Riesgo país

MARIELA SAGEL

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La Estrella de Panamá, 8 de septiembre de 2013 


Todos nos alegramos de saber que hemos llegado a ser considerados como el segundo país con mayor crecimiento en América Latina, después de Chile, que siempre se percibe como un país culto, además de pujante en su economía. Pero ese lugar, de ser cierto, es muy vulnerable por la pobre distribución de la riqueza que persiste, a pesar de los esfuerzos que se han hecho en 40 años; y, sobre todo, por la poca atención e importancia que se le da a la educación.

Revisando algunas estadísticas, hago la comparación entre algunas que tengo a mano y que tienen que ver con los países con mejor educación, como son las del Programa de Naciones Unidas para el desarrollo (PNUD), las pruebas PISA y las de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), considerando la educación secundaria y la universitaria en sus alcances. En las tablas consultadas hay dos países que son constantes: Finlandia y Canadá.

Finlandia figura en primer lugar en las pruebas PISA, reflejando que el 6.5 % del Producto Interno Bruto (PIB) se invierte en educación. Canadá en tercer lugar, con una inversión del 5.2 % del PIB. En educación superior (universitaria) Finlandia abarca el 38 % de la población y Canadá tiene al 51 % de su población con grado superior. Ambas poblaciones educadas crecen a un ritmo constante. Estados Unidos, en cuanto a inversión en educación y población medianamente educada, tiene un alcance de personas con educación terciaria de 42 %. En la lista de los diez países mejor educados no hay ni un solo país latinoamericano.

En los resultados de las pruebas PISA, apenas en un recóndito lugar 40 es que se vislumbra a Chile, y le sigue Uruguay, con el número 43. Chile invierte 3.5 % de su PIB en educación y el país oriental 2.5%. Cuba, que siempre ha estado entre los primeros lugares en cuanto al alcance de la educación, como no participa de las pruebas no está entre los evaluados; sin embargo, se conoce que invierte el 9.8 % del PIB en ese rubro.

Lo que pretendo señalar con este juego de estadísticas es que si bien estamos entre Chile y Uruguay, como las tres economías que más crecen en la región, en términos de la inversión en educación y el alcance de la población que responde positivamente a lectura comprensiva, ciencias y matemáticas, no estamos ni remotamente cerca de ser un país que se precie de ser educado. Por ley, se debería invertir el 6 % del PIB en educación y la realidad es que apenas llega a un 2 % la misma, y con mucho esfuerzo.

De no hacer los correctivos necesarios, la posición de ‘nuevo rico’ en el continente se volverá muy vulnerable, ya que no se sostiene sobre bases que prolonguen y mantengan el crecimiento del que actualmente se goza.

Y como nuevo rico y encima ignorante, se corre el riesgo de basar esa bonanza sobre cimientos de barro, que fácilmente se pueden desmoronar.

A partir que se da a conocer esta noticia de llegar a ser la segunda economía entre los países latinoamericanos, voces autorizadas han empezado a señalar que no se encuentra mano de obra capacitada o ejecutivos que hagan frente a la demanda de un crecimiento tan envidiable y que hay pleno empleo. Lo que pongo en duda, toda vez que hay una gran población ocupada en empleos informales. Se cierne sobre el país la bomba migratoria —que ya está presente con ciertas nacionalidades— y los problemas consecuentes que trae la falta de educación y de cultura ciudadana.

A riesgo de ser repetitiva, el mayor reto que tiene el próximo gobierno, ya que éste ha demostrado que no le interesa el tema educativo, es hacer una verdadera revolución en el sector educativo, que permita que ese segundo lugar se mantenga.