Con los sueños intactos

MARIELA SAGEL

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La Estrella de Panamá, 27 de octubre de 2013 

A caba de concluir el Congreso de la Lengua en Panamá y en medio de charlas, exposiciones magistrales y tropezones en el centro de convenciones Atlapa con lo más granado de las representantes de las academias de habla española, escritores y periodistas, se siente uno como saliendo de una borrachera cultural.

Los apenas tres días que sirvieron de escenario al público para diversos intercambios, sea traducción, libros digitales, promoción de la lectura o la república de las letras, estuvieron pletóricos de emoción, de reflexión y sobre todo, de enseñanzas.

El congreso estuvo muy bien organizado, contrario a lo que se dice de la Cumbre Iberoamericana, y los extranjeros estuvieron complacidos de esa organización, lo que no sé si podrán decir los mandatarios y delegados a la cumbre. Los horarios se cumplieron con exactitud y el pequeño recinto a la entrada del centro de convenciones que se destinó a la venta de libros resultó en un sitio donde se podían conseguir títulos que no llegan normalmente a nuestro país y de casi todos los ‘famosientos’ que allí estaban, lo que provocaba perseguirlos para pedirles un autógrafo. Un aporte que seguramente apreciarán los periodistas es el haber contado con un espacio que fungió como sala de prensa, con todos los requisitos necesarios para que se cumplieran las jornadas de reportaje, como debe ser.

Las grandes concentraciones de personas que se dieron en el teatro Anayansi (además de la apertura y el cierre) giraron en torno al homenaje que se le hizo a la Academia Española de la Lengua por sus 300 años de existencia y la presentación del último libro del Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, que parecía una conversación íntima y aislada de las más de 2000 personas que nos deleitamos con una Rosa Montero incisiva y puntual, que produjo lo que deben causar las presentaciones de libros: motivar a leerlos.

Los grandes ganadores de este encuentro fueron los maestros que el MEDUCA convocó a que participaran y es obligatorio que habiendo recibido tanta riqueza intelectual y haber escuchado tantas celebridades, le den un cambio al sentido de educar, que revolucionen la enseñanza, que la lleven a sus alumnos. Hay que reducir el bache que existe entre la subcultura y la cultura y que ésta última abandone la soberbia y coexistan ambas en un solo ente. Eso debemos empezar por entenderlo nosotros y aplicarlo a todas nuestras acciones.

Sobre ese tema nos habló un contundente Antonio Skármeta en la conferencia, junto a Juan Luis Cebrián, Fernando Iwasaki, Enrique Durand y otros, cuando resaltó el romance que debe existir entre la creación y sus lectores. Se refirió muy oportunamente sobre los segmentos y más puntualmente, sobre las franjas culturales en los canales de televisión abierta. La mayoría de las veces choca el concepto de cultura que manejan los programadores con lo que uno quiere transmitir. Es por eso que muchos de los programas que solemos llamar ‘culturales’ se circunscriben a los reportajes sobre animales exóticos o tribus aborígenes.  O lo peor, a farándula.

Precisó que allí conviene que se inserte la literatura y compartió cómo hacer para que sean apetecibles estos temas. Que la gente prescinda de la creación literaria es totalmente absurdo. Por eso él incita con sus libros a que se sienta el encanto que da la lectura. La gente tiene que sentir la creación literaria como algo sencillo y común.

Hay que observar lo que hace la mayoría de la gente y no ir contra eso. Muchas de las enriquecedoras conferencias que pudimos compartir en el congreso giraron alrededor de ese tema. Enhorabuena por la celebración de este evento en Panamá, que debe tener cierta resonancia en los maestros y profesores y en el público asistente, que sentimos que se habló de temas que son escamoteados en las pantallas, pero cercanos a todo el mundo.