La ciudad imaginada

MARIELA SAGEL 
El Siglo, 28 de octubre de 2013
La ciudad de Panamá no ofrecería el deplorable estado que a diario nos toca ver si la disposición de la basura se hiciera de manera consciente y responsable, así como la recolección de la misma. La base de todo esto está, como en todo, en la educación.

Si cada familia (como lo hago yo, mis hermanas y mi madre) separara la basura orgánica (desechos de comida y otros) de los papeles, botellas de plástico, latas, envases de vidrio en otras bolsas o cajas. A diario se pondría la orgánica para la recolección –el clima no permite que uno guarde esa basura por más de dos días, como en otros países– y los camiones solamente recogerían ese tipo de desechos y de esa manera, la llevarían a Cerro Patacón.

La otra basura, la que se puede reciclar, que es la gran mayoría, solamente se recogería dos veces a la semana, y tanto los residentes como las autoridades municipales tendrían que ser muy enérgicos en que solamente se van a recoger desechos que se pueden reciclar, porque de manera ideal llevarían esos desechos a sitios donde clasificarlos y entregarlos a las empresas que reciclan. Esto sería un gran alivio para los pepenadores de Cerro Patacón y hasta negocio para los mismos recolectores de basura.

Me causa náuseas caminar a diario por las calles de El Cangrejo y ver bolsas de basura que contienen vasos de plástico, periódicos, cajas de pizza , botellas de PEP (gaseosas o sodas) y latas, por ejemplo. Todos esos materiales son reciclables y algunos altamente inflamables y contaminantes, que nada tienen que hacer junto con las sobras de comida que tiramos a la basura.

Una manera muy fácil para hacer esto, y de forma vistosa, es usar bolsas de color diferente para señalizar la basura. En Noruega, las verdes se usan para la basura orgánica, y las azules para las de reciclaje. Las personas que viven en edificios bajan las bolsas y las colocan en tambuchos grandes que marcan con los símbolos universales de reciclaje, si es para basura orgánica o para reciclaje. De esa manera los carros recolectores van a lo seguro y llevan donde deben llevar las bolsas que recogen con los desperdicios que producimos los seres humanos.

Esta solución, implementada en las ciudades que respetan su entorno, no solo es sencilla, sino que alivia las responsabilidades de las autoridades que deben recoger la basura y de cierta manera, impone disciplina a los ciudadanos, que es necesaria. Esta disciplina debe ser entendida como cultura ciudadana y también como comportamientos éticos.

Un pensamiento en “La ciudad imaginada”

  1. Confío en que, después de superar la experiencia traumática que estamos viviendo, alcancemos este nivel de conciencia ciudadana que cambiará la apariencia de la ciudad.

Los Comentarios están cerrados.