Alto al fuego

MARIELA SAGEL

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La Estrella de Panamá, 17 de marzo de 2013

El Cuerpo de Bomberos de Panamá es una institución pública y humanitaria fundada el 28 de noviembre de 1887, con la finalidad de combatir incendios y salvar vidas y propiedades, y dependía del Ministerio de Gobierno y Justicia. Mediante decreto del 5 de febrero de 1917 fue creada la Oficina de Seguridad como organismo cuyas funciones han estado enmarcadas en la prevención e investigación de incendios, control de materiales peligrosos y la formulación de normas y disposiciones de seguridad en la construcción.

Posteriormente se aprobó la Ley No. 48 de 1963, a fin de reglamentar y unificar el funcionamiento de las instituciones de bomberos en el país; una de sus modificaciones fue la Ley 21 del 18 de octubre de 1982, creando la Dirección General de los Cuerpos de Bomberos de la República de Panamá. Más recientemente, en marzo del 2010 se le dio autonomía, mediante la Ley 10 al Benemérito Cuerpo de Bomberos de Panamá, que debía funcionar con un patronato y unificar las 11 zonas y 43 compañías, lo que le daba el derecho a manejar un alto presupuesto, estimado hace dos años en casi 20 millones para inversión y 10 para funcionamiento.

Si uno se ubica en la realidad tanto urbanística como de construcción de la época en que se creó la institución, puede deducir fácilmente que las tremendas pérdidas que ocasionaban los incendios a viviendas o edificios de madera han ido en ascenso. Desde sus inicios, se ha dado el caso de que las instituciones bomberiles tienen un componente de voluntarios, que no los aleja de las luchas intestinas de poder y el año pasado se realizó una huelga de los bomberos además de serias denuncias por falta de equipo, y una licitación de carros bombas que estuvo plagada de irregularidades y que aún hoy está en tela de duda su transparencia.

La tarde del pasado miércoles se registraron enfrentamientos entre bomberos que reclamaban que no se les habían cumplido sus demandas de ajustes salariales, tal como se había acordado cuando se llegó al final de la huelga antes mencionada, y la Policía Nacional. El enfrentamiento llegó a tales extremos que los antimotines hicieron uso de gases lacrimógenos y los bomberos alzados les devolvieron chorros de agua que brotaban de las mangueras. Mientras tanto, se inició un incendio en el centro comercial de Albrook Mall y ahora las acusaciones son de uno y otro lado por la responsabilidad (o la irresponsabilidad) de uno u otro cuerpo de seguridad.

Es inconcebible que sucedan este tipo de situaciones en un país que se precia de tener el más alto índice de crecimiento económico de la región, que los bomberos no estén dotados del mejor equipo, habiendo tanto desarrollo urbanístico y siendo los responsables de la Oficina de Seguridad, que otorga los permisos para las construcciones. Parte del problema estriba en que, a pesar de su ‘autonomía’, dependen que el Ministerio de Gobierno les asigne el presupuesto y tal parece que no se ha logrado implementar lo que se consiguió con la ley.

Es inaceptable que se incumplan los pactos a los que llegan las autoridades y se vuelva al método de cerrar calles mediante carros bombas y encima, venga otro estamento de seguridad, en este caso el Sistema de Protección Civil, a erigirse como el salvador de la situación. Debemos exigir que tanto los bomberos como la policía, estén al servicio de todos los habitantes, que se explique qué pasó en esa licitación de nuevo equipo, por qué se ha incumplido con los bomberos que reclamaban un mejor salario y cómo es que la Policía Nacional reprime con tal fuerza a un reducido grupo de manifestantes (no eran más de 25). Cuando se dieron los ataques a las torres gemelas de Nueva York, en el año 2001, los héroes reconocidos fueron los bomberos. ¿Podremos decir lo mismo de nuestro benemérito?