75 AÑOS DE LA NORMAL DE SANTIAGO

La escuela que hizo patria

MARIELA SAGEL

facetas@laestrella.com.pa

Facetas, cobertura especial, 2 de junio de 2013 

Templo de la educación y la cultura, alma máter de profesionales y figuras de la política panameña, el miércoles cinco de junio la Escuela Normal de Santiago conmemorará sus 75 años de existencia.

Fachada de la Normal de Santiago
Aristides Royo, ex presidente y ex ministro de educación, y los normalistas Alma Montenegro de Fletcher, ex procuradora general de la administración, Victor Benavides, magistrado de la Corte Suprema de Justicia, Efebo Díaz, ex gobernador de Veraguas, y la profesora Deyanira Rosas de Sagel se unen al homenaje a este institución, pilar del sistema educativo panameño.

LEGADO DE EXCELENCIA EDUCATIVA

Los hijos de la Escuela Normal

MARIELA SAGEL

facetas@laestrella.com.pa

Cuna de profesionales, revolucionarios y algunas figuras de la política nacional, este centro educativo conmemorará los 75 años de su fundación el próximo cinco de junio

El 5 de junio se conmemorarán 75 años de la fundación de la Escuela Normal de Santiago. El mismo centro educativo que a partir del año 1941 pasó a llamarse Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena, en honor del presidente que tuvo la visión de establecerla en el interior del país, en la capital de al provincia de Veraguas.
Concebida como un centro educativo secundario completo, los esfuerzos de la institución fueron concentrados en la formación de maestro. Tal como señaló su fundador la Escuela Normal ‘ha sido un templo a la cultura’, que irradiará sus luces en todos los ámbitos del país, cubriéndose de gloria y prestigio.

Como toda obra visionaria, desde su gestación sus promotores encontraron escollos y opiniones adversas, dada su misión de iniciar un proceso transformador, no solo en la educación sino en la integración de las provincias del interior.

De sus aulas han salido destacados profesionales que ejercieron su carrera de maestros y siguieron hacia otros rumbos, con la base cultural necesaria para ser elementos de cambio. No ha estado exenta de polémicas, pero ha preservado su interés en mirar de vuelta al interior de la República. De esta manera ha continuado con su propósito inicial, el cual era incorporarse a la vida moderna y al progreso del país, como era el propósito original de su fundador, según su discurso de inauguración.

En ocasión de la conmemoración del 75 aniversario de su fundación, se realizará un extenso programa donde se resaltarán la trayectoria de sus egresados, de los que se han seleccionado 75 hijos meritorios entre las diferentes promociones que se han llevado a cabo con el pasar de los años, desde la primera promoción, realizada en 1944.

Don Plutarco Arrocha -uno de los 75 que se van a homenajear- en un enjundioso estudio señaló que ‘La antorcha sigue encendida’ y el Presidente Juan Demóstenes Arosemena retó en su momento que ‘la escuela Normal de Santaigo resistirá todos los embates porque lleva en su propio seno la chispa que enciende el fuego que perpetúa su existencia’. 

Al final de su discurso de apertura, el visionario presidente dijo: ‘Estos son los fines perseguidos al levantar aquí este templo a la cultura, el cual esperamos que en breve irradiará sus luces por todos los ámbitos del país, cubriéndose de gloria y de prestigio. Os toca el prestigio de ser los primeros iniciados en este templo al saber y a la cultura. Sobre vosotros, pues, recae la responsabilidad de prestigiarlo y darle brillo y hacer que él cumpla los elevados fines para que ha sido creado. Aprovechad las enseñanzas de vuestros profesores e id luego por estas regiones del interior, donde está el corazón de la República, a ser los propulsores de esta obra que inicia hoy la inauguración de la Escuela Normal de Santiago. En el interior está la redención del país: ¡toca a vosotros realizarla!’ 

El edificio de la Escuela Normal de Santiago fue diseñado por el ingeniero Luis Caselli, mientras que su fachada fue ornamentada por el escultor español Rodríguez Del Villar, en el estilo barroco predominante con el carácter colonial de la estructura. Muestra una serie de figuras simbólicas en relieve, complementadas con columnas y arabescos.

A ambos lados de la escalinata, se levantan las figuras de dos leones que custodian la entrada al majestuoso vestíbulo del prestigioso centro educativo especializado en la formación de maestros de enseñanza primara. Esta magnífica estructura fue declarada monumento histórico nacional mediante Ley 54 de 12 de diciembre de 1984.

