Ventanas de cultura

MARIELA SAGEL
La Estrella de Panamá, 2 de febrero de 2014
Recientemente, el Dr. Juan Carlos Mas, en esta muy leída sección de Opinión de La Estrella, señaló la urgencia que hay en el país por espacios públicos que deben mostrar dos caras: su funcionalidad y su rostro cultural. Se refería puntualmente a las áreas de circulación del Metro de Panamá, que espera iniciar operaciones en un par de meses, contra viento y marea. Y resaltaba los ejemplos de los metros de Moscú, de Estocolmo y más cercano a nosotros, el de Medellín.

El año pasado escribí sobre el Metro de Estocolmo, que es la galería más larga de ese país, que es administrada por un consejo que selecciona las obras que allí se van a mostrar y está muy pendiente sobre las tendencias que se dan en las artes plásticas. Pero el Metro nuestro no debería ser el único espacio público que debe convertirse en una gran galería que muestre nuestras manifestaciones artísticas. El aeropuerto de Tocumen, tan cacareado como el gran ‘hub’ de las Américas, no tiene ni un espacio libre en sus largos pasillos para colgar nada adicional a publicidad comercial y no hay ni una sola obra de arte.

Los aeropuertos de casi todos los países dedican metros de metros de pasillos para que las galerías y los museos —y no solo las tiendas o las marcas—, realcen la cultura del país o las colecciones que enriquecen el acervo de esas instituciones. No creo que sea gratis ese espacio y me remito a una reciente polémica que tuvo muy molesto al escritor español Arturo Pérez-Reverte, cuando alguno de sus más de 600 mil seguidores en Twitter le disparó que ‘la cultura debe ser de acceso libre y gratuita’. La polémica se dio por un artículo que había escrito Javier Marías, sobre el prejuicio de la piratería de los libros. El caso es que si en el aeropuerto de Tocumen, como en todos los aeropuertos, se vende la pulgada cuadrada de espacio para anunciar, no debería dedicarse solo a publicidad comercial y de marcas, sino también a resaltar las manifestaciones artísticas del país.

Este aeropuerto nuestro es agobiante, no hay ni una sola librería y la triste esquinita que tiene Arrocha (que para muchos ha pasado desapercibida por muchos años) tiene muy pocos títulos en exhibición y debe costar un montón en concesión. Aparte de las tiendas elite que ahora ocupan un ala de la terminal aérea, los pasillos están inundados de tiendas tras tienda y hasta Black Friday celebraron en noviembre pasado en ítems tan impensables como licores. Por decir un nombre, las tiendas Hudson en Estados Unidos y Canadá siempre ofrecen los últimos títulos de libros que se hayan lanzado a nivel mundial, y también ofrecen objetos de viaje, peluches y ‘souvenirs’. Una cosa no es incompatible con la otra y mostrar solo la cara comercial en una terminal hace como que nuestro país no tuviera identidad propia, o como si se pasara por el país sin saber qué se pasa.

Sería muy estimulante que las estaciones de Metro, como indicó el Dr. Mas, tuvieran identidad propia y que resaltaran nombres y/o momentos históricos y no caigamos en la ya muy sopeteada manía de ponerle nombres en inglés o en spanglish o las dos. Si a una estación se le llama 9 de Enero, debería mostrar, en sus interiores, el desarrollo visual de la historia de lo que se conmemora en esa fecha. Con el olvido al que se está destinando nuestra historia patria, es muy saludable que tanto nacionales como extranjeros, y sobre todo, la juventud, sepan lo que ha costado este país y quiénes se inmolaron para gozar lo que hoy día tenemos, que no se ha hecho en 4 años ni en 40, sino durante más de 100 años de república y otro montón de décadas antes.