Más escándalos en 4 años que en 40

MARIELA SAGEL

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La Estrella de Panamá, 24 de noviembre de 2013

 El anuncio del presidente a inicios de la semana, de que iba a dar a conocer una ‘bomba’ (el mejor estilo de Casimiro) dos días después que lo regañó y partió el vicepresidente estadounidense Joe Biden del país puso en corredera a la gente. Escuché de personas que se fueron al supermercado a comprar lo necesario para un incidente estilo invasión, otros buscaban infructuosamente refugios antiaéreos y los menos especulábamos sobre qué ‘ñamería’ se le ocurriría en esta ocasión a este señor, que ha resultado un experto en desviar la atención de los problemas acuciantes y puntuales mediante bombitas de humo o de papelillo.

Estoy segura que los estudiantes se tiraron a la calle al día siguiente para reclamar sus terrenos en Tocumen previendo que la ‘bomba’ los dejaría sin sus derechos. Pero los petardos indirectos fueron más dramáticos que las ridículas explicaciones que dieron en conferencia de prensa un lánguido ministro de la Presidencia, y un descarado vocero presidencial (que encima, es el único que va a los medios a representar la candidatura del oficialismo).

Apegándose a su eslogan de campaña, hemos visto más locuras y escándalos en estos 4 años y medio que en 40. Los últimos son realmente preocupantes: Una abierta amenaza al Tribunal Electoral, que desde hace un año, cuando le tocó el turno al órgano Ejecutivo nombrar un reemplazo a Gerardo Solís, levantó sospechas por el nombramiento de una persona anodina, que no tenía experiencia en el tema pero que, afortunadamente, se ha comportado dentro de la independencia que reclama esta institución. Pero la última escaramuza del presidente de la Corte Suprema, que ofende su investidura, le ha reforzado su independencia, y demostrado que todos estamos dispuestos a defenderla. Somos responsables de haber permitido que el señor Moncada no solo haya llegado a ser presidente de la Corte, con sus antecedentes, ¡somos responsables de que haya llegado a ser magistrado! Eso no debería volver a pasar.

Con esa misma irresponsabilidad, permitimos que una señora impresentable haya sido designada en la Junta Directiva del a Autoridad del Canal. Con toda clase de conflictos de intereses y vinculaciones un tanto estrafalarias con el presidente (se sacó de la manga o del escote, con su lagrimita de plástico, una parentela con el primer mártir de la gesta del 9 de Enero), ventiló en los medios de comunicación una supuesta investigación a un funcionario que luchó durante casi 30 años por dar un ejemplo de eficiencia y profesionalismo a esa empresa nacional que es de todos.

Eso no había pasado nunca, ni en los tiempos en que el hoy presidente fue ministro del Canal (hace 14 años, no hace 40) y es preocupante que sea precisamente la más cuestionada en esa directiva, que ya dejó de ser de lujo por los nombramientos que ha hecho el actual presidente, la que vaya a los medios a señalar ese proceso interno, si es que existe.

Si levantáramos la voz frente a todos los desmadres que hace este presidente, sabríamos qué hizo minuto a minuto en Italia (ese supuesto premio que recibió en la FAO fue una bombita de humo, como la de esta semana), lo que fue a hacer a Vigo, con la excusa de ir a Portugal, y muchas otras cosas más que deberían ser rendición obligada de cuentas, En el mientras tanto, tenemos el inaceptable comportamiento de algunos miembros de la Policía Nacional, los que un ‘error’ les forzó a hacer 27 disparos.

Definitivamente que en estos 4 años y medio hemos visto más escándalos, acciones temerarias y amenazas a la institucionalidad del país que en 40. Lo malo es que lo hemos permitido y no hemos alzado nuestra voz cuando ocurren las aberraciones sino cuando explotan las bombitas. Y muchas veces, casi en voz baja y por cortesía.