¿Hay esperanzas en la Asamblea?

MARIELA SAGEL 

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 15 de julio de 2013

La semana pasada se llevó al pleno de la Asamblea de Diputados a la defensora del Pueblo, Patria Portugal, con el fin de que rindiera cuentas de contrataciones que hizo para ‘mejorar la imagen de la institución’ y ‘el diseño y confección de una página web’, cuyos montos son escandalosos. Antes de entrar a diseccionar lo que fue esa presentación, debo puntualizar dos cosas: la imagen de la institución no estaba en el suelo, como alega la defensora, era inexistente, gracias a la incompetencia de la que ha hecho gala desde que la nombraron, por el puro capricho del presidente y por ser hija de una víctima de la dictadura militar.

Lo segundo que quiero señalar es que si nos ponemos a comparar, la página web de Univisión, la cadena de noticias más grande en español en Estados Unidos, que se actualiza cada segundo, es interactiva y totalmente dinámica, costó 80 mil dólares, pagado por un gigante de las comunicaciones. Es una bofetada a los que la Defensoría pretende defender que se dediquen esos montos a contratar una empresa que a todas luces se estableció para ser beneficiada por ese contrato de cientos de miles de dólares.

La Asamblea hizo algo inusual, citó a una funcionaria que llegó a ese puesto por ser allegada al poder, eso fue posible con la anuencia de la bancada oficialista. Las intervenciones que hicieron los diputados, todos de la oposición, fueron en su mayoría magníficas, sustentadas y con profunda investigación de su parte. El foco de atención estuvo centrado no solo en las acuciosas preguntas, sino en las evasivas, agresivas y hostiles respuestas de la defensora, que también fueron un insulto a las más de 30 asociaciones de la sociedad civil que recogieron firmas para que se citara a la funcionaria.

Viene ahora la gran pregunta, si la Asamblea de Diputados va a cambiar su forma de manejarse, si va a cumplir su papel de órgano fiscalizador y va a atender las peticiones de investigar tantos contratos, sobreprecios, administraciones dudosas de la alcaldía capital, radares, casas de valores, cárceles, parques soterrados y hasta los bordados de las camisas. Si lo hace, puede que cambie la percepción de maleantería que prevalece en la mente de todos. Si no lo hace, va a quedar evidenciado que la señora Portugal ha sido una víctima o chiva expiatoria, una cortina de humo que se le tiró a la opinión pública para calmarla.