Cultura política de la democracia

MARIELA SAGEL

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La Estrella de Panamá, 4 de agosto de 2013

La semana pasada estuvo en Panamá el politólogo y profesor de la Universidad de Salamanca, Dr. Manuel Alcántara, autor del libro El Oficio de Político, y el Centro de Iniciativas Democráticas (CIDEM), junto a la Comisión de Justicia y Paz y Flacso aprovecharon para organizar una conferencia donde se presentaron algunas conclusiones sobre la situación de la democracia en Panamá.

No escapó a las conclusiones del catedrático su sorpresa que para el presidente sus promesas de campaña son ‘babosadas’, lo que había escuchado unos días antes de la actividad y comentado con quienes tuvimos el privilegio de compartir con él.

Durante esa intervención y otra que se verificó en la Universidad de Panamá, Manolo Alcántara defendió vehementemente la importancia de los partidos políticos y la urgencia de normas, disciplinas y la rendición de cuentas, que al final va a adecentar la política. De la misma forma reclamó que hay que establecer un estricto control del gasto público en campañas, escandalizado como debió haber quedado del derroche de cuñas, vallas y toda clase de propaganda política en estos precisos momentos de guerra mediática.

En la actividad del CIDEM se hizo una radiografía de los partidos políticos panameños, donde se destacó que existe una gran debilidad en nuestras clase política precisamente porque hace falta la educación y la promoción de una cultura política. El sistema de partidos está débil en medio de una democracia débil. A pesar de que mucho se dice que el partido actualmente en el poder cambió la alternancia de los partidos tradicionales, no hubiera logrado hacerse con el triunfo si no hubiera suscrito una alianza (forzada en la embajada americana) con un partido tradicional, los panameñistas, que después de 26 meses fueron despedidos por vía Twitter.

La voz de alarma de este desequilibrio debió haberse advertido cuando en 2004 el partido entonces en el poder quedó de último en la preferencia de los votantes. Hasta ese año, y a partir de la década de 1990, los partidos tradicionales habían dado los primeros pasos para su democratización y profesionalización, pero eso ha ido decayendo al punto que, a pesar que no hay polarización ideológica (los partidos políticos panameños han carecido históricamente de ideologías), ningún sistema puede ser bueno cuando ha habido en estos cuatro años más tránsfugas que en 40, un total de 28 en la Asamblea de Diputados.

En el marco de las consideraciones no debe soslayarse el hecho de que el régimen es esencialmente presidencialista y el estilo ha ido degenerando a tal punto que nos encontramos en un empantanamiento que no parece tener fin. A la par, ha ido en aumento el efecto dañino de la corrupción en el crecimiento económico.

Los partidos lo que deben hacer es la búsqueda del bien común. Y eso es incompatible con lo que están haciendo ahora mismo, porque su promoción, sus campañas, se alejan de la cultura política democrática, que tiene muchas aristas.

Hace falta identidad, el mercado incide mucho en la forma en que se hace campaña, uno es un número de celular y tenemos que competir para ser visibles y los partidos generan una fuerza que media entre la población.

Los resultados de la encuesta Barómetro de las Américas, presentada en ocasión de la visita de Manuel Alcántara, reflejan un deterioro en el apoyo al sistema político en Panamá, entre 2010 y 2012 y nuestro país está entre los países que menos creen en la importancia de los partidos políticos para la democracia.

Al final, Manolo volvió a defender el oficio de político, la profesionalización de la política y la urgencia de elevar el discurso político. Sobre todo exigir la rendición de cuentas, y que éstas no se entiendan como el derroche de publicidad estatal, como aseveró un deslucido vocero del gobierno en Debate Abierto recientemente.