Más de 40 años

MARIELA SAGEL
La Estrella de Panama, 23 de diciembre de 2012
 La vida es la memoria del pueblo, laconciencia colectiva de la continuidad histórica, el modo de pensar y de vivir. Milán Kundera, autor checo. 
En vista que el espacio es poco y las menciones son muchas, sigo enumerando acciones que se hicieron durante los últimos 40 años, algunas de las cuales me las han hecho llegar, mediante correos extensos y descriptivos, hasta los propios miembros del gobierno actual. Lo más puntual, por supuesto, fue que dejamos de ser una colonia, un enclave que nos partía de por medio el país, y recuperamos la soberanía total sobre nuestro territorio. Casi nada.

En el caso de reformas que se emprendieron, se logró la Ley Orgánica de Educación, consensuada por todos, y un plan decenal con su reforma curricular validada por 110 centros escolares, que el gobierno de Mireya Moscoso no quiso continuar.

También se hicieron otras reformas, en temas tan sensitivos como la económica y la laboral, y la urgente reforma agropecuaria. Bajo un equipo privilegiado de investigadores se iniciaron los diagnósticos sectoriales, que comprendían las metas de proyectos, programas y planes nacionales de desarrollo para dirigir las gestiones estatales concatenadas, de manera que lográramos una verdadera independencia energética, autonomía territorial y sobre todo, seguridad, temas que ahora son totalmente desatendidos. Si bien el planeamiento es necesario para lograr llegar a un fin, la ejecución es importante pues sin ella no se obtiene ese fin. Es así como todo el crecimiento del que hoy gozamos solamente ha podido obtenerse gracias a la visión de país que se tuvo durante los 40 años que según dice la publicidad estatal ‘no se hizo nada’. Incluso el tan cacareado Tratado de Promoción Comercial se inició —y casi se firma— en los primeros años de este milenio.

Además de las oportunidades de estudio que se abrieron para los menos favorecidos se creó la Universidad Tecnológica y sus sedes regionales, lo que brindó una magnífica capacitación para los ingenieros y otras disciplinas relacionadas.

Además de la hidroeléctrica de Bayano, comentada en la entrega pasada, se construyeron las hidroeléctricas Fortuna y Estrella-Los Valles, el Centro de Convenciones Atlapa y los ingenios azucareros La Victoria (de la cual ahora, gracias a los gobiernos que según el presidente no hicieron nada, él es uno de los dueños) y Alanje. Se distribuyeron miles y miles de hectáreas a pequeños productores, otorgándoles títulos de propiedad de manera que esa tierra no quedara entre unos pocos como se ha querido hacer ahora. Dos obras a las que se no les puede entrar a mazazos son el Puente Centenario y la Cinta Costera, a la que ahora le están haciendo una tercera fase haciendo peligrar nuestra riqueza patrimonial histórica.

En materia de viviendas, se construyeron las barriadas Roberto Durán y Torrijos-Carter, entre otros proyectos que dignificaban las viviendas para los más desposeídos. Se inició el proyecto Curundú desde lo más importante, el factor humano, antes que Odebrecht y demás confabulados metieran sus palas y sus manos allí.

En los 40 años anteriores, se crea el XIII mes, para que los trabajadores recibieran algo de las riquezas que se estaban generando y que hoy le permite a Ricardo Martinelli vender más en sus supermercados.

Muchas otras cosas se han hecho, por ejemplo se iniciaron los trabajos de la ampliación del Canal de Panamá, de la autopista Panamá Colón y se planificó y construyó una parte de una estructurada red vial que conecta a todo el interior del país con la capital.

Tal como me dijo Ana Elena Porras ‘Para poder decir que no se hizo nada, en 40 años, es preciso implementar las políticas del olvido, eliminando cursos de historia, destruyendo nuestros sitios históricos y arqueológicos, desmantelando nuestra identidad nacional. Porque para la demagogia no hay peor enemigo que la historia y la libertad de los pueblos’. 

Hace 23 años

MARIELA SAGEL 
El Siglo, 17 de diciembre de 2012
 
Esta semana se cumplen 23 años de la trágica, sanguinaria e innecesaria invasión que perpetró Estados Unidos contra este país, acto que la historia no ha evaluado en su real dimensión y, como resultado, no se ha calibrado el impacto que tuvo. Más grave aún, hubo panameños que recibieron con júbilo tal acción y la generación que apenas nacía —y la posterior— no tiene idea por qué ocurrió ni mucho menos, las excusas que tuvieron sus ejecutores para llevarla a cabo.

Es curioso que sigamos repitiendo que la invasión pretendía sacar a Manuel Antonio Noriega del poder y eliminar las Fuerzas de Defensa de Panamá. Al general Noriega se le pudo sacar del poder de cualquier manera —y los gringos saben muy bien cómo descartar a quienes ya no le sirven— y las Fuerzas de Defensa han sido reinstauradas casi que por arte de birlibirloque por uno de sus más acérrimos opositores. Es imposible aceptar que tuvieron que venir 26 mil soldados a sacar a un hombre que andaba escondido hasta en un cementerio y que prometieron una ayuda económica que nunca se materializó, sino por el contrario, se impuso una política económica que busca siempre lo ancho para el imperio y lo angosto para las repúblicas bananeras.

La invasión de Panamá es una materia pendiente para historiadores, para académicos y para el público en general. Demostrar cómo se ensayaron las armas que servirían para las posteriores guerras en el Medio Oriente. Cómo cobraron Estados Unidos los dineros que el bloqueo económico que nos impusieron desde 1988 nos obligaban a adeudarle. A pesar de que se han escrito muchos libros sobre la invasión, hace falta un análisis desapasionado y objetivo de su verdadera cara, sus verdaderos propósitos y el rostro real del Gobierno que ostentaba el poder y que en teoría fue el objetivo para que nos invadieran.

No se sabe a ciencia cierta cuántos murieron en esa invasión. Y parece que a nadie le importa. Ahora que nos quieren quitar hasta la identidad nacional, estamos en vías de extinción los que aún recordamos la madrugada del 20 de diciembre y el desasosiego que produjo saber que estábamos siendo víctimas de una despiadada acción militar.

Si vamos a conmemorar los 500 años del descubrimiento del Mar del Sur por un español (cuando ya los indígenas que aquí vivían se bañaban en él), empecemos a preparar el cuarto de siglo desde que nos invadieron, al igual que el medio siglo de la gesta patriótica del 9 de Enero de 1964.