Crónicas del ‘chino blanco’

MARIELA SAGEL, Facetas, 27 de enero de 2013

Sin abandonar la precisión ni la concisión, los nuevos cronistas de Indias saben capturar lo más impactante de una historia

De un tiempo para acá ha habido un gran resurgimiento del oficio de cronista, que está definido como el escritor que recopila y redacta hechos históricos o de actualidad. El peso a estos ‘escribidores’ (entre los que me siento a gusto) ha ido ganando tanto terreno que, dada la pujanza (y a veces maltrato) del periodismo moderno, la crónica ha sido elevada a género periodístico. En el antes y el ahora, el hilo conductor no ha sido otro que la veracidad.
A partir del Descubrimiento de América se fueron dando a conocer a los entonces llamados Cronistas de Indias, que iban relatando la geografía y modo de vida de los indígenas americanos.

Ahora han surgido los Nuevos Cronistas de Indias, que han ido definiendo pautas cada vez más claras de su oficio. La concisión y precisión del relato han sido requisitos básicos para su tarea, con un orden riguroso de qué ocurrió, cuándo, dónde, cómo,

Hoy en día, en los diarios modernos, se valora mucho la capacidad de captar lo más importante del suceso o acontecimiento que se destaca, y que los resultados que sean emocionantes o impactantes.

UNA NUEVA GENERACIÓN

Para el Encuentro de los Nuevos Cronistas de Indias, realizado en México el año pasado, Elena Poniatowska (la octogenaria escritora mexicana descendiente de un príncipe polaco) pronunció un discurso magistral donde señala que la crónica en América Latina responde a la necesidad de manifestar lo oculto, denunciar lo indecible, observar lo que nadie quiere ver, escribir la historia de los que aparentemente no la tienen o de los que no cuentan con la más mínima oportunidad de hacerse oír. Según la princesa, la crónica refleja más que ningún otro género los problemas sociales, la corrupción de un país, la situación de los olvidados de siempre y planteó si es ficción o no, o es las dos cosas.

Un cronista que ya se nos fue pero que es un símbolo de excelencia de este género es Carlos Monsiváis, mexicano a quien se le ha catalogado como el ‘último escritor público de México’ y cuyo humor ácido e inteligencia crítica lo hacían omnipresente en todos los foros públicos, Monsiváis escribió su autobiografía a los 28 años para parecer una mezcla de Albert Camus y Ringo Star.

EL CRONISTA DEL ‘CHE’

Por andar fisgoneando entre autores, en repetidas ocasiones he estado ante maravillosos cronistas, como Jon Lee Anderson, que escribió en inglés una biografía del Che Guevara: una vida revolucionaria, que no sé si es tan vendida como la de Paco Ignacio Taibo II, pero cuya presencia avasallante en las ferias del libro suscita largas colas para escucharlo.

El dictador, los demonios y otras crónicas

Viajero implacable, — en el 2005 en cuatro meses cruzó el Atlántico 20 veces– en su juventud, Anderson vivió en Corea, Indonesia y Taiwán entre otros países, y a su regreso a los Estados Unidos le decían ‘el chino blanco’.

Por apenas unos meses se salvó de ir a combatir a la fuerza a Vietnam, pero se metió en otras guerras como reportero y de allí que sus crónicas de esos frentes sean tan apreciadas.

Jon Lee Anderson

Yon Li, como se refieren a él ocasionalmente, forma parte del distinguido grupo de cronistas de indias que imparte clases en la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano, que fundó y preside Gabriel García Márquez, y entre los cuales se destacan Alma Guillermo Prieto, cronista de The New Yorker (al igual que Jon Lee), Sergio Ramírez, Héctor Feliciano, a quien le tocó la honrosa labor de recopilar los textos periodísticos de Gabo, Héctor Abad Faciolince, Martin Caparrós y Jaime Abello, entre otros.

El gringo que vive en Inglaterra -cuyos relatos de cómo hizo la biografía del ‘Che’ son fascinantes, igual que el resto de sus crónicas y artículos en The New Yorker- pronunció un aforismo sobre el oficio en un seminario de periodismo: ‘Si algo se vuelve cotidiano, nos olvidamos de los detalles’.

Es así que el cronista depende de la capacidad de asombro. Su peor adversario es la rutina, lo que se da por sentado. Anderson tiene una afinidad ponderada con el periodista argentino Martin Caparrós, que habiendo hecho carrera en zonas de confrontación, prefiere crónicas de lo cotidiano. Juan Villoro, otro periodista y escritor de excelencia, mexicano -y a quien correspondió compartir la mesa principal del homenaje que se le rindió a Elena Poniatowska en la pasada Feria de Guadalajara- privilegia los reportajes de altos riesgos porque como dice él mismo, nunca ha estado en una guerra, que no sea de nervios.