La esclava y la gitana

Domingo, 25 de mayo de 2014 La Estrella de Panamá.

La novela, que tiene como escenario el siglo XVIII, consiste en un espléndido recuento de la vida de dos mujeres, de orígenes diferentes

 EFE

Mariela Sagel
marielasagel@gmail.com


Aunque La Reina Descalza , la tercera y última novela de Ildefonso Flaconés, fue publicada hace un año, no fue hasta diciembre del 2013 que tuvo lugar su presentación en la Feria del Libro de Guadalajara. Editada por el sello Random House Mondadori, una megaeditorial que recientemente se ha fusionado con Penguin y adquirió las ediciones generales de Alfaguara.

La novela, que tiene como escenario el siglo XVIII entre Cádiz, Triana, Madrid, Málaga y la frontera con Portugal, consiste en un espléndido recuento de la vida de dos mujeres, de orígenes tan distantes como opuestos (una cubana y otra gitana). El autor narra las circunstancias (ingratas, la mayoría de las veces) que rodearon sus vidas, amores y desamores en el tiempo que les tocó vivir.

EL RIGOR ANTES QUE NADA

En el 2006 Falconés tuvo su debut novelístico con La Ciudad del Mar , con el que conoció las mieles del éxito editorial. La obra se refiere a la construcción de la iglesia de Santa María del Mar, en la ciudad condal durante el siglo XIV y tiene la constante de la esclavitud y la libertad, la pobreza y la riqueza, la intolerancia religiosa y la discriminación social.

En su segunda novela, La Mano de Fátima, el autor nos relata una fascinante historia morisca, en los alrededores de Córdoba en el siglo XVI. Son relatos de amor y odio, donde se exploran las ilusiones que le dan sentido a la vida -y que a veces se sienten perdidas-, y una búsqueda por reflejar la realidad de un pueblo marginado. Fue publicada en el 2009, en conmemoración del cuarto centenario de la expulsión de los moros de España.

De hablar parco y maneras muy educadas, el autor no tuvo reparos en corregir a su parlanchín presentador en Guadalajara, el escritor mexicano Francisco Martín Moreno, que equivocó los tiempos, los nombres y los orígenes de los progratonistas, frente a una audiencia que murmuraba en voz baja comentarios no muy halagadores dirigidos al experto (en los arrebatos carnales de los mexicanos).

Con una espléndida portada, que semeja un abanico con escenas de la época -y que en España se vendía junto con uno muy elegante- instrumento usado por mujeres y hombres, tanto para espantar el calor como para enviar señales, La reina descalza es una novela que nos lleva a recorrer los tortuosos caminos que tuvieron que tomar los gitanos en la época de la gran redada (1749), un hecho que ha sido bastante olvidado y muy poco estudiado por los historiadores, pero que de la mano de una gitana que bailaba zarabandas y fandangos se nos hace más que un fresco histórico, una adicción por conocer esa época tan intensa de la historia de esa etnia proscrita.

‘LA REINA DESCALZA’

En enero de 1748, Caridad arriba a Cádiz. Se inicia así un relato fascinante, que desembocará en la libertad de esta esclava cubana, especialista en tornear tabacos y catar las mejores cosechas.

Caridad entabla amistad con Milagros, una gitana rebelde que llegará a ser llamada ‘la descalza’. Después de haber homologado sus soledades y de incubar sentimientos que terminan en amores imposibles, las amigas son sorprendidas por la Gran Redada de 1749, conocida también como ‘Prisión general de gitanos’, autorizada por el rey Fernando VI de España y que fue organizada por el Marqués de la Ensenada.

La operación se inició el 31 de agosto del año en mención. Se realizó de forma sorpresiva y sincronizada, en todo el territorio español, con el fin de arrestar a los gitanos y expulsarlos de los territorios peninsulares. Al separar hombres de mujeres se pretendía extinguir la etnia gitana. Esta orden se mantuvo vigente hasta mediados de 1763, cuando el rey Carlos III indultó a los gitanos. No fueron liberados hasta dos años después.

La madre de Milagros fue capturada. Su abuelo Melchor, de quien Caridad se enamoró, se entregó a la fuga. Temido por su talante y por su ferocidad, Melchor se convirtió en un protagonista de lujo.

El ritmo que el autor le imprime a la historia es trepidante: Triana, Madrid, Barrancos (donde se encuentra la etnia gitana, quienes denominan ‘payos’ a los que no son como ellos). Son desgarradoras las descripciones que hace el autor acerca de la vida de la cómica (equivalente a vedette), que es prostituida por su propio marido, que proviene de una familia que le guarda viejas rencillas a la suya.

No solo casi la lleva a la muerte, sino que dilapida sus ahorros para costear una vida distendida y mundana. El amor de un cura le salva la vida.

El relato de cómo se reencuentran estas dos mujeres, cuyas vidas están marcadas por la pasión y la venganza es un cautivador canto de libertad.

Aún cuando la historia y sus aristas son fuertes, las descripciones de las vestimentas, la música y la danza -así como las miradas suspicaces que se ocultan tras los abanicos- le otorgan mucho sabor a la lectura.

La hipocresía social, los prejuicios de las clases pudientes y su desprecio, intolerancia y desparpajo por quienes consideraban una clase inferior son fielmente reflejados en este relato de voces y danzas de esa raza de príncipes que bailaban descalzos.