UN PREMIO PARA LOS PAISES DEL PACIFICO AMERICANO

Mariela Sagel/La Estrella de Panamá, Facetas 27 de diciembre de 2015

Los novelistas de la cuenca del Pacífico Americano, que viene desde Canadá hasta Chile, están de plácemes: a inicios de diciembre se presentó en la FIL de Guadalajara (Feria Internacional del Libro) el premio Novela del Pacífico Americano en Español, que no solamente cuenta con una interesante bolsa de $50 mil dólares, sino que tendrá un jurado presidido por Leonardo Padura (cubano), e integrado por Rosa Beltrán (mexicana), Sergio Ramírez (nicaragüense), Noé Jitrik (argentino) y Darío Jaramillo Agudelo (colombiano).  Casi a la par del sustancioso premio, está la edición de la obra impresa por Editorial Siglo XXI y su posterior comercialización.

En el acto de lanzamiento de este importante premio en Guadalajara estuvieron presentes dos de los cinco jurados, Rosa Beltrán y Leonardo Padura, éste último se ha convertido en poco menos que un “rock star” de las letras, recibió el premio “Princesa de Asturias” este año y es considerado uno de los 50 intelectuales iberoamericanos más influyentes en la actualidad.

Dos semanas posteriores al lanzamiento del premio en la FIL (anteriormente, en septiembre, se hizo la presentación en Colombia) se realizó una interesante reunión en la ciudad de Cali, que es el epicentro de este premio, con el fin de evaluar los alcances de lo anunciado hasta ahora y los caminos que hay que tomar para reposicionar a esa ciudad, que fue eje y dínamo hace unos 30 años de las manifestaciones culturales de Colombia, en un centro cultural de excelencia.

Museo La Tertulia, en Cali, Colombia, ciudad donde se dará a conocer el Premio Spiwak

FILANTROPISMO SIN ESTRIDENCIAS

Detrás de todas estas iniciativas está la familia Spiwak, que han creado una fundación con su nombre y que en conjunto con importantes intelectuales y reconocidos artistas de la ciudad de Cali, se consolida a través de este premio, que será altamente significativo para la literatura en primer lugar, y posteriormente para las artes plásticas, el urbanismo y otras manifestaciones artísticas.  Ángel Spiwak, presidente de la fundación, y su hijo Boris, vicepresidente financiero, quien estuvo presente en Guadalajara, son fieles creyentes en que a través de las artes y la cultura es que crecen los pueblos y han puesto sobre la mesa esta apuesta que ha sido aceptada por todo los que han tenido conocimiento de ella.

La semana pasada se llevó a cabo otra reunión en Cali, Colombia, donde asistimos Juan Camilo Sierra Restrepo, crítico de arte, editor, gestor cultural y gerente hasta hace poco del Fondo de Cultura Económica; Darío Jaramillo Agudelo, que será jurado del premio, y quien es abogado, poeta, ensayista y novelista, con una vastísima cultura y la que suscribe, que fui a aportar mis conocimientos en el campo y con el entusiasmo de que de Panamá participen muchos novelistas.

Cali ha sido siempre un sensorium de la diversidad cultural que es Colombia, en ella se dan cita las más disímiles manifestaciones del arte y la creación, y sobre todo, es el puerto de intercambio fecundo con las culturas del continente y del mundo.  La fuerza que tuvo hace 30 años en las artes gráficas fue tanta que llegó a Panamá, pero para quedarse, pues el taller fundado por Pedro Alcántara Herrán, renombrado artista plástico y maestro grabador, hoy director de la fundación, todavía funciona y muy bien, en el Museo de Arte Contemporáneo.

