CUESTIONAMIENTOS A LA EDUCACION

Mariela Sagel

El Siglo, 17 de febrero de 2014

     El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) hizo su presentación anual del Índice de desarrollo humano la semana pasada, ante un numeroso público donde no faltaron los candidatos a puestos de elección.  Otros años esta presentación no se ve revestida de tanta pompa, ni se le da la divulgación que ha tenido por ser este un año electoral. Lo que toca ahora es tomar en cuenta sus resultados y recomendaciones, por parte de los que resulten electos.

Sus señalamientos apuntan certeramente a que el país se está escapando de nuestras manos, y que es urgente invertir mucho más en la infancia y en la juventud.  Uno de los expositores mencionó una hermosa analogía, de un niño que crece amado y así es como aprende a amar.  Es importante contar con un sistema educativo que profundice las conexiones entre el hecho cognitivo y el socio emocional, que se aumente la inversión para la formación profesional y técnica, aunado al desarrollo del arte, la ciencia y la cultura.

La formación de capacidades para la vida de los niños y jóvenes es una responsabilidad y un compromiso solidario del Estado, familias, escuelas, empresarios, medios y organizaciones.  No podemos pensar en el fracaso de la educación y señalar únicamente a las entidades responsables.  Desde la primera infancia, los padres estamos llamados a orientar, invertir y moldear ese individuo que es nuestro fruto y cuyo óptimo desenvolvimiento es nuestra absoluta responsabilidad.  No esperemos que una escuela o un sistema educativo vayan a recomponer una persona a quienes le damos malos ejemplos o no le orientamos.

Es cierto que Panamá es uno de los países de Latinoamérica que mayor crecimiento arroja, pero al mismo tiempo la juventud enfrenta desafíos de formación que podrían representar un serio obstáculo para su futura inserción laboral y el desenvolvimiento en la vida.

Ante esto, debemos arriesgar el sistema para avanzar hacia una verdadera revolución educativa, que ponga por delante la lengua, la ciencia, la historia y las matemáticas.  Medirnos para saber dónde estamos, abordar con responsabilidad la deserción escolar, evaluar constantemente al docente y ofrecerle capacitación, porque en esta era tecnológica, no puede nadie quedarse rezagado.

Monseñor Ulloa dijo recientemente, que estamos acostumbrados a responsabilizar a la clase política de la falta de ética, pero olvidamos que todos debemos ser éticos, y según nuestros parámetros y valoraciones, debemos elegir a nuestras autoridades y gobernantes.

Enhorabuena por la firma del pacto ético por parte de los partidos oficialistas, un año después que fue suscrito por el resto de los involucrados. Ahora a velar para que lo respeten.