SECRETO A VOCES

Mariela Sagel

El Siglo, 6 de enero de 2014

Ahora parece que todo el mundo sabía que uno o varios de los contratistas que se adjudicaron el trabajo de la ampliación del Canal de Panamá no eran idóneos o por lo menos, estaban en serios problemas financieros para acometer esa obra.  Desde que el consorcio Grupo Unidos por el Canal le envió, de regalo de año nuevo, a la Autoridad del Canal, su ultimátum de que les pagaran unos sobrecostos o paralizaban la obra, han salido toda clase de documentos que señalan un manejo turbio de la adjudicación y más que una mano loca en esa contratación.

Es muy lamentable que el Canal de Panamá esté en boca de todos, sobre todo de las noticias internacionales, cuestionando lo que hasta ahora ha sido un manejo transparente y eficiente de una de las maravillas del mundo.  Esta coyuntura debe servir para que todos los panameños tomemos conciencia que así como en el 2006 se nos convocó a votar por su ampliación –y hubo un alto porcentaje de abstencionismo porque la mayoría de los panameños no sabían en qué los beneficiaba la obra cumbre de la ingeniería del istmo – nos involucremos en conocer qué se ha hecho para que la riqueza que genera su manejo en manos panameñas permee a la mayor cantidad de los habitantes de este país.

Que el sopor que pareciera que nos tiene a todos obnubilados con el crecimiento a mansalva que arroja la ciudad de Panamá vaya a los campos y se rompa la pésima distribución de la riqueza que prevalece.  Así como somos el segundo país del área que más crece, somos el segundo país del continente donde hay más desigualdad.

No volvamos a cometer el error que nos sigan deslumbrando con espejitos como lo hicieron hace 500 y pico de años los conquistadores, pero tampoco dejemos que nuestros problemas los resuelvan los que siempre han venido a hacerlo.  Pareciera que ese es el escenario que se ha montado: comenzaron la obra sabiendo que no podrían terminarla para que la salven los gringos.  Nos costó mucho lograr el tratado que nos devolvió el canal para que ahora salgamos corriendo a entregarlo.  Es muy sensitivo que se politice el tema del incumplimiento de las empresas involucradas y veo con suspicacia que nuestro Superman en Palacio quiera ir hasta la Conchinchina a resolver lo que por ley no le corresponde.  Parece que ya lo hizo antes de tomar posesión, no dejemos que lo haga saliendo, para que se vaya de una vez por todas.