Tras las huellas de su andar

MARIELA SAGEL

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La Estrella de Panamá, 31 de marzo de 2013


El martes 2 de abril llega a la envidiable edad de 90 años mi tío y padrino Jorge Rubén Rosas. Y digo envidiable porque cumplir tantos años con la vitalidad, salud y la memoria intacta es una bendición, sobre todo para los que podemos nutrirnos de sus experiencias.

No va a tener un evento fastuoso como el de mi querido amigo Tony Fergo, porque no ha formado cantantes ni compuesto jingles, pero ha hecho cátedra política, ejercida de manera ejemplar. En su larga vida profesional no solo fue diputado por cuarenta años, llegando a presidir la Asamblea Nacional, sino ministro de Trabajo y viceministro de Gobierno y Justicia. Sus cargos en la empresa privada han sido siempre destacados, siendo gerente de Air Panamá en sus inicios y especializándose en Derecho Aeronáutico, orientando hasta hoy día a grandes consorcios del ramo. Su ejercicio como abogado lo hace desde la firma familiar que fundó con su hermano Olmedo Rosas, y ha sido fundador de empresas de gran prestigio en Panamá, como Aseguradora Mundial y el Banco Exterior (hoy fusionadas y convertidas en multinacionales).

Lo interesante de su arribo a los 90 años no solo es el hecho en sí de haber vivido una vida dejando tantas huellas que emular, sino que las celebre. Hace cinco años, en el 2008, publicó un libro, Huellas de mi Andar, de 460 páginas, donde plasma su recorrido, y todavía hay muchas otras cosas que dejó de plasmar en ese documento. Ahora son varios los homenajes que le preparan para celebrar sus efemérides patronales, la más importante sin lugar a dudas la que le van a hacer en Tolé, una pequeña comunidad en el oriente chiricano, donde nació él y todos sus hermanos, entre ellos, mi madre.

Yo nací en la casa de mi tío Jorge Rubén en Panamá y allí viví con mis padres y mi hermana mayor hasta que tenía cuatro años. Cuando rondaba los dos tuve una caída en un escalón y se me hizo una herida en el canto o comisura externa del ojo, de donde brotaba mucha sangre. Me cuentan los que se acuerdan de ese accidente, que mi tío me llevó al hospital con una pila de pañuelos de hilo, inmaculadamente doblados para su uso y el chorro de sangre no paraba. Siempre ha sido una luz en la vida de mi familia y aunque militemos en partidos diferentes, el respeto a las ideas y el reconocimiento a los méritos de cada uno prevalecen por encima de las pasiones temporales politiqueras.

Uno de los aspectos de su vida que menos se conoce es que fue uno de los impulsores de la ley que creó las universidades privadas, que benefició la fundación de la Universidad Santa María la Antigua, lo que abrió un sendero que ha sido reforzado por la instauración de otros centros de educación superior que satisfacen la demanda por especializarse que tienen los panameños, especialmente la Universidad Autónoma de Chiriquí, creada mediante Ley Orgánica.

El otro es el que lo mantiene atado a su natal Tolé, y sus huellas son palpables, en la construcción de obras alrededor de esa campiña. Cuando estaba pequeña e iba a visitar a mis abuelos, vi cómo evolucionaba el acceso, de un triste camino de tierra hacia un ramal de concreto armado que lo comunicaba con la interamericana y la infraestructura que se tendió en el pueblo, desde donde vela por el beneficio de los pobladores de esa región. Su hijo Jorge Alberto ha sabido seguirle los pasos y hoy es el diputado más serio que tiene la Asamblea Nacional, por su verticalidad en los planteamientos y resistencia al transfuguismo.

Gracias a mi tío Jorge Rubén por esa enseñanza de vida y el ejemplo que nos ha dado.