‘Escribo desde y en Cuba’, Leonardo Padura

 

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

Facetas, 24 de febrero de 2013

Recientemente galardonado con el Premio Nacional, Padura recibió a La Estrella en La Habana y habló de las contradicciones y cambiosLeonardo Padura en su casa de Mantilla

 

Mantilla es un suburbio de La Habana, Cuba, en el municipio de Arroyo Naranjo, al que se llega en una guagua (bus) o en un taxi, cuyo conductor seguramente está más versado que un abogado panameño en temas de actualidad y literatura. A la cita con el escritor Leonardo Padura -Premio Nacional de Literatura 2012- llegué puntual y no hubo perdedero. La casa la construyeron los padres del autor antes que él naciera (tiene 58 años) y allí ha hecho su vivienda junto con su esposa, en el segundo piso, un departamento muy ventilado y pulcramente dispuesto, donde la madera está lustrosa, la cocina eficiente y la biblioteca atestada de libros.

Tanto el escritor como su esposa, Lucía, se dedican todo el día a escribir, él es novelista, ensayista y corresponsal de la agencia de noticias Inter Press Service (IPS) y ella, periodista.

—¿Por qué se quedó a vivir en Cuba?

—Yo tengo un sentido de pertenencia muy fuerte a este barrio, a La Habana y a Cuba. Mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo, yo mismo, nacimos aquí. Yo escribo en cubano, hablo en cubano, pertenezco a la cultura cubana, mis temas literarios, aunque tengan una proyección universal, siempre parten y regresan a la experiencia cubana. Hace dos años tengo la ciudadanía española, me la dio el Consejo de Ministros de Estado y es un honor, pero me preguntaban si me iba a vivir a España y les contestaba que por supuesto que no, pero esa deferencia me va a facilitar los viajes, porque viajar con un pasaporte cubano es un poco complicado. Si yo me voy a vivir a España, de qué voy a escribir, qué relación voy a establecer con la sociedad que me permita encontrar lo literario y los conflictos que hay. Estaría constantemente escribiendo sobre Cuba, lo que crea una literatura de la nostalgia o del resentimiento y no me interesan ninguna de las dos.

—¿Habrá transición en Cuba?

—Eso no se sabe, es una de las grandes interrogantes. El 24 de febrero empieza una legislatura nueva en la Asamblea Nacional que seguramente ratificará a Raúl Castro como presidente y a partir de esa fecha serán los últimos 1,824 días de él como Presidente del Consejo de Estado y de Ministros, ya que él estableció que los cargos tendrían vigencia por dos períodos y entonces terminará su gobierno, ya terminó el de Fidel y no tenemos idea de cómo, de quién y de qué forma vendrán los cambios. En este tiempo van a darse cambios que pienso van a variar a la sociedad cubana, sobre todo en el aspecto económico, lo que producirá cambios sociales y éstos, cambios políticos. Con qué profundidad se van a dar estos cambios o con qué rapidez, está por verse. Aquí en Cuba todo se maneja con mucha cautela, con mucho silencio, ni siquiera hay una prensa que exija la información. A uno le queda especular. Y las especulaciones siempre son imprecisas. Hace veinte años, Andrés Oppenheimer escribió La Hora Final de Castro y se equivocó completamente.

—¿Y qué piensa del final de la era de los Castro?

—Hay una gran institucionalidad, hay que preparar al país para que funcione económicamente. El nivel de ineficiencia que había era tal que nadie sabía cuán funcional era porque los números no existían. Nadie sacó la cuenta de lo que impulsaba la economía y ahora empieza a dársele una importancia de las finanzas para poder sostener la economía. Esto de la ley migratoria es muy importante, allí están los dos ejemplos, el jugador de béisbol José Ariel Contreras ha regresado a Cuba, se ha reunido con su familia y la gente le pedía autógrafos y no lo han tratado de traidor. Y la bloguera cubana Yoani Sánchez sale a dar conferencias. Si eso no significa que están cambiando cosas, que me digan a mí qué cosa es un cambio. Nunca debió haberse llegado al extremo de que Contreras no pudiese venir a ver a su familia y Yoani no pudiera salir.

—Algo que nunca cesó en Cuba es el amor por la cultura y la lectura.

—Cuba es un país muy lector, como casi todos los países donde la lectura no tenía otras competencias como lo son ahora el Internet o la televisión. A partir de la crisis de los ’90 se dejaron de publicar libros por lo tanto el lector cubano no tiene una oferta que le permita escoger.

