La fiesta de los panameños

Lunes 9 de febrero de 2015

Estamos en medio de la fiesta más importante del panameño, los Carnavales, en que la mayoría se contagia de una euforia casi delirante

Estamos en medio de la fiesta más importante del panameño, los Carnavales, en que la mayoría se contagia de una euforia casi delirante por cuatro días, y se olvida de los problemas del país, de por dónde anda el expresidente (a menos que aparezca por estos días saltando de cama en cama, como cuando estaba en campaña), del alza de la gasolina, de la electricidad y otros más acuciantes. Es como si le entrara a uno un sopor que hace olvidar o posponer todo.

Los Carnavales son una tradición que para muchos es obligatoria rendirle reverencia. Hay otros que, como yo, aprovechamos estos días para salir del país, hacer cosas más interesantes que tirarnos agua unos a otros y tomar desmedidamente, y ver otras realidades y otros horizontes. Cualquiera que sea la decisión que adoptemos, son días en los que hacemos un alto de nuestras obligaciones cotidianas y, estemos donde estemos, nos desconectamos de la realidad nacional.

Y es que esa realidad ha sido acuciante desde que inició el año. La captura de algunos funcionarios del pasado Gobierno, la estampida del expresidente que dice que va a regresar, pero no lo hace, y las órdenes de aprensión de varios otros –esperando que las autoridades judiciales se decidan a detener los grandes capos de los negociados— además del desfile de los que fuimos violados en nuestra intimidad, por medio de los pinchazos a nuestros teléfonos celulares, no ha dado sosiego a nadie, nos manifestemos o no.

Queremos ver, al final de todo, esta espuma que se ha levantado, los responsables del despilfarro y abuso de varios miles de millones de dólares, mal usados, que debieron solucionar muchas necesidades de las comunidades más pobres de nuestro país, algunas ubicadas dentro del área urbana, que ni agua ni alcantarillado tienen, mientras las luces de los rascacielos que ellos ven de lejos no se apagan ni de día ni de noche. Panamá es un país injusto y con una pésima distribución de la riqueza.