Pudor político

MARIELA SAGEL
La Estrella de Panamá, 9 de febrero de 2014
La Real Academia Española (RAE) define el pudor como sinónimo de honestidad y recato. En términos filosóficos, bajo la concepción de Aristóteles y de Tomás de Aquino, la falta de pudor es falta de vergüenza. Otras corrientes filosóficas lo consideran una manera de proteger la intimidad de cada uno de los individuos.
En estos tiempos preelectorales, donde parece que ya hemos visto casi todo lo que nunca se ha visto en 110 años de república (pero sí en casi cinco de locura), se ha llevado a una confrontación casi que de género (hombres versus mujeres) el hecho que la primera dama aceptara ser parte de la nómina presidencial y pareciera que se ha perdido toda cualidad de honestidad y recato, cualquier atisbo de vergüenza y se arriesga hasta la intimidad de las personas que figuran en la vida pública.La conformación de la papeleta Arias-Martinelli por el partido de gobierno, es una reelección disfrazada. Se insiste en profundizar en el debate político versus el constitucional, de que si es legal que la primera dama sea candidata a vicepresidente, pero no se mira el meollo del asunto, el que es una flagrante reelección. Si bien, por ley, la esposa no es pariente de su consorte, también por ley la base legal de la familia es el matrimonio, el que crea el núcleo y es a través de ese vínculo que se generan los parientes. En teoría, el cónyuge es la persona más cercana del núcleo familiar, en este caso, al esposo o compañero. O sea, es la actual primera dama, ahora candidata a vicepresidente por el partido de gobierno, la que le habla al oído al actual presidente.

No se vale que la esposa del presidente se pare delante de una convención y recuerde como en un concurso de poesía del colegio de monjas donde estudió, que sus orígenes son arnulfistas, entre risitas nerviosas y caras largas. Tampoco que indique que no es funcionaria pública y que seguirá en su puesto de primera dama de lunes a viernes y en horas laborables, y el resto del tiempo, a hacer campaña. Es inmoral y antiético este comportamiento y debe llevar al rechazo por parte de todos los miembros de nuestra sociedad, el que se nos tome como unos tontos.

Nuestras leyes establecen la veda reeleccionista para el mandatario que esté en el cargo. De ser electa la nómina Arias-Martinelli, habría una reelección velada, puesto que en cualquier momento se produciría un sismo —como los que remecieron recientemente al anciano jefe de la diplomacia panameña— y quede el príncipe consorte de la vicepresidenta como ministro encargado de la Presidencia. No nos damos cuenta que estamos permitiendo, no solo algo ilegal, sino algo inmoral.

Ya Panamá está en los titulares de todos los medios noticiosos del mundo, por la catástrofe del paro de la construcción de los trabajos de la ampliación del Canal. Si algo habíamos preservado alejado de la política había sido el Canal y finalmente ha sucumbido al poder casi omnipotente y definitivamente voraz del Órgano Ejecutivo. En los próximos meses veremos lo que no nos imaginábamos que sucedería nunca, porque lo estamos permitiendo, nos están ‘congueando’, como escribió recientemente Paco Gómez Nadal, el periodista español que el gobierno sacó del país hace un par de años y nosotros dejamos que lo hicieran.

Esto que vivimos ahora es inédito, y no deberíamos esperar a que los abogados presenten los recursos de inconstitucionalidad sobre si debe o puede correr la primera dama en la nómina del partido de gobierno, sino elevar nuestra más enérgica protesta por la falta de pudor político que sigue ofendiendo la majestad del país, que se dice constitucionalmente democrático y republicano, al permitir conductas a todas luces peligrosas para la resquebrajada institucionalidad.