FORMACIÓN INVALUABLE

Los imborrables años en la Normal

ALMA MONTENEGRO DE FLETCHER

‘Entendí que lo más importante es comprender nuestro papel como maestro integrado a la comunidad’

Durante aquellos años inolvidables en la Normal a aprendí a pensar, a decidir y a cuestionar sobre la vida y las realidades, a menudo ocultas, de nuestro tiempo. Ello me ayudó la orientación de profesores como Vicente Bayard P, Ángela Arrué, Lidia Acuña, Ramos Grau, Carlos Francisco Changmarín, Angélica de Broce, entre otros.

Entendí que lo más importante es comprender nuestro papel como maestro integrado a la comunidad a la que se sirve, así como su obligación de formar a las generaciones que se reciben como diamantes en bruto.

Comprendí la profundidad de los sentimientos de solidaridad y amor que no son solo hacia el alma máter, sino también a su entorno y a la patria grande, nuestro país, Panamá, porque, como dice una bella canción, el que no quiere a su patria no quiere a su madre.

Finalmente, el internado, lo que representa, tomar distancia física del seno familiar, fortaleció mi independencia y autoestima y le otorgó una nueva y mejor dimensión a la comunicación con mis progenitores, especialmente con mi padre.

VISIÓN EDUCATIVA

El testimonio de un magistrado

VÍCTOR BENAVIDES

El encargado de los actos conmemorativos del aniversario de la Normal habla sobre el legado del colegio

Gracias a la idea de un soñador y visionario, como lo fue el doctor Juan Demóstenes Arosemena se pudo concretar una de las más grandes obras de progreso realizadas en el corazón del istmo: La construcción de la Escuela Normal de Santiago, que este año cumple 75 años de fructífera labor educativa en beneficio del desarrollo integral de Panamá.
Desde el 5 de junio de 1938, la ‘Normal Augusta’ ha cumplido con su rol siendo una fuente inagotable de luz, impulsando un proceso transformador en materia educativa formando en valores a sus estudiantes y convirtiéndonos de manera permanente, como egresados, en personas productivas, capaces de contribuir con nuestros aportes, al desarrollo social, político, económico y cultural del país.

Hoy igual que ayer, nuestra Normal oferta una educación tendiente a elevar el nivel de vida de la familia panameña, como pilar de la sociedad; una educación integral que conjugue el respeto de los derechos humanos con el cumplimiento de las normas establecidas y una educación que respeta el medio ambiente y la diversidad ecológica como garantía de vida.

Educar es orientar y permitir al docente la construcción de su propio pensar. Bien dijo el gran pensador cubano, José Martí: que ‘Los hombres y, por extensión, las mujeres se miden por su capacidad de ilusión’. El doctor Juan Demóstenes Arosemena, el fundador de este centro de estudios, estaba tan claro en esta realidad, que se permitió soñar y tener una visión a largo plazo que se concretó en la construcción de este templo del saber, convirtiéndolo en uno de los cimientos educativos más sólidos sobre el cual descansa y se edifica nuestro proyecto de vida como panameños y panameñas.

A 75 años de este sueño, se hace imperativo valorar y utilizar estas magníficas instalaciones para albergar un nuevo sueño que haga realidad la Universidad Pedagógica. Debido a que vivimos insertos en un mundo cada vez más globalizado, todos los Estados Democráticos reconocen que las aspiraciones al desarrollo económico, social, tecnológico y cultural exigen un impulso decidido a la educación y a la cultura, como vías para lograr los grandes retos que enfrentan en el contexto actual, en especial el fortalecimiento de la propia identidad y la inserción internacional competitiva.

Respaldemos entonces a nuestra Normal en sus esfuerzos pedagógicos a nivel superior para dar cumplimiento al sueño del doctor Arosemena y continuar así, redimiendo al país.

TESTIMONIO DE UN PRESIDENTE

El eterno pilar sobre el que descansa la patria

ARISTIDES ROYO

Aunque Aristides Royo no fue normalista, habla de la escuela desde su perspectiva como ex ministro de educación

La primera Escuela Normal del Istmo se fundó en la ciudad de Panamá en el año 1847 y un año después fue creada otra Normal en Santiago de Veraguas. En los inicios de la era republicana se crearon dos Escuelas Normales: una para varones y otra para mujeres.

