El regreso de Larsson

Domingo 22 de noviembre de 2015 

La pluma de David Lagercrantz le da vida a la cuarta parte de la trilogía Millenium del desaparecido Stieg Larsson

El autor del cuarto libro de la trilogía Milenium, David Lagercrantz

Mariela Sagel
marielasagel@gmail.com


Nadie hubiera creído que habría una cuarta entrega de la Trilogía Millennium, esa que vendió 80 millones de ejemplares desde la publicación de su primer libro hace 10 años y cuyo autor, el sueco Stieg Larsson murió de un infarto unos días después de haber entregado el manuscrito de la tercera novela. Y no se trata de un texto inconcluso encontrado después de su muerte, que trajo tanto tira y afloja entre la familia de Larsson y su compañera de vida, a la que privaron de cualquier beneficio del éxito literario que ella ayudó a construir indefectiblemente. Esta cuarta entrega “Lo que no te mata te hace más fuerte”* fue planeada por la editorial y los beneficiados de las regalías y no se privaron de nada para hacer este cuarto libro uno que se consume como si fueran “Las 50 sombras de Grey” .

Los libros de la trilogía los había leído en español, y me ví las tres películas suecas y la que hicieron en Hollywood, que tuvieron pocos logros y sí mucha pompa. Fue tal el éxito de esa saga que hasta un escritor tan estirado como Mario Vargas Llosa, que llama ‘escribidor’ a cualquiera que él no considere que esté a su altura, en forma despectiva, le dedicó una de sus ‘Piedras de Toque’ —columnas sindicalizadas que se publican en varios diarios del mundo—, confesando la fascinación que esta trama le había despertado. Sin embargo, éste último decidí leerlo en inglés, idioma que tiene raíces más comunes con el sueco,—comparten entre ellas más de 1,500 palabras comunes— y me resultó muy satisfactoria la experiencia, pero más me satisfizo la transparencia con que David Lagercrantz ha logrado traer de vuelta al top of mind a una hacker como Lisbeth Salander y un periodista como Mikael Blomkvist —de hecho, lo hace ver más guapo y apetecible—, la fluidez del relato y las descripciones de relaciones y acciones, que por la rapidez con que ocurren a veces se pueden volver complicadas. El título en inglés es The girl in the Spider’s web que se traduce como La chica en la telaraña .

Contrario a los libros de Carlos Ruiz Zafón, que también ha manifestado su admiración por la trilogía de Larsson, y que ocurren en una Barcelona que se puede recorrer en cada esquina —hay un libro y un tour que se llama ‘La Barcelona de Ruiz Zafón‘—, en Estocolmo, a pesar de que lo anuncian, ofrecen un tour Millennium, pero se pasa por el Starbucks donde se encontraron los protagonistas o delante del posible domicilio de Lisbeth, que no vale la pena hacerlo, mucho menos en invierno. No se va a la isla de Hedeby, por ejemplo, donde ocurren las principales escenas del primer libro, Los hombres que no amaban a las mujeres , lo que lo haría muy interesante.

UN RELATO QUE DURA UN MES

El relato es trepidante porque ocurre desde inicios de un mes de noviembre hasta inicios de diciembre y durante ese tiempo sucede de todo y en todos lados. Así como Blomkvist casi no duerme en esos días en que vuelve a encontrarse con Lisbeth y no físicamente sino en forma virtual, uno no lo puede hacer por no soltar el libro. Encuentro que el autor ahorra muchos detalles que eran demasiado descriptivos en las novelas de Larsson —como las marcas, los nombres de los lugares donde iban— pero de igual forma ofrece líneas de evolución del relato que no permite que uno se pierda, aunque hay que estar alerta.

No hay muchas escenas de sexo y sí mucho de dramas sicológicos, puesto que los personajes tienen problemas que se remontan a su infancia y crianza. De la misma forma, la parte de la inteligencia artificial que todos parecen perseguir está bien lograda aunque para muchos no nos sea del todo familiar. En esta historia se involucra a la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, a la de Suecia, a los espías rusos y a todo el que tenga que ver con el tema. El personaje de August, el niño autista que presencia la ejecución de su padre y que despierta los sentimientos maternales de Lisbeth, lo que la empuja a defenderlo poniendo en riesgo su vida y lo estimula a comunicarse de la mejor forma que el niño puede hacerlo, está muy bien logrado.

Lo que no te mata te hace más fuerte

EL NUEVO LARSSON

David Lagercrantz no es un escritor menor, o un escribidor. Tiene varios libros publicados, uno sobre el pionero de la inteligencia artificial, que descifró los códigos nazis, además de una biografía de un atleta sueco. Es periodista y profundo investigador y su prosa diáfana nos muestra que no estamos ante un tipo que salió al paso para mantenernos adictos a la novela negra y la saga Millennium. Él mismo ha dicho, en ocasión del lanzamiento en agosto pasado de Lo que no te mata te hace más fuerte , que no se considera el nuevo Larsson, y le ha impreso su huella a la historia.

Lo que sí se aprecia con la lectura de este libro es que Millennium, que Larsson planeó iba a desarrollar en 10 libros, va a seguir, porque hay varias aristas que quedan dispuestas para que por allí se cuelen las historias. Lagercrantz revivió a Lisbeth de una manera maternal y hasta tierna, a Blomkvist le devolvió el brillo y la fama que estaba perdiendo porque la revista donde labora había cambiado de dueño y quería otro enfoque editorial y a los editores de la trilogía una franquicia con que seguir poniendo libros a disposición de los lectores.

Y que nadie se equivoque, el libro es una industria, y las industrias son exitosas si tienen consumidores. Lagercrantz ha hecho una muy buena ebanistería de la saga y le ha impreso su sello, se luce en las escenas de acción, algunas notablemente narradas. También en el haber, el ritmo y el tratar los temas técnicos con algo de profundidad, no en clave diálogo ciencia ficción. De igual forma, en ahorrarnos esas escenas de sadomasoquismo innecesarias. No hay queja de esta cuarta entrega de la Trilogía, solamente esperanza que pronto la siga, porque todos necesitamos leer a veces, como Vargas Llosa, ‘con la felicidad y excitación febril con que de niño leía a Dumas o Dickens…’