Felicidad a la medida

MARIELA SAGEL
La Estrella de Panamá, 30 de diciembre de 2012
MONTREAL, CA. —El día que viajé a esta ciudad— que hoy ha estado abatida por una de las peores tormentas de nieve en los últimos años—, leí que un perro ‘criollo‘ había sido violentamente atacado en Chiriquí por un desequilibrado, y que a pesar de la solidaridad de los chiricanos, a fin de que le prestaran los cuidados necesarios para que sobreviviera (le quebraron una pata, le arrancaron pedazos de piel y lo acuchillaron) el chien de la rue (tinaquero en francés) no sobrevivió. La multa que le pusieron al desquiciado fue de apenas $200.

Aquí esa suma se la ponen a quien no le dé paso a un peatón, si está cruzando cuando lo permite la luz. Si uno atraviesa la calle en un lugar no autorizado lo multan, aunque con una suma inferior. De la misma forma, las personas que no recogen la caquita de sus mascotas son sujetas a ser multadas, con sumas parecidas a las que le pusieron al depravado que acuchilló al perro. Y los caninos pagan un impuesto de circulación, que es constantemente revisado por los inspectores municipales, no para cobrar coimas sino para estar seguros que se cumple con las normas.

No quisiera estar dando sugerencias de multas porque nuestras autoridades son capaces de copiarlas y de la peor manera. Acabamos de conocer una encuesta que nos señala como el país más feliz del mundo, en medio de la basura que se acumula en las aceras, las cacas de los perros, la falta de seguridad, la burla pública y masiva por el nombramiento de un magistrado de la Corte y la procuradora de la Nación, la gente matando sin razón, los tranques, y me pregunto, ¿ha calado tanto la propaganda de ‘very happy’?

Definitivamente que pueden habernos medido el nivel de felicidad por haber elegido un gobierno cuyo slogan era ‘los locos somos más’. O porque a todo le sacamos un chiste, o hacemos una caricatura, independientemente que sea una tragedia que nuestros pueblos sigan hundiéndose en la alienación y el sopor de la ignorancia. O porque ya hemos caído en el cinismo del poco importa. Me recordaba Richard Morales que Vargas Llosa escribió en una ocasión que ‘solo un idiota puede ser totalmente feliz’. Y que cuando no se tienen expectativas y se ha logrado destruir toda esperanza y deseo de superación y campea el conformismo, uno se vuelve muy individualista y no se tienen aspiraciones colectivas, prevalece el oportunismo y el egoísmo, y tenemos el resultado de ser parte de una sociedad que ha sufrido el desprecio de poderes extranjeros y locales, como es el caso nuestro.

Somos felices pero no conocemos nuestros autores, no nos importa que suba la canasta básica o la gasolina, o los impuestos, que éstos no se ven traducidos en una mejor atención médica, un buen servicio de recolección de basura o la seguridad de saber que la policía cuida nuestras calles. Estamos alienados, sin saber qué pasó y por qué ocurrió la invasión hace 23 años, pero somos felices. La verdad que esta encuesta es inexplicable. Creo que más que una demostración de felicidad y satisfacción para nuestro pueblo, es una señal de desesperanza.

Todos los hechos, abusos y actos deleznables que han ocurrido en los últimos años lo que han causado, felizmente, es unir en una sola voz los que combatimos la construcción de la tusa financiera, nos hemos opuesto a la construcción de la tercera fase de la cinta costera y suscribimos el Movimiento por el rescate de la identidad, entre otros. Hemos coincidido antiguos compañeros de escuela, de universidad, profesores, alumnos, jóvenes y viejos, copartidarios y adversarios políticos, en indignarnos ante los desafueros de felicidad con que nos miden. Si es así, entonces ha valido la pena porque podemos reinventarnos y permear a la sociedad con nuestras acciones y nuestras denuncias.