El Pacto Ético

MARIELA SAGEL

El Siglo, 10 de diciembre de 2012
El arzobispo José Dimas Cedeño ha propuesto suscribir un pacto ético electoral para que este rija el proceso de las elecciones de 2014. El antecedente más reciente fue eldel 2004, bajo el auspicio de la Conferencia Episcopal, que funcionó bastante bien y tuvo representación de los partidos políticos y las iglesias que lo conformaban.Para muchos, estamos condenados a tener un proceso electoral sucio y lleno de bajezas —lo que se ha presenciado estos años, sin estar en campaña—, pero yo sí creo que debemos acogernos a un acuerdo de gente civilizada y respetar a los electores.

Para que tenga algún grado de utilidad —como señala el doctor Ernesto Cedeño— se debe incorporar a los medios de comunicación social, no solamente para contribuir a crear un clima electoral de confianza, seguridad y de transparencia, ‘en el que impere el más estricto respeto a la dignidad de las personas’, sino también para que permitan en sus programas de opinión, la igualdad de condiciones a todas las corrientes políticas, a difundir las noticias políticas con objetividad y sin favoritismo y a promover el debate democrático de ideas entre los actores.

El asunto aquí se complica porque una cosa es opinión y otra propaganda. Cuando estas llegan al departamento de ventas de un medio, con que pasen por caja, salen al aire y enel tiempo que el atacado reacciona, ya el daño está hecho. Eso lo vivimos y seguimos viviendo. En cuanto a programas de opinión hay un par de canales, controlados por elEstado, que son verdaderos transmisores de vulgaridades y bajezas. Habrá que ver si estos medios suscriben el pacto.

No se puede evitar y mucho menos controlar que el Gobierno utilice sus recursos para propaganda y cuñas, cuando el mismo creativo de algunas de las más recientes ocupa un cargo en el Gabinete y ha aceptado públicamente que en su tiempo libre se inspiró en su antiguo aliado para sacarle la tabla en 30 segundos. Lo ha venido haciendo también a través de la promoción de los aspirantes y las obras de las instituciones que regentan.

Debemos evitar —por todos los medios— que se ofenda la dignidad del ser humano, que no se caiga en diatribas, irrespeto y, sobre todo, violencia al sagrado derecho de las personas a su vida personal, familiar e integridad. Debe ser un debate de propuestas, no de personas.

Para que esto funcione, debe haber la voluntad no solo de la Iglesia católica, sino de todas las iglesias, candidatos independientes, medios y la comunidad en general.