LA ORTOGRAFÍA TAMBIEN ES RESPETO

Mariela Sagel/El Siglo, 27 de diciembre de 2015

Ciertamente que vivimos tiempos aciagos, no solamente en la falta de respeto que profesan las personas al estar chateando a toda hora y delante de todo el mundo –en estos días, los dependientes, en vez de estar solícitos atendiendo gente, hay que rogarles que dejen de chatear para que lo atiendan a uno— sino que la premura y urgencia con que quieren comunicarse los hace olvidarse de la ortografía, si es que alguna vez la aprendieron.

Hoy día, cualquiera que use un dispositivo electrónico, no debería cometer faltas de ortografía.  Las computadoras, tabletas y hasta los teléfonos inteligentes con los que se chatea a diestra y siniestra tienen corrector en español y en inglés, así que no debería ser una excusa que el teclado táctil lo haga a uno cometer errores.

Lo mismo pasa con las personas de a pie y funcionarios que son entrevistados en la televisión y dicen “haiga”, “hubieron” y otras bellezas de conjugaciones o americanismos populares como “jondear”.  Los medios de comunicación deben jugar un papel muy importante en la forma en que presentan sus noticias, en qué dicen sus figuras estelares en televisión y sobre todo, en que sepan de qué hablan, porque la mayoría de las veces solamente repiten lo que dice el “telepronter” y si éste se equivoca, no saben qué hacer.

Recientemente una persona se sintió ofendida porque yo defendí un artículo cultural que reseñaba un libro.  Mi defensa era en cuanto al libro y su autor, no sobre el tema que trataba, pero ella no lo veía así.  Me puso en mi muro de Facebook: me haz ofendido, cuando debió decir: me has ofendido.  Como inmediatamente me sacó de sus amigos, me sentí secretamente relevada de tener que corregirle su error públicamente.

Más irrespeto hay en cómo uno escribe que en lo que uno escribe.  Un texto lleno de equivocaciones es una falta de respeto, de la misma forma que conjugar el verbo haber en el sopeteado “hubieron” que por más que se corrija no hay manera que lo abandonen.