Un escritor de película

Domingo 21 de junio de 2015 

“Después del asesinato de Allende, el escritor Antonio Skármeta tuvo que hacerle frente al exilio.”

Un escritor de película

Mariela Sagel
marielasagel@gmail.com


Antonio Skármeta, el escritor chileno conocido mundialmente por su novela El cartero de Neruda (llevada al cine como ‘Ardiente Paciencia’) y publicada en 1985, puede decirse que es un ‘hombre del renacimiento’ (‘Reinassance Man’). Además de director y actor de películas, también es cantante y compositor. Su esposa Norita es escultora, por lo que su ambiente rezuma arte por todos los poros.

Skármeta estuvo recientemente de gira promocionando el disco que hizo con Killy Freitas en Brasil, y actuando en el filme de Selton Mello, que está basado en su obra Un padre de película , un pequeño tesoro publicado hace unos cinco años, al que el autor se refirió en una entrevista que le hice en la Feria del Libro de Guadalajara como un homenaje a su padre, que fue ‘de película’.

Mientras todo esto ocurría, a inicios del mes de junio la cineteca chilena y el Instituto Goethe organizaron una muestra de las películas que, como director realizó Skármeta mientras estuvo en el exilio, y que fueron posteriores al asesinato del Presidente Salvador Allende.

Después del ciclo de cine ha viajado a Toronto, Canadá, para estar presente en el festival Luminato, que este año incluye una programación de teatro, danza, música, magia, ópera, artes visuales y literatura, donde presentó una lectura de El referéndum , la obra de teatro que fue la base para el filme NO , presentada hace un par de años en el Festival de Cine de Panamá. Allí también participó en el lanzamiento del proyecto ‘North South’, un trabajo de narración colaborativa, donde participan 12 autores, desde el ártico canadiense hasta Chile. Las lecturas del proyecto serán acompañadas por cantantes, como el dúo Amai Kuda y Josephine.

LAS PELÍCULAS DEL EXILIO

La vinculación de Antonio Skármeta con el cine data casi tanto tiempo como su cultivo de las letras. En 1973 el director alemán Peter Lilienthal filmó en Chile La Victoria , con guión del que después del golpe militar que depuso a Allende ayudaría a exilarse en Berlín. A partir de entonces estuvieron colaborando y gracias a esa solidaridad amistosa son los tres filmes del exilio de Skármeta. Dos de ellos eran prácticamente desconocidos en Chile, hasta que fueron presentados a inicios del mes en el ciclo de tres días que se organizó en la Cineteca Nacional.

Estas películas son Despedida en Berlín (1984), que es la historia de una familia chilena que vive en un departamento de Berlín, y la otra Si viviéramos juntos (1983) que es un diario de la cotidianidad del autor en Alemania, en la que aprovecha para incluir a varios artistas chilenos que comparten su exilio.

Su estreno fue en la Berlinale en febrero de 1983. En ella intervienen Oscar Castro, Nelson Villagra y Sergio Vesely, entre otros. La tercera es la cinta Ardiente Paciencia , donde Roberto Parada personifica a Pablo Neruda y Oscar Castro a su cartero. Para este fabuloso estreno se ha editado un DVD doble cuyo lanzamiento fue el pasado 4 de junio al tiempo que se pasaba Wenn wir zusammenlebten/Si viviéramos juntos , presentada por el mismo Antonio Skármeta.

El DVD viene acompañado por un pequeño librito escrito por el autor galardonado en Chile con el Premio Nacional de Literatura en 2014: ‘Gracias al respaldo de los redactores de los canales de televisión pude realizar mis tres películas, que se basaban en mis experiencias e ideales, con gran libertad. Están marcadas por el exilio; aunque surgieron de esta situación melancólica y en parte muestran situaciones dramáticas, proyectan esperanza, ganas de vivir y humor. A pesar de los problemas cotidianos que enfrentábamos los exiliados, estábamos convencidos que manteniendo la lealtad con nuestra historia y nuestros ideales, un día lograríamos el regreso en libertad a nuestros países… Cuando surgieron todas estas películas, la perspectiva de una Latinoamérica democrática aún era lejana. Me alegra que pese a la angustia vivida en esa época, no perdimos nuestra inspiración de representar nuestras esperanzas a través del arte, de la única forma que entonces nos parecía realista: como un recuerdo nostálgico o un sueño melancólico’.