Al inaugurarse el Instituto Nacional en 1909 se le dio un giro a la preparación magisterial. La Escuela Normal de Varones se convirtió en la Sección Normal del Instituto Nacional y la de mujeres pasó a llamarse Escuela Normal de Institutoras. Dado que no había personal con la preparación suficiente, se contrataron educadores de otros países para dirigir ambas secciones, tales como Richard Neumann, alemán, para la de varones y Ewing Brown, norteamericana con gran experiencia anterior en Chile, para la de institutoras.

Mucho debe nuestro país a secretarios de instrucción pública como Jeptha B. Duncan y Octavio Méndez Pereira, quienes concibieron planes modernos para la formación de docentes.

En el año 1938 el presidente Juan Demóstenes Arosemena inauguró la Escuela Normas ubicada en la ciudad de Santiago de Veraguas. El fin principal era el de captar estudiantes en el interior de la República para que no tuviesen que venir a la ciudad de Panamá. Fue una construcción que, al igual que el Instituto Nacional, fue concebida para el futuro, por la amplitud de sus instalaciones, sus majestuosos edificios y la sólida preparación que deseaba ofrecerse a los educandos. Para ello el Estado contrató a profesores chilenos y a españoles que vinieron como exiliados luego de la derrota del gobierno republicano en 1939.

Recuerdo como ministro de educación entre 1973 y 1978, las visitas a la Normal de Santiago donde no solamente se hacían veladas con música y poesía sino que se discutían los temas nacionales más importantes. Allí se formaron maestros insignes que luego se convirtieron en profesores de universidad, en fundadores de colegios y en dirigentes políticos importantes. No quiero citar nombres por no correr el riesgo de omitir algunos nombres, pero durante varias generaciones ese hervidero cultural y de pensamiento que fue la Escuela Normal, se hizo sentir en el país.

Sus estudiantes manifestaron inquietudes y se agitaron en los movimientos estudiantiles de la época. Muchos de los que estudiaron magisterio derivaron luego hacia otras profesiones y se convirtieron en médicos, abogados, ingenieros, arquitectos que han contribuido al desarrollo de Panamá tanto en el ejercicio de sus carreras como en los cargos públicos que ocuparon.

Finalmente, creo que el presente y el futuro de nuestro país dependen de la educación, pero hay que comenzar con la formación de los maestros. No es con posterioridad a los estudios cuando hay que prepararlos sino cuando se están iniciando en los estudios magisteriales. Es allí, en la adolescencia que el aspirante a ser docente debe recibir las enseñanzas necesarias para luego educar a la niñez y es en esa etapa formativa cuando las mentes deberán abrirse hacia nuevos horizontes. Más que una reforma educativa, Panamá necesita una revolución educativa que es en definitiva la que nos pondrá en el camino del desarrollo económico, social y cultural.

ESCUELA DE REVOLUCIONARIOS

Cuando la educación es un peligro para el poder

EFEBO DÍAZ

La batalla popular del 52, impidió el desmembramiento total de la Escuela Normal por parte del Gobierno

Para erigir los cimientos de la Escuela Normal y además amurallar su entorno y empedrar en redondo el zócalo exterior a la altura que tiene, se requería una montaña de piedras. Era uno de los deseos del presidente Juan Demóstenes Arosemena, era su anhelo de garantizar la permanencia de la obra y conservar el recinto interior como último refugio de la guarnición de educadores y estudiantes. Porque él sabía que el alumbramiento ocurría entre elogios del pueblo y maldiciones y escarnios de enemigos.

Pero en 1936 Veraguas carecía de cantera y de camiones para acarrear la montaña de piedras. Hubo que recolectar el matacán en los ejidos del pueblo; con cientos de jornaleros armados de picos, palas, barras de hierro, mazos y cinceles; seguidos en la búsqueda, según relatos, de 50 carretas de bueyes. Artesanos extranjeros, experimentados, labraron los salientes, aristas, ángulos y caras del pedrerío, para instalarlo como se encuentra hoy.

Sin embargo, aquella estructura defensiva no resultó suficiente. Catorce años después de la construcción, en junio de 1952, la Escuela Normal recibió un ataque infame. Incitado y respaldado por la corriente macartista norteamericana del siglo 20, el gobierno oligárquico decretó el cierre del colegio y la Policía Nacional penetró el recinto y desalojó a los estudiantes. El objetivo final era liquidar la Federación de Estudiantes de Panamá, vanguardia del movimiento revolucionario panameño.

