Semana de buen cine

MARIELA SAGEL
El Siglo, 15 de abril de 2013
Desde el jueves 11, y por una semana, se está celebrando en Panamá la segunda versión del International Film Festival de Panamá, que además de las estupendas películas que ponen en las diferentes salas de cine, cuenta con estrenos de gala para las mejores cintas, entre ellas la que cierra con broche de oro, la película ‘NO’.

Hace un año tuvimos la primera versión y nos hemos quedado con ganas. En Panamá tenemos una alta rotación de cine, contando que los estrenos ‘hollywoodenses’ llegan casi que al mismo tiempo que a las ciudades grandes del mundo, pero muchas veces esas películas, si no son muy comerciales y no cuentan con una agresiva campaña de mercadeo, no duran más de lo que uno termina de ver la cartelera en el periódico. Viene entonces la persecución por obtener el DVD —que a veces es pirata—, y así vamos reciclando un gusto que muchas veces une a la familia ante un televisor y a la mayoría de las personas en torno a un tema. Con este esfuerzo de muchos amantes del cine, y la presencia de algunos famosos actores y actrices, podemos ver no solo la película, sino escuchar, en algunos casos, del propio director de la cinta, los mecanismos que utilizó para hacer, por ejemplo, dibujos animados, o efectos de claroscuros que ni nos habíamos imaginado. Esta semana salió una foto de Rubén Blades cuando hacía el personaje de Plutarco Elías Calles en Cristiada, y se veía muy diferente a las fotos que mostraban al cantante y político almorzando con el exadministrador de la Autoridad del Canal hace unos días, y eso era el resultado de una buena producción.

La película con el nombre de ‘NO’ estuvo nominada en el Festival de Cannes al mejor filme extranjero y está basada en la obra de teatro ‘El Plesbicito’, del autor chileno Antonio Skármeta. Es la historia de la campaña publicitaria que se realizó en Chile en 1988, cuando el pueblo de esa nación escogió entre la dictadura de Pinochet y el retorno a la democracia. Es una historia de alegría y esperanza en medio del desasosiego.

La lista de películas que se va a presentar es tan inmejorable que va a faltar tiempo —como el año pasado— para verlas todas, porque no tenemos el poder de la ubicuidad. Sentémonos frente al programa y escojamos las que sabemos no podremos ver en un corto tiempo, y aprovechemos cada día, hasta el miércoles 17, cuando clausura.

Cuando leer hace la diferencia

MARIELA SAGEL

opinion@laestrella.com.pa

La Estrella de Panamá, 14 de abril de 2013

Barcelona, España — A esta ciudad, a la que llaman ‘condal’, porque era la capital del Condado de Barcelona, no parece haberle afectado mucho la crisis que vive España, y que arroja índices de desempleo altísimos y muchos indignados. Todavía los barceloneses se dan el lujo de cerrar sus puestos de venta de bienes y servicios a la hora de la siesta, y volver una vez que hayan cumplido con esta saludable práctica.
A fines del mes se celebrará un gran acontecimiento, la fiesta de Sant Jordi, que es la conmemoración anual del Día Mundial del Libro. Dice la leyenda que un dragón tenía atemorizada a la población y Sant Jordi se le enfrentó, degollándolo, y su sangre se convirtió en una rosa roja, que él entregó a su amada. Por eso el 23 de abril se les ofrenda a las mujeres una rosa roja y ellas a su vez, al caballero, un libro. En esa misma fecha (en diferentes años) murieron tres grandes de la literatura mundial, William Shakespeare en Inglaterra, y Miguel de Cervantes Saavedra en España, además del Inca Garcilaso de la Vega, escritor e historiador peruano, que falleció en Córdoba, España.

En Panamá, sucede este fin de semana un importante evento que se celebra por segunda vez y es el Festival de Cine Internacional (IFF por sus siglas en inglés). Son muchas las películas que se podrán ver y apreciar durante estos delirantes días de buen cine y lamento perderme la cinta 7 Días en La Habana, en cuyo guión participó el escritor cubano Leonardo Padura, y la película NO, que cerrará el evento, y que está basada en la obra de teatro El Plebiscito, escrita por Antonio Skarmeta, autor chileno cuyas obras escritas han merecido muy buenos premios, y cuando estas historias han sido llevadas al cine, cosechado no menores galardones.

Destaco estas dos películas porque ambas, como seguramente muchas otras, recrean historias plasmadas en obras literarias para convertirlas en filmes. Hace unos días leí la entrevista que le hizo este diario al nuevo presidente del Consejo de Escritores y Escritoras, donde destacó la urgencia de que la literatura se valore en su máxima expresión y a los autores darles el lugar que se merecen en la sociedad. Si el Consejo puede llevar adelante los agresivos planes que tiene, entre ellos la Licenciatura en Historia Creativa, yo tendría esperanza en que el desenfreno consumista, donde poco se invierte en lectura, no le haga tanto daño al crecimiento intelectual de los panameños.

Como aporte a que todos los lectores conozcan a quiénes van a elegir el próximo año como sus representantes, alcaldes, diputados y presidente, La Estrella ha iniciado una serie de entrevistas con cada uno de ellos, donde la parte medular es qué libro leen, si leen actualmente uno o si han escrito uno. Es muy decepcionante ver que le falta profundidad a nuestra clase política, no tiene libros buenos a mano y algunos de los más conspicuos dicen no leer nada y no haber leído un libro hace años.

¡Y estos serán los responsables de hacer las leyes del país y conducir las comunas de los corregimientos donde vivimos!

Otra de las preguntas que se repite una y otra vez es qué lo anima a participar en política, y el cliché allí se toma por delante todas las respuestas, viéndose una constante en el manido estribillo de ‘hacer el bien al prójimo’ y ‘trabajar para los pobres’. Lo que significa que no tienen visión de trabajo para el puesto al que aspiran, solo quieren llegar y p unto, no por la responsabilidad que adquirían en servir y trabajar en proyectos concretos que mejoren la calidad de vida de las personas que viven en los circuitos y ciudades en los cuales cada uno aspira.

Es hora de exigir que los políticos sean más serios y también más leídos.