Un esperpento literario

MARIELA SAGEL

facetas@laestrella.com.pa

Facetas, 1o. de septiembre de 2013

En su última novela, el escritor peruano Santiago Roncagliolo recrea la delirante vida de los productores y actores de los culebrones. El resultado es la novela ‘Óscar y las mujeres’, una lectura burlona y refrescante.

Santiago Rocangliolo no deja de sorprendernos. Con apenas 38 años y varios premios en su carrera, mantiene intacto su ingenio y oficio. Su última novela, Oscar y las mujeres, fue estrenada en España por entregas, dividida en 9 episodios que se publicaron en formato digital del 18 de enero hasta el 20 de febrero de este año, dos veces a la semana. Astutamente, los que diseñaron la estrategia de mercadeo establecieron que el libro saliera a la venta el 20. Un bien logrado intento de recuperar el mundo del folletín y, a lo mejor, una forma de rendirle homenaje a Charles Dickens, habiéndose celebrado hace un año el segundo centenario de su nacimiento.

Santiago Roncagliolo THRILLER ANDINO

Santiago es peruano de nacimiento, pero pasó su infancia en México y cuando decidió resueltamente dedicarse a la escritura, se fue a España donde hizo de todo, desde limpiar casas hasta de negro literario (escritor fantasma). Con perseverancia y mucha curiosidad, ha logrado ser catalogado como uno de los mejores narradores actuales en su idioma (según la revista Granta).

Saltó a la fama con el premio Alfaguara en 2006 con su obra Abril Rojo, que también mereció el Independent Prize of Foreign Fiction, un thriller sangriento de asesinatos en serie y crímenes monstruosos que se dieron precisamente en su país de origen, durante la supremacía de ‘Sendero Luminoso’. Con anterioridad había publicado, para el mismo sello editorial, Pudor (2004), una novela encantadora que llamó mucho la atención de la crítica y fue llevada al cine.

En 2009 publicó una obra memorable, Memorias de una Dama, en la que recreaba la vida de una aristócrata dominicana que tuvo vínculos con la mafia, la CIA y las dictaduras cubana y dominicana en la época nazi. El desenlace de esa magnífica historia – que se apartó de lo que le encargaron- fue que los familiares de la señora no permitieron que circulara.

Después de Tan Cerca de la Vida, una novela que coquetea sin mucho éxito con la ciencia ficción, Rocangliolo muestra su característica irreverencia con el magnífico relato de El Amante Uruguayo, un despliegue de caminos que nos conducen por las andanzas de un anodino escritor uruguayo que se dice fue amante de Federico García Lorca. Recorre las triquiñuelas en las que se basó para codearse con lo más granado de la intelectualidad en su tiempo (Sartre, Picasso, Dalí, Neruda y hasta Quiroga), muy al estilo de los que les encanta dejar caer nombres (drop names), como es el caso de Marco Aurelio Pesantes, uno de los protagonistas más importantes de Oscar y las Mujeres (de hecho, su empleador).

UN PRESTIDIGITADOR DEL AMOR

Óscar Coliffato es un guionista de telenovelas, maniático a morir, antisocial y sospechoso de todo el que le rodea. Se viste de negro y usa gafas oscuras. Su patrón, un voluminoso productor que a todas luces es un cubano exiliado, con mansión de pésimo gusto y posesiones aún peores, lo considera ‘el titán del melodrama’.
Oscar y las Mujeres
Por las seis reglas que sigue la novela (y 9 episodios en que transcurre) se entiende que el prestidigitador del amor no solo es un neurótico irremediable, sino que desprecia todo el mal gusto que ostentan algunos hispanos en Miami.

Hay en la historia un toque de ternura, ya que Óscar es abandonado por su novia de turno y eso le representa un bloqueo intelectual, el que su jefe trata de llenar con personajes de peor gusto que son trabajadoras del amor de los puticlubs, aún más chillonas que la decoración que tiene su vecina de piso.

Las peripecias por las que atraviesa Óscar, sus mujeres, las mujeres de Marco Aurelio y algunos actores de los culebrones son absolutamente delirantes, lo hacen a uno retorcerse de la risa y disfrutar de una buena lectura, burlona y refrescante.

Las escenas por las que tiene que pasar el guionista, al quedarse a cargo de la inmaculada limpieza de su departamento después de sufrir el abandono de su mujer, son dignas de un guión de cine. También lo son las actitudes de su jefe cuando Óscar le va a pedir un anticipo. Casi que uno reconoce a un diputado nuestro en medio de tantos celulares y gusto kitsch en el que se mueve.

Su inspiración se nutre de las pocas personas que lo rodean, y es así como sus historias pasadas siempre fueron escritas cuando estaba bajo el influjo de un amor, por lo que Marco Aurelio (que le suena a uno casi que luciendo una corona de laurel alrededor de su cabeza) decide tomar cartas en el asunto y buscarle una compañera, para que siga escribiendo.

Lo que ocurre es tan hilarante, de proporciones tan impensadas, que demuestra la agudeza con que el autor ve la vida, la analiza y al final, la plasma, no sin una sonrisa sarcástica en su rostro.

Rocangliolo sigue demostrando, con este libro, al igual que en los anteriores, un rotundo dominio del lenguaje, de las situaciones particulares de cada sociedad y de las bajezas del ser humano en cada una de ellas. Rebusca en el más mínimo acto que revele la personalidad de las personas a las que quiere caracterizar y en algunos casos las lleva a extremos hilarantes, como es el caso del reencuentro con el hijo que nunca atendió y el perrito de la vecina que le dejaron en encargo. El autor apela a la ternura latente en sus lectores, enviándoles el mensaje de que hay esperanza incluso para los maniáticos.

Para el autor, las extravagancias de Óscar ‘no eran extravagancias. Al contrario, eran la forma civilizada de protegerse ante la extravagancia del mundo’, detalla en la página 24. Según leí en uno de los comentarios que se han publicado sobre el libro, esta novela es un ‘esperpento delicioso y tremendamente divertido’. Y según dice la Real Academia de la Lengua sobre lo que es un esperpento: ‘Género literario creado por Ramón del Valle-Inclán, escritor español de la generación del 98, en el que se deforma la realidad, recargando sus rasgos grotescos, sometiendo a una elaboración muy personal el lenguaje coloquial y desgarrado’. 

Gracias a Santiago Roncagliolo y su muy bien logrado libro Óscar y las Mujeres podemos recordar que el humor inteligente ha sido siempre un componente ideal y necesario de la buena literatura.