En esa época a la Normal asistían estudiantes de todas las provincias, hombres y mujeres. El proyecto infame concebido entonces por el gobierno, consistía en desmembrar la escuela, prohibir la matricula a los varones y convertir el plantel en una ‘Normal de Señoritas’. Los estudiantes varones tendrían que matricularse en el colegio ‘Félix Olivares’ de la ciudad de David. El hachazo truncaba la formación magisterial y desnaturalizaba la concepción original del fundador del colegio.

Las pretensiones gubernamentales enardecieron a los santiagueños y crearon las condiciones para conformar un movimiento unitario de defensa de la Escuela Normal. Nunca antes la población había experimentado semejante grado de unión, de unanimidad popular, de solidaridad y determinación de lucha. Todas las clases sociales, sin distinción ni miramiento alguno, se fusionaron; sobrevino el anudamiento entusiasta de la gente, de todas las edades, incluso de niños.

La organización tuvo lugar bajo la conducción revolucionaria de Manuel Celestino González, quien estuvo acompañado de hombres y mujeres, entre ellos Rafael ‘Pito’ Murgas y Héctor Alejandro Santacoloma.

El movimiento insurreccional se tomó la ciudad de Santiago, estableció en la Placita el campamento guerrillero y arrinconó a las autoridades. La jornada se extendió por más de 15 días, sostenida por la huelga general del comercio (incluida la única funeraria, de Don Dídimo Milord), acciones de masas en las calles, cierre de la carretera nacional, corte de las líneas telefónicas y agitación radial.

En mi opinión, la insurrección contó con tres componentes decisivos: el liderazgo de Manuel Celestino González Díaz (mejor conocido como Gonzalito); la formación militarizada denominada ‘Milicias Populares’, integrado por decenas de mujeres y hombres armados; y la disposición incondicional de la popular emisora ‘Ondas Centrales’. Al decir del escritor santiagueño Carlos Francisco Changmarín, esta constituyó la jornada más revolucionaria de este pueblo.

La batalla popular del 52, entre otras cosas, impidió el desmembramiento total de la Normal, al desbloquear la matricula a estudiantes varones de Veraguas, sin lo cual muchos no ostentaríamos hoy el honroso título de maestro normalista.

ALMA MÁTER

Recuerdos de una profesora

DEYANIRA ROSAS DE SAGEL

Hace 75 años Deyanira Rosas de Sagel inició su formación en la Escuela Normal de Santiago

La marcha del tiempo, que nunca se detiene, me hace recordar, en estos días, con profundo sentimiento de amor, a mi querida alma máter, la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena, en la conmemoración de los 75 años de su fundación, que se cumplirán el próximo cinco de junio. Una celebración que está plenamente justificada por su relevancia.
Hace 75 años inicié, en ese Templo del Saber, mi formación docente, al tiempo que complementaba mi acervo cultural, tanto como mis valores éticos y cívicos que, como ciudadana, iba a poner en ejecución, para el bien de la sociedad panameña.

Tengo el orgullo de sentirme alumna fundadora de la Normal de Santiago, como generalmente nos referimos a esta noble institución educativa.

La vida estudiantil, por seis años en la Normal, interna como lo fui, es una de las etapas de mi existencia que me llenan de orgullo. Fui parte de la primera cosecha genuina de la Normal. Mi vida posterior como educadora fue marcada por las enseñanzas de los mejores profesores de aquella época, que nos impartieron los más acertados consejos, y propiciaron que fuéramos adquiriendo los más elevados co nocimientos académicos así como actitudes positivas para crecer nosotras mismas en el amplio abanico del conocimiento que se nos presentaría a lo largo de nuestras vidas como docentes, madres de familia, en fin, como ciudadanas útiles en el complejo rol que nos colocara el destino.

Hoy, al recordar ese transitar por la senda educativa que me señaló el destino, hasta mi jubilación y aún hoy, primero como estudiante universitaria y maestra en la Escuela de Panamá, profesora de educación secundaria en el Liceo de Señoritas por 15 años y luego, en feliz culminación, directora por 10 años del Instituto Fermín Naudeau, reitero mi gran satisfacción que la semilla que sembré con amor y completa dedicación, germinó en diversas generaciones de jóvenes, ex alumnas y ex alumnos, que hoy son profesionales valiosos que han logrado distinguirse en nuestro acontecer nacional.

Ha sido una feliz iniciativa, en tan importante efeméride, por parte del comité organizador, los directivos, el estudiantado, sus docentes, personal administrativo, llevar a cabo esta celebración para dar a conocer por todos los medios posibles, especialmente a las generaciones jóvenes, la importancia y trascendencia que ha tenido la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena, mi alma máter.