Entre amantes y quintanderas

MARIELA SAGEL
El autor peruano Santiago Roncagliolo presenta una investigación monumental, más que exhaustiva, tanto de la vida y circunstancias de la muerte de Federico García Lorca, como de muchos otros personajes

Portada del libro Memorias de una Dama
Portada del libro Memorias de una Dama
El escritor peruano radicado en España, Santiago Roncagliolo, publicó en agosto del año pasado el libro titulado El amante uruguayo, que, según él, está basado en una historia. La obra es producto de una investigación monumental, más que exhaustiva, tanto de la vida y circunstancias de la muerte de Federico García Lorca, como de muchos otros personajes de la vida cultural del mundo, como es el caso de Chaplin, Neruda, Picasso, Louis Aragón, Horacio Quiroga, Rafael Alberti y Jorge Luis Borges, y otros que coincidieron entre los años ‘20 y ‘60.

Pero el personaje principal de este apasionante relato -que no es una novela pero que tiene todos los elementos para serlo- no es sino un escritor uruguayo medio anodino y de quien nadie se acuerda, de esos que siempre buscan la oportunidad para estar en el momento preciso y tomarse la foto al lado de la lumbrera del momento, pero que su producción y talento no trascienden más allá de su arribismo social.

Amorim fue amigo de García Lorca. El poeta granadino lo visitó en su natal ciudad de Salto. Quince años después de la ejecución del autor de Poeta en Nueva York, Amorim le dedicó un mausoleo, rindiéndole un homenaje póstumo, levantando las sospechas que en esa última morada reposan sus restos, los que misteriosamente nunca han sido encontrados.

Se infiere que Amorin era hombre de grandes pasiones y que una de ella fue García Lorca, al cual le rindió una lealtad más allá de la muerte, tratando de reivindicar su nombre y cumpliendo con hacerse amigo de los personajes históricos que jugaron importantes roles en su momento, como lo fue Neruda, Borges y Quiroga, del que relata su trágico fin, con todo y los tropiezos que tuvo hasta para que sus cenizas llegaran a su destino final. En la vorágine de los años en los cuales se desarrollan esas vidas, en diferentes países, de todos los que intervienen en esta historia, no escapan la descripción de las más oscuras pasiones y de las más recalcitrantes rivalidades y antagonismos.

EL AUTOR DE LA CARRETA

Enrique Amorim era un uruguayo que vivió en Argentina y viajó por todo lo alto por las grandes capitales europeas y latinoamericanas. Su biografía da cuenta de muchas publicaciones, pero las que más se destacaron en su tiempo fueron La Carreta y el cuento Las Quitanderas, una acepción a las mujeres prostitutas ambulantes o las que se anticiparon a las ‘visitadoras’ de Mario Vargas Llosa.

Con más de una decena de publicaciones, hoy es cuasi famoso por ser el gran oportunista de su tiempo y el que en teoría, en 1952, logró hacerse del cadáver de García Lorca, fusilado en 1936.

El poeta y dramaturgo lo visitó en Salto y de allí fueron a Argentina, para el montaje de Bodas de Sangre, bajo la producción de Lola Membrives y en camino de terminar Yerma.

La vida del mismo Amorim da para cuento. De origen aristócrata, se mandó a hacer una mansión en Salto, que llamó Las Nubes, diseñada por él bajo los principios del arquitecto suizo Le Courbusier (el cual asegura bocetó su esquema en una servilleta). Persiguió la fama pero solamente obtuvo algún reconocimiento por sus relatos gauchescos, y en la investigación de Roncagliolo no deja lugar a dudas que hizo de todo, hasta hacerse pasar por Jean Paul Sartre, con tal de estar en medio de los famosos.

Estaba emparentado con Jorge Luis Borges, y describe un encuentro entre el escritor argentino y García Lorca. Al parecer al autor de El Aleph quedó decepcionado del poeta granadino después que este le señalara -durante la única conversación que sostuvieron en su vida- que la tragedia de Estados Unidos y el personaje que la encarnaba, no era otro que Mickey Mouse.

ROBO DE LOS RESTOS

Tanto el más renombrado biógrafo de García Lorca, Ian Gibson, como los peritos que en 2009, bajo el mando del juez Garzón, trabajaron en la exhumación de los restos de las personas fusiladas por Franco, coinciden que en 1952 los restos del poeta pudieron haber sido sacados del país después de un pacto. De allí que exista una sospecha –y un asidero valedero— para una tramoya espectacular que nos envuelve hasta la médula en esta ‘historia real’.

No hay explicación para que hace 60 años se erigiera un monumento en Salto, con una lápida que tiene versos de Antonio Machado, en honor a Federico García Lorca. Fue el primero que se construyó en el mundo.

También da que pensar que la única hija del ‘escritor irregular’ que fue Amorim se negara a hablar del asunto cuando su padre murió, en 1960, y pusiera la casa –frecuentada por las grandes personalidades– en venta. En el proceso desaparecieron muchos objetos de incalculable valor.

Asimismo, apareció un testamento con ideas entre líneas y fotos un tanto reveladoras de las grandes pasiones que marcaron la vida de su padre.

Sin lugar a dudas, este libro de Roncagliolo, un autor joven –incluido por la revista británica ‘Granta’ entre los mejores escritores en español menores de 39 años— es uno que será de mucho interés para los ávidos lectores. Es mejor agarrarlo ahora, no vaya a ser que tenga el mismo destino que sufrió Memorias de una dama, que por resultar una afrenta a una dama de la sociedad dominicana, no circuló nada más que en tres países y pasó sin pena ni gloria, siendo un libro para leerlo arrodillado, como casi todos los de este inquieto autor, que demuestra su magnífica educación académica, su compromiso con la literatura y su enorme capacidad de producción con ésta última e interesantísima obra.