Con la guerra de los narcos y el incremento del poder adquisitivo de éstos en torno a las obras de arte, Cali entró en una especie de lumpenización que dejó a un lado la calidad y excelencia por las tendencias de ostentación y decoración sin gusto que prevalecieron por un tiempo.  Se pretende, con esta iniciativa liderada por la Fundación Spiwak, devolver a la ciudad sus tradiciones históricas y su vocación democrática y festiva, que son un patrimonio intangible de los caleños, tanto en las artes, dramaturgia, cine así como en otras manifestaciones culturales.  Y no hay mejor manera de iniciar este rescate que con este proyecto de valoración positiva de la palabra, a través de la novela, de lo que se quiere volver a ser como ciudad y de lo que proyectan los caleños como creadores y gestores ante el país y el mundo.

PLAZOS Y BASES

La novela en español que concursaría para este importante premio debe tener un mínimo de 150 páginas, ser inédita y deberá ser entregada antes del 30 de marzo de 2016.  Solamente se permite una obra por participante.  El jurado, presidido por Leonardo Padura, se reunirá en Cali del 5 al 9 de agosto para ese día dar el veredicto y la entrega formal del premio, en su versión editada, corregida e impresa, se verificará en el marco de un magno evento que se planea hacer en el mes de octubre de 2016.  La editorial Siglo XXI será la responsable de editar, imprimir y distribuir en todos los países la obra ganadora.

En esta reunión del fin de semana pasado se hicieron visitas a medios de comunicación importantes como El País y El Tiempo, así como reuniones con la Fundación Carvajal y el rector de la Universidad del Valle, al igual que con la Gerente de Cultura de la Alcaldía, con una nueva gestión que tomará posesión el próximo 1º de enero.  Todos de manera unánime respaldaron la magnífica iniciativa de la Fundación Spiwak al diseñar y estructurar este premio con un jurado de tanta calidad y una bolsa de tan valiosa cuantía.

Los interesados en participar y que no tengan aún las bases del premio pueden descargarlas en www.premiospiwak.org.

 *El premio Spiwak lo ganó el colombiano Miguel Botero con su novela “Sueño Blanco”

LA ORTOGRAFÍA TAMBIEN ES RESPETO

Mariela Sagel/El Siglo, 27 de diciembre de 2015

Ciertamente que vivimos tiempos aciagos, no solamente en la falta de respeto que profesan las personas al estar chateando a toda hora y delante de todo el mundo –en estos días, los dependientes, en vez de estar solícitos atendiendo gente, hay que rogarles que dejen de chatear para que lo atiendan a uno— sino que la premura y urgencia con que quieren comunicarse los hace olvidarse de la ortografía, si es que alguna vez la aprendieron.

Hoy día, cualquiera que use un dispositivo electrónico, no debería cometer faltas de ortografía.  Las computadoras, tabletas y hasta los teléfonos inteligentes con los que se chatea a diestra y siniestra tienen corrector en español y en inglés, así que no debería ser una excusa que el teclado táctil lo haga a uno cometer errores.

Lo mismo pasa con las personas de a pie y funcionarios que son entrevistados en la televisión y dicen “haiga”, “hubieron” y otras bellezas de conjugaciones o americanismos populares como “jondear”.  Los medios de comunicación deben jugar un papel muy importante en la forma en que presentan sus noticias, en qué dicen sus figuras estelares en televisión y sobre todo, en que sepan de qué hablan, porque la mayoría de las veces solamente repiten lo que dice el “telepronter” y si éste se equivoca, no saben qué hacer.

Recientemente una persona se sintió ofendida porque yo defendí un artículo cultural que reseñaba un libro.  Mi defensa era en cuanto al libro y su autor, no sobre el tema que trataba, pero ella no lo veía así.  Me puso en mi muro de Facebook: me haz ofendido, cuando debió decir: me has ofendido.  Como inmediatamente me sacó de sus amigos, me sentí secretamente relevada de tener que corregirle su error públicamente.

Más irrespeto hay en cómo uno escribe que en lo que uno escribe.  Un texto lleno de equivocaciones es una falta de respeto, de la misma forma que conjugar el verbo haber en el sopeteado “hubieron” que por más que se corrija no hay manera que lo abandonen.