Un discurso ejemplar

MARIELA SAGEL

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La Estrella de Panamá, 20 de octubre de 2013 

El discurso del presidente uruguayo José Mujica, casi un mes después de haberlo dado en la reunión de la ONU, a fines de septiembre, sigue resonando en las redes y en las noticias. El deschavetado mandatario, que anda en un auto viejo y no usa corbata, es criticado por muchos y ovacionado por otros más, pero la agudeza de sus palabras no deja a nadie sin comentar lo que dice, y cómo lo dice.

Sus lapidarias palabras dejaron impávido a más de uno. En el primer envión reclamó estar representando a todos los pobres de América Latina y de paso se refirió a los pueblos originarios aplastados por el colonialismo, a la guerra de las Malvinas, al bloqueo a Cuba y hasta a la vigilancia electrónica de la que ha sido víctima la presidenta de Brasil. Reclamó la paz para Colombia y el respeto y la tolerancia que debe prevalecer entre todos, si pensamos distinto.

Arremetió duro contra el consumismo, que es al fin y al cabo el propósito del mercadeo, contra la corrupción, el fraude y el narcotráfico. Tasó la felicidad que persiguen muchos en tener más a toda costa, sin importar los medios que se utilicen para obtenerla, siendo ésta tan material. Hizo la comparación que si toda la humanidad aspirara a vivir como un norteamericano promedio, harían falta tres planetas como el nuestro. Así de grande es la brecha que existe entre ricos y pobres.

Pepe Mujica, con su estilo muy locuaz pero muy fino y de altura, reclamó el verdadero sentido de la vida, el de enaltecer los valores, las relaciones humanas, la solidaridad, la familia y alejarnos de todo lo artificial que nos entretiene a diario, defender el medio ambiente y no permitir que nuestro entorno se convierta en una selva de cemento.

De esa forma fue llevando a la audiencia a definir la política, ‘eterna madre del acontecer humano’, como atascada con la economía y el mercado. ‘De salto en salto la política no tiene más que perpetuarse y delegó el poder y se entretiene aturdida luchando por el gobierno’. Todo esto suena muy familiar para lo que estamos viviendo y viene ‘al callo’ en esta campaña electoral y en esta semana de protestas, cuando culmina una cumbre de presidentes que no tuvo de asistentes a los más combativos de los jefes de Estado iberoamericanos (Castro y Maduro ni se asomaron, tampoco Piñera, Rousseff ni Cristina Fernández, que como el rey Juan Carlos, está convaleciendo, mucho menos Evo Morales ni Rafael Correa y lamentablemente, José Mujica). Decía un artículo de El País de España que la cumbre en Panamá se asemejaba más a un fiasco que a una exitosa reunión. Ahora, atendiendo atinadas sugerencias del ex presidente chileno Ricardo Lagos, se realizarán cada dos años.

Al momento que escribo este artículo la cumbre debe estar empezando. Al mismo tiempo se está llevando a cabo un encuentro de comunicaciones y otra de empresarios y para cuando salga publicado, estará iniciando el Congreso de la Lengua, que tiene reunidos en Panamá a más de 100 escritores, académicos, intelectuales, que debatirán por tres días sobre el español. Sería muy apropiado validar los resultados que arroje la cumbre —que no sean un par de fiestas donde se baile al estilo ‘gangman’— y hacer la radiografía del país que queremos, con tanto crecimiento económico, tanto desenfreno en la campaña política y tanta desigualdad en la distribución de la riqueza.

El discurso del presidente uruguayo tomó 45 minutos y repercutió como una explosión en las redes sociales y la conclusión de todos sus señalamientos se puede resumir en elevar la educación y el nivel cultural de la población y que se respete el medio ambiente, el planeta y también la forma de hacer política.