El voto joven y la pérdida de la confianza

MARIELA SAGEL

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La Estrella de Panamá, 26 de enero de 2014 

La semana pasada el Tribunal Electoral presentó el Padrón Electoral 2014, que asciende a 2,457,401 de electores, 58 % de ellos inscritos en partidos políticos y con un aumento versus las comicios anteriores de 11.1 %.

De ese universo, el 17 % son menores de 25 años, lo que advierte una generación emergente que en su mayoría es la primera vez que va a votar, a ejercer su derecho a elegir a quién lo va a gobernar. Al día siguiente de darse a conocer estas cifras estuvo en nuestro país el juez Baltasar Garzón, quien en su disertación estableció que un pueblo educado tiene derecho a exigir rendición de cuentas y debe estar consciente que por medio de esta acción va a evaluar a quiénes eligen.

Al juez Garzón se le recuerda y respeta por exigir rendición de cuentas, por haber realizado acciones correctas en contra del tráfico de drogas, la corrupción, operaciones en contra del movimiento vasco que promovía el terrorismo, por haber liderado el movimiento de la dignidad de los jueces. Asimismo, por haber abierto casos importantísimos e investigado las desapariciones del franquismo. Hizo lo que la justicia chilena no se atrevió, y fue lo de apresar al dictador Augusto Pinochet. También denunció los abusos de los detenidos de Al Qaeda en Guantánamo.

El juez Garzón habló de la reivindicación de la administración de justicia y la seguridad que se debe tener en los funcionarios que la ejercen. Señaló que la corrupción es lo que más ataca a la democracia. Las normas existen, pero no se aplican y por ende los ciudadanos se ven desamparados.

La cultura de la impunidad, esa que lleva a hacer acciones que dependerán del Estado, afecta a la democracia, donde abunda la desigualdad y hace crecer la indiferencia.

Y es precisamente la indiferencia la que puede poner en riesgo la participación de los jóvenes en las próximas elecciones y es una gran responsabilidad que tenemos todos los ciudadanos, la de restablecer ese atractivo para que se vuelva a creer en la clase política, ante la juventud.

En campaña los candidatos se comprometen a hacer algo y hacen lo contrario una vez son electos. Las crisis económicas han puesto a tambalear la confianza o pérdida de credibilidad en el sistema democrático.

La clase política debe generar las acciones para recuperar la confianza en la democracia, ya que la indiferencia es cada vez más profunda. La falta de compromiso es lo que ha ido horadando esta desconfianza. La peor frustración de un pueblo es tener buenas leyes que no se aplican.

Por eso es importante tener presente que, si no hay participación de los ciudadanos después de ganar las elecciones, no va a servir de nada, especialmente de las autoridades judiciales.

Fue muy enfático, entre lo mucho que compartió con la audiencia, en que hay que hacer un cambio que se produzca dentro de la justicia, ya que es más lo que se puede hacer dentro de la legalidad, que dentro de la amistad.

La corrupción es el cáncer de la democracia y va de la mano de la impunidad. Es el ataque más grosero y duro a los derechos humanos de los ciudadanos en un país. Anula al ser humano en el desarrollo de sus valores. La indiferencia es el peor enemigo y es peor que la propia corrupción. No hablamos de un fenómeno local, es un fenómeno global.

En el mundo ha ocurrido la globalización de la corrupción y de la indiferencia hacia ella y por eso ya no se puede ir por inercia a unas elecciones. Debe haber un sistema de equilibrios y el poder de control debe ser ejercido por la sociedad.

Debe implementarse un sistema de evaluación de los funcionarios, desde jueces hasta el procurador. Esta evaluación debe ser permanente. Hay que establecer mecanismos donde el pueblo tenga la voz, para que la juventud participe en los próximos comicios.