DE LA CREACIÓN AL LECTOR

Después de comentarle los libros que de él he leído (El Hombre que Amaba los Perros, las seis novelas sobre el detective Mario Conde y la noveleta La Cola de la Serpiente), le pregunto por la pobre distribución que tiene el sello editorial donde publica, Tusquets, en Latinoamérica.El hombre que amaba los perros en alta

Padura responde: ‘Tusquets le vendió recientemente la distribución a Planeta (grupo Prisa). Ha habido muchos problemas desde hace años porque los distribuidores latinoamericanos son realmente lamentables. Con excepción de Argentina y México, que tienen oficinas propias, en los demás países las experiencias han sido muy malas’.

Sobre El Hombre que amaba los perros y La novela de mi Vida, que no están enmarcadas en el personaje de la serie y son el resultado de una profunda investigación histórica, comenta: ‘Los libros en Cuba se agotan, las ediciones cubanas porque las impresas por Tusquets son prohibitivas y Cuba no importa libros como política de estado. Yo le pido a los editores una autorización para publicar aquí sin pagar derechos. En la feria del libro voy a presentar yo mismo la edición cubana de El Hombre que Amaba los Perros, porque aquí se da una situación algo kafkiana: los asistentes saben que si no lo compran en el momento, los libros se acaban’.

—¿Cómo armó ese libro?

—Fue un trabajo muy difícil, de cinco años, dos investigando y tres escribiendo. Es una historia muy complicada. Lo más complicado fue contar una historia en la que el lector antes de empezar a leer sabe lo que pasó, porque el asesinato de León Trotsky es un hecho histórico muy conocido. Todo el mundo –al menos con un nivel de cultura media– sabe que Trotsky fue asesinado en México, en agosto de 1940, por un comunista catalán que se llamaba Ramón Mercader. Entonces tengo estos dos personajes y empiezo contando que Mercader ha matado a Trotsky y el asunto era buscar la estrategia narrativa que me permitiera, aun sabiendo cuál es el resultado de ese clímax dramático, que el lector siga leyendo la novela.

Padura además es guionista y sobre ese tema dijo: ‘Hay unos productores franceses que están tratando de montar la película de El Hombre que Amaba los Perros, son de primer nivel y digo que están tratando porque es una producción complicada. Primero hacer el guión y después montar la película. Yo directamente estoy trabajando con uno de los directores (Laurent Cantet) haciendo un guión a partir de una escena de La Novela de mi vida. Es un pedazo, con personajes diferentes, situaciones diferentes, pero ya tenemos la productora. Por otra parte, mi esposa y yo estamos trabajando con un director alemán y otro español para hacer un guión de las cuatro primeras novelas de Mario Conde.

—¿Y Siete Días en La Habana?

—Junto con mi esposa hice cuatro de los siete guiones de los siete cuentos, los que dirigieron Benicio del Toro, Julio Medem y Juan Carlos Tabío y el de Pablo Trapero (argentino) tiene un argumento nuestro. No sé si ya se ha comercializado, son productores españoles y franceses. Hay mucho interés en poner a circular esta película.

Un hombre en una islaQuién es Leonardo Padura:

Escritor cubano que acaba de recibir el Premio Nacional de Literatura 2012 y la Orden de las Artes y las Letras (Francia) del presente año.  Su novela “El Hombre que amaba los perros” (2009) es una de las mejores novelas que recrea un hecho histórico con precisión y al mismo tiempo, con recursos literarios que mantienen la atención del lector a todo lo largo.  El hecho es el asesinato de León Trotsky por el español Ramón Mercader, ocurrido en México.  La novela de mi vida, otro de sus trabajos célebres, publicada en 2001, es la búsqueda del testamento literario del poeta cubano José María Heredia y está recreada en tres planos: la de un cubano que había desertado y regresa a La Habana, con todas sus memorias y resentimientos acumulados durante veinte años, el mismo Heredia y de su hijo, que trata de torcer la historia.  Es sumamente interesante la referencia que hace de los masones y su influencia en las decisiones de los países en búsqueda de su independencia de España, y en un momento hasta involucra a Simón Bolívar.  El tratamiento que hace de los temas eróticos son de una exquisitez y al mismo tiempo tan poéticos que no tienen parangón con sus otras novelas.

Además de los guiones a los que me he referido y series que ha producido, tiene libros de ensayos y de periodismo que son de referencia obligada.  La compilación Un hombre en una isla, de crónicas, ensayos y obsesiones donde hay interesantísimos temas como “Yo quisiera ser Paul Auster”, que tanta fama le ha dado, al igual que “El Niágara y Heredia” y referencias a la obra de Alejo Carpentier. De La Novela de mi Vida, se hizo una edición de 20 mil ejemplares en Cuba y ya no quedan (yo pude conseguirme una y no paré de leerla).