Elevemos el nivel intelectual

MARIELA SAGEL

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La Estrella de Panamá, 19 de mayo de 2013
Recientemente leí en una de las columnas de Mario Vargas Llosa, Piedra de Toque, que ‘da tristeza el nivel intelectual de ese gobierno, cuyo jefe de Estado silba, ruge o insulta porque no sabe hablar, cuando uno piensa que fue el mismo país que dio un Rómulo Gallegos, un Arturo Uslar Pietri…’, refiriéndose al presidente Nicolás Maduro. Cualquier semejanza es pura coincidencia con nuestro Panamá, pero parafraseándole, ‘da tristeza el nivel intelectual de este gobierno, cuyo jefe de Estado baila, gesticula o insulta porque no sabe hablar, cuando uno piensa que fue el mismo país que dio un Rogelio Sinán, un Roque Javier Laurenza…’. 

Las elecciones primarias del partido de gobierno dieron al traste con la esperanza —no mía, de los que aún creen que pueden ver un ejemplo dignificante en esa gente— y lo que se vio fue de una bajeza rayando en lo más chabacano que se haya dado en la historia reciente de nuestro país.

Si bien es cierto que pueblo es pueblo, y que la población ilustrada del país, si se le puede llamar así, es un pequeño porcentaje, estoy convencida que ese pueblo que se expresa mediante manifestaciones populares (no populacheras estilo Chello) quiere ver en sus gobernantes un ejemplo a emular: un presidente que lo parezca, vestido correctamente, que hable como estadista y que se exprese bien, no la diatriba de improperios y de sandeces que hemos estado escuchando durante el tiempo que ha durado esta campaña. Hay locos que tienen clase, locos de altura, pero estos nuestros son locos de la peor ralea.

El presidente se la pasó correteando cámaras, no dándose cuenta que el candidato no era él (o precisamente por eso). No hubo canal que no visitara, radio donde no emitiera sus opiniones ni periodista al que no quisiera darle una entrevista. El tormento empezó desde temprano, cuando arrancó la cobertura y los analistas se lucían con sus muestras de sapiencia. En Telemetro se llegó a comparar con Arnulfo Arias y Omar Torrijos, advirtiendo que a diferencia de ellos, ‘él estaba vivito y coleando’. Como lo dijo varias veces, yo temía que en una de esas se le saliera una ‘u’ en vez de la ‘o’ en esa maniquea palabrita.

Se pasó por su canal de televisión, donde le dio una larga entrevista a uno de los periodistas que se llevó de TVN —y menos mal que se lo llevó, porque con sus preguntas demostró que ese periodista no tiene nada en la cabeza— que le dijo que si iba a ser con el ganador lo mismo que Arias con Chinchilla, Lula con Rousseff y, textualmente, Uribe con Santos (cuando es de todos conocido que Uribe y su sucesor tienen una guerra abierta). Cuando se acercaba la celebración montada en las oficinas del partido, arremetió, muy a su estilo, con el periodista Jesús Morales, de una manera que a todos conmocionó, por la agresividad y la forma rambulera con que le restregó sus diferencias empresariales con sus jefes. No me parece que un presidente deba ponerse en esa posición y menos frente a los medios y en una contienda de su partido. Eso raya con las disposiciones del Código Electoral y sobre todo, la ética y el respecto que se merece el pueblo panameño.

Los hechos más bochornosos fueron la sacada de los sobres de Lomotil e Imodium, para sugerir que la oposición debía estar tomando esos remedios (¡qué mala analogía!), la cara complaciente de los que le rodeaban (y hasta se reían) y las declaraciones del vocero del gobierno, que señaló que habían dos candidatos, el presidente y el que se alzó con la victoria ese día. Mejor dicho, si no la hacen a la entrada, la hacen a la salida. Preparémonos para lo que viene, que promete ser feo, malo, cruel y sobre todo, sucio.