Resumiendo

MARIELA SAGEL

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La Estrella de Panamá, 1o. de septiembre de 2013

Con gran divulgación ha iniciado la campaña ‘Metro Cultura’, que busca ir sensibilizando a la población sobre el producto que va a recibir cuando ese proyecto de Estado se ponga en función. Sus cápsulas informativas buscan ir absolviendo las interrogantes que pueden surgir en una población que no tiene cultura de transporte masivo, y cuya reciente experiencia con los metrobuses no ha sido ‘very happy’.
La Secretaría del Metro debe apurar el paso para que estemos enterados de todos los aspectos que involucra un sistema tan esperado y tan poco comprendido. Su alcance debe ser en todas las vías, por televisión, radio, mobiliario urbano, redes sociales, prensa, revista y mucha presencia en los programas de debates, que ahora por la interrelación dinámica que existe, hacen que muchas personas no sean simples espectadores.

Este mismo sentido de control de daños debió haberse hecho con la medida de introducir etanol en la gasolina, que se empieza a implementar hoy domingo 1º. de septiembre. Como he mencionado en dos artículos para El Siglo, el beneficiado principal debería ser el medio ambiente, pero ese tema no es del interés del común de los panameños, sino en cuánto va a bajar el costo del combustible de forma inmediata, y si se puede perjudicar el funcionamiento de los automóviles. Como la medida se ha impuesto de ‘ya para ya’ (aunque escuché que había sido pospuesta desde abril) todo el mundo está pataleando a última hora.

Resumiendo: el etanol no debe causar ningún daño en casi todos los motores y es aceptable en otros países hasta en un 10 % del combustible. La suspicacia aquí proviene es de quién es el proveedor de etanol, quién se beneficia de la concesión otorgada y al final, la intención de introducir esta medida precisamente en estos momentos, cuando por un lado no se logran resolver otros problemas, tanto de transporte más urgentes como de medio ambiente, que nos están llevando a un retroceso.

Experiencias parecidas han atravesado países como Costa Rica, que intentó sin éxito que la gasolina tuviera un porcentaje de etanol y por revelarse que los sembrados para producirlo tenían intereses creados en la figura de un expresidente, y también porque en el vecino país los carros no se venden tan alegremente como en Panamá (puede decirse que se conservan mejor o que los usuarios no los cambian en forma tan constante), tuvo que desistir de la medida. Pero en países donde conservar el ambiente es un hábito, el uso del etanol en el combustible es bien visto.

Las tierras que se dedican a sembrar caña para producir el azúcar de donde se deriva el etanol son tierras donde no se cultivan otros rubros, llevando a la seguridad alimentaria panameña a un borde preocupante. Este tema lleva a otro más alarmante aún, el que ahora se pretende devolver la autoridad del ambiente al Ministerio de Desarrollo Agropecuario, lo que es una verdadera aberración, puesto que desde la década de los ‘90, cuando Panamá se fue adaptando a las tendencias modernas de institucionalidad ambiental, se había avanzado en la descentralización del tema. En los próximos días se verá a dónde llega este asunto, y espero nuestra sociedad se sensibilice y opine con energía, puesto que uno de los aspectos más vulnerados en todo sentido a nuestro alrededor es el medio ambiente.

Y como de todo hay en este país, que no es la viña del Señor, pero así lo parece, la contralora no afloja prenda en cuanto a los contratos directos de sobrecostos, y nos hace pensar si esa actitud de desprecio hacia la población no es la misma que ha ostentado desde 2010, cuando se realizó el Censo Nacional de Población y al día de hoy no ha respondido por qué fue tan mal organizado y no sabemos ni cuántos somos ni dónde estamos.