no le hizo caso, sino que lo siguió leyendo, lo que influyó de un modo decisivo en su formación intelectual, en su visión del mundo, en el desarrollo de su espíritu crítico y de algo que se podría llamar el movimiento de su intelecto: su afición por el ritmo incesante, por la digresión, por las contradicciones, las que tomarían otro cauce años más tarde al leer a Michael de Montaigne, a quien dedica su penúltimo libro, La Muerte de Montaigne.

En la obra de Jorge Edwards hay linaje y prosapia, y dijo la moderadora de la presentación que no debe haber sido fácil ser Edwards en Chile y ser escritor (en alusión a lo que le dijo Pablo Neruda cuando lo conoció). En su libro sobre su tío abuelo, Joaquín Edwards Bello, El Inútil de la familia, relata de manera muy vívida a lo que se expone un intelectual dentro de un círculo familiar burgués tan estrecho que le teme a todo, especialmente al qué dirán y que descarta toda relación con las ideas, sobre todo si éstas son de libertad y justicia social.

Pregonando que no hay escritor modesto, confesó que no tuvo buena relación con Carlos Fuentes, pero que ambos hicieron las paces antes de que el mexicano nacido en Panamá muriera. Fuentes le advirtió que cuidado y su primer libro de memorias no tuviera continuidad, no solo por la edad sino por la pérdida de ese privilegio que Jorge Edwards tiene, de recordar todo con detalles.

Los Círculos Morados es un delicioso paseo cadencioso por la vida de un escritor perteneciente a una clase social inexpugnable, sus lecturas, sus inicios eróticos, sus encuentros con Pablo Neruda y las lecturas de grandes escritores que marcaron su formación. Está escrito de una forma magistral y es el vivo retrato de una época y de una vida del hoy embajador de Chile en Francia. Ojalá que Fuentes se equivoque, y que haya una parte dos de sus memorias.