Del Panamá que brilla

Domingo 23 de agosto de 2015

‘El aeropuerto de Tocumen, con su estrambótico hub, es otra impresión deplorable en este Panamá que brilla’

Mariela Sagel
marielasagel@gmail.com


La ciudad de Panamá da una impresión apabullante a los que la visitan por primera vez o a los que vuelven a ella después de muchos años de no visitarla. Su perfil o ‘skyline’ es comparable a una gran urbe, y partes de la ciudad, como Punta Pacífica y Costa del Este, parecen un pedacito de Shangai o Manhattan, proporciones guardadas. Sin embargo, la ciudad de Panamá es la que mejores (aparentemente) edificios tiene y las peores aceras, donde los peatones no pueden transitar, donde la basura brota en cada esquina, las tapas de las alcantarillas brillan por su ausencia y donde el peligro acecha por lo dificultoso que se ha puesto el transitar por sus calles.

No hay que ir muy lejos para darse cuenta de esto. En Obarrio, donde una empresa tiene casi cuatro años soterrando los cables, se dieron cuenta hace poco que todo lo habían hecho mal y están volviendo a abrir las calles. Ese paso obligado causa a diario unos tranques ineludibles, que afectan al libre fluido por el resto del área bancaria.

Si soterrar se ha vuelto un problema, el enmarañamiento de los cables en los postes es una vista de la que no quisiéramos acordarnos. Haría falta preguntarle a la Autoridad de los Servicios Públicos por qué, a doce años de haberse abierto el mercado de las telecomunicaciones, cuando este soterramiento estaba incluido entre las metas que se debieron cumplir para tener una concesión, esto no se ha concretado. También habría que preguntarle a los usuarios que han estado pagando mensualmente por este servicio, sin que se hayan terminado los trabajos a satisfacción.

El aeropuerto de Tocumen, con su estrambótico hub, es otra impresión deplorable en este Panamá que brilla. Funcionarios sin oficio ni disposición de servicio están apostados por todas las esquinas, los baños sanitarios no tienen papel ni jabón para asearse, y es inaceptable la conducta de los maleteros, que controlan la entrega de los carritos de equipaje y que son una especie de cofradía organizada que solo dispensa servicios desde un bolsillo de los miembros de su cooperativa. En cualquier país del mundo uno va a una máquina y paga por el uso de los portamaletas, y en muchos lugares son gratis. Es de pésimo gusto lidiar con estos señores que tienen los carritos encadenados a su voluntad.

En 1999 dejamos lista la privatización del aeropuerto de Tocumen para que lo hiciera el Gobierno de Mireya Moscoso. Ella le solicitó al presidente Ernesto Pérez Balladares que le dejara hacer ese acto público y en vez hizo una corporatización, que solo ha beneficiado a unos pocos en detrimento de los millones de usuarios y las otras aerolíneas que no están en la junta directiva. Es lamentable que nuestra ventana al mundo, la primera impresión que tienen los visitantes, esté manejada con tan poca visión y no ofrezca los más básicos servicios. Peor es que los ciudadanos sigamos permitiendo que nuestro aeropuerto no esté a la altura de todos los que nos visitan.

Esto no tendría mayor relevancia si el resto de las cosas fluyeran. En el país de los entuertos, seguimos con la fiesta de las detenciones preventivas y más recientemente con las medidas cautelares selectivas. Después de más de seis meses de estar en la cárcel, dos de los más conspicuos amanuenses de la ex-Gestapo del Gobierno anterior fueron mandados a sus cómodas viviendas, pero a los perros más flacos se les han pegado todas las pulgas.

Sigue el debate sobre el miembro de la Junta Directiva de la Autoridad del Canal que se quiere arropar con el blindaje que él cree que tiene y esta entidad alega que no tiene que renunciar para ser indagado. No será ilegal, pero es a todas luces inmoral y por respeto a todos los que queremos que el Canal sea manejado como hasta ahora, debería separarse del cargo, no solo él, sino todos los que tienen acusaciones a su maltrecha probidad.