Pan y circo

Domingo 30 de agosto de 2015 

‘Más estrafalario aún que el presupuesto de este museo, (…), es la aprobación del desfile navideño de Disney en la ciudad capital’

Mariela Sagel
marielasagel@gmail.com


Con demasiada frecuencia escuchamos la frase ‘pan y circo’ como que es lo único que merezcan nuestros pueblos y tiene su fundamento, porque nos conformamos con pobres espectáculos suburbiales. Esta locución tiene su base en el latín «Panem et circenses» que es de índole peyorativa, y describe la práctica de un Gobierno que, para mantener tranquila a la población u ocultar hechos controvertidos, provee a las masas de alimento y entretenimiento de baja calidad y con criterios asistencialistas. No parece que este quinquenio vaya a alejarse de lo que abundó en la pasada administración y cada vez nos acercamos más a lo que unos llaman Congolandia y otras Lalalandia.

Hasta ahora, los casos llevados a la justicia por supuesta corrupción han sido a medias. La persecución de la mitad más uno del gabinete de los locos se queda en medidas cautelares preventivas, gozando de casa, país y otros espacios por cárcel. Debe haber una súper población en las pequeñas celdas de la DIJ y la Policía, y todos los allí recluidos van a dar a medicatura forense, porque cualquiera en esas circunstancias se enferma, aunque sea de claustrofobia.

Las mujeres corren mejor suerte, porque se las manda en forma expedita al Centro de Rehabilitación Femenina y allá también les da un faracho, aunque tengan iPad, celular y todas las comodidades que jamás una hija de la cocinera se imaginó tener, aunque estuviera en libertad.

Esta semana el asunto devino en estupor, cuando un prófugo de la justicia compareció voluntariamente a su cita judicial y fue condenado por el mismo fiscal que lo había absuelto y liberado. Lo medular, aparte de los señalamientos de lo que todos sabíamos, que era el abuso de información privilegiada para afectar a la bolsa de valores local, es que la persona que desapareció por este caso desde hace casi tres años no aparece, ni nadie da cuenta de su paradero, si aún vive y sobre todo, lo que tiene que decir al respecto. Es como un circo de varias pistas, ‘ahora les doy esta entretención, mientras tanto paro otras cosas’.

Pero lo del paro es preocupante, el informe de ejecución presupuestaria es alarmante, porque los sectores que demandan una urgente intervención y respaldo estatal apenas alcanzan a ejecutar un 30 % de lo asignado y en esas circunstancias están salud, educación, sector agropecuario y sobre todo, seguridad, que ha dejado de ser una percepción y se ha convertido en una realidad.

Mientras todas estas carencias afloran, se aprueba el presupuesto para un Museo de la Democracia, que es a todas luces una apología de los recalcitrantes opuestos al Gobierno militar. El país abunda en museos que se están cayendo y esta temática bien puede ser abordada con el mantenimiento de algunos de ellos, con una sala dedicada (y financiada) a este tema, que no es potestad del Diario La Prensa, pero no parar la lenta administración del Estado por un asunto semejante. Y la historia se repite: cuando gobiernan los arnulfistas desempolvan la lucha civilista, como si hubieran sido los únicos que participaron de ella. Cuando gobierna el PRD reviven los sentimientos nacionalistas y sacan del sótano la condecoración Omar Torrijos donde la mandaron. Todos los panameños le debemos a Jimmy Carter, que empeñó su palabra y su reelección como presidente de los Estados Unidos, un homenaje, porque nos permitió gozar de la soberanía plena de nuestro territorio y usufructuar los beneficios del Canal de Panamá.

Más estrafalario aún que el presupuesto de este museo, que al paso que lleva este Gobierno seguramente no se podrá inaugurar en esta gestión, es la aprobación del desfile navideño de Disney en la ciudad capital. ¿Por qué no hacer recreaciones de historias panameñas, como la Cucarachita Mandinga o algunos de los cuentos de Changmarín? ¿Pensarán que recreando a Micky Mouse les hacen la ilusión a los niños de la ciudad que van a Disneyworld? Lamentable que haya tantos recursos para tan poca creatividad. Disney no es sinónimo de Navidad.