Ciudades que respetan su historia

MARIELA SAGEL 

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 20 de mayo de 2013

La ciudad de St. Louis está ubicada en las riberas del río Misisipi (el mismo que desemboca en Nueva Orleans, Louisiana) y es reconocida en el mundo entero por su emblemático arco, que está frente a ese recurso pluvial y cuya altura es una referencia para que no se pueda construir más arriba que esa manifestación de expresionismo estructural diseñada por el arquitecto Eero Saarinen (192 m). Simboliza la expansión del área hacia el oeste.

Con una rica historia de comerciantes y guerreros, es el centro de varias corporaciones importantes, como la cervecería Anheuser Busch y la fábrica de alimentos para mascotas Ralstom-Purina. También es la cuna del equipo de béisbol Los Cardenales y en las afueras está un yacimiento arqueológico amerindio –Cahokia- que es hermano del nuestro, El Caño, con la misma disposición, los mismos montículos y la forma en que enterraban los muertos, como si cuatro siglos antes de que llegara Cristóbal Colón a nuestro continente los indígenas se comunicaran entre sí por chat o internet.

En St. Louis nacieron los escritores Tennessee Williams y T. S. Eliot e igualmente se realizaron hace 110 años los Juegos Olímpicos de Invierno y una feria mundial, que dio un despegue definitivo a la ciudad. La municipalidad está enfocada en preservar sus parques, contando con uno más grande que el Central Park de Nueva York (Forest Park) y la vegetación es bendecida cuando llega la primavera, desplegando los colores de las flores, árboles y arbustos que están cuidadosamente sembrados.

Con una marcada influencia católica, sus iglesias son de una belleza cautivante y el papa viajero Juan Pablo II la visitó en 1997 para inaugurar la restauración de su esplendorosa catedral. Tiene uno de los hospitales más importantes de Estados Unidos y varias universidades de prestigio, entre las que se encuentra la Washington University.

Imaginemos que nuestro cerro Ancón sea referencia para que no se construyan edificios más altos que él (como también se hace en Montreal, Canadá, con su Mont Royal), que el casco antiguo sea respetado por su valor patrimonial y que la costanera no sea blanco de agresiones como las que recientemente se han perpetuado al construir de todas maneras la tercera fase de la Cinta Costera (desoyendo las recomendaciones de la UNESCO). También imaginemos que el sitio arqueológico de El Caño, sepultado bajo la maleza y la negligencia de las autoridades culturales, sea un lugar de visita turística y que se haga una exposición de las similitudes que tiene con Cahokia. Todo sería mucho más bonito si respetáramos lo que tenemos y se explotara en beneficio de la mayoría.