EL CHE GUEVARA EN NOVELA GRAFICA

Por Mariela Sagel/Facetas, La Estrella de Panamá, 19 de diciembre de 2015

Una de las magníficas presentaciones de libros a la que tuve el privilegio de asistir en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) fue a la de la adaptación a novela gráfica de la afamada obra del respetado periodista estadounidense Jon Lee Anderson, columnista de The New Yorker, “Che Guevara, una vida revolucionaria”.  Mi expectativa era inmensa, casi parecida a la que tenía de escuchar a uno de mis más admirados cronistas y periodistas vigentes, que invirtió cinco años en investigar a profundidad la vida de Ernesto Ché Guevara, un ícono universal del héroe clásico, casi como Ícaro o como Dios, que puso a la disposición del mundo entero el sacrificio por sus ideales, y por cambiar ese mismo mundo que se le hacía injusto.

Esta biografía, que fue publicada en inglés por primera vez en 1997, el mismo año en que aparecieron finalmente, después de treinta años, los restos del guerrillero ultimado en Vallegrande, Bolivia, gracias a las declaraciones que Anderson pudo arrancarle al militar que comandaba la patrulla que lo capturó, es considerada la mejor.  El periodista investigó en nueve países, consultó 220 libros, abrió archivos hasta entonces cerrados y estableció una buena relación con la viuda del Ché, Aleida March, que a su vez abrió otros archivos, hasta entonces vedados a los ojos del mundo.  No es su biografía oficial, es voluminosa y muestra toda la gama de grises de una personalidad y una vida como la que tuvo el revolucionario argentino que fue apartado por el mismísimo Fidel Castro de sus labores al frente de la Revolución Cubana por su tendencia maoísta.

Portada del II tomo de la biografía del Ché Guevara, escrita por Jon Lee Anderson

EL CHE, HÉROE Y DEMONIO

Para todos los que tenemos un mínimo de curiosidad y otro de responsabilidad por conocer la historia es propia la leyenda del Ché Guevara, llevada a producto de consumo turístico en Cuba después del período especial y de la reingeniería que hubo que hacerle a la Revolución Cubana.  No solo Anderson fue seducido por este personaje, lo han sido muchos escritores como Paco Ignacio Taibo II y otro montón, a favor o en contra, pero lo importante es que para nadie es desconocido el joven médico que sufría de asma y cruzó las Américas en motocicleta. Iba con sus libros de ideología marxista por el continente, en pleno apogeo del imperialismo estadounidense y de los golpes militares, que alimentaban su toma de consciencia en las desigualdades que veía en los países que visitaba.  Según Jon Lee, el momento clave sería su estancia en Guatemala, en 1953, donde vivió el derrocamiento, auspiciado por Estados Unidos, del Gobierno democrático de Jacobo Arben. “La indignación social, la rabia, hizo de gatillo ideológico para él”. Según el biógrafo, “allí dejó su búsqueda ideológica y se paró en el peor momento, con el estalinismo”. Porque, para Anderson, cuando murió Ernesto Guevara, en 1967, “estaba madurando ideológicamente; con el tiempo, se hubiera moderado”.

Presentación de la novela gráfica, II tomo, con Jon Lee Anderson y el ilustrador a cargo de la obra José Hernández

NOVELA GRAFICA

Esta nueva versión de la biografía más completa escrita por uno de los mejores cronistas de nuestro continente fue adaptada por José Hernández desde hace un año y editada por la Editorial Sexto Piso y Conaculta, el Consejo Nacional de las Artes y la Cultura de México.

En su presentación en la FIL, Hernández decía, en forma jocosa, ¿”Qué pensaría el Che si supiera que su mejor biografía la escribió un gringo”?  Hernández es un caricaturista mexicano, codirector de la revista de humor político “El Chamuco” y parte del equipo gráfico de “La Jornada”.  Tanto él como Anderson trabajaron un año en esta ilustración que por lo denso del material escrito fue dividida en tres partes, siendo esta la segunda y la que comprende la estadía del Ché en Cuba.  Los números 1 y 2, que se escenifican en México y en Bolivia respectivamente, aún no han sido editados.

“Yo quería contar una historia y no nada más ilustrar la biografía. No poner datos históricos y fechas con monitos, sino contar lo que le pasaba al personaje“, aseguró Hernández. Y logra hacerlo al desmenuzar la biografía en un relato no lineal, que parte con la carta que le escribe el Che a Fidel Castro al dejar Cuba en 1965 y a partir de ella el relato vuelve a los episodios más importantes en forma de “flashbacks”.  Para Anderson, la adaptación de su biografía ha sido interesante, pero no fue un proyecto fácil.

Estuvieron de acuerdo en algunos temas y en otros no, pero siempre se mantuvo el diálogo entre ellos y eso se notaba en la presentación, donde un Jon Lee, con un español impecable, hizo referencias hasta jocosas de las instancias del proceso.  Todos los presentes saben que este relanzamiento es una oportunidad de hacer accesible la historia del Che a las nuevas generaciones.

Una buena anécdota relatada por Hernández es lo que pasó cuando éste trató de “hacer trampa” utilizando fotos del Che que no pertenecían a la época específica del relato. “Jon se dio cuenta de inmediato”.  A tal punto hubo independencia de criterios que el ilustrador se resistió a utilizar la icónica foto del Che con boina negra mirando al horizonte que aparece en posters, camisetas y murales en todo el mundo tomada por Alberto Díaz Korda. En la novela gráfica el episodio es retratado con el Che de espaldas, mirando a Korda retratarlo.

La historia de este ícono de generaciones sigue presente, ya que el Che representa “una especie de Cristo moderno”, es decir, la “estampa misma del idealismo implacable, del guerrillero, del visionario. Del hombre que está dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias por sus ideas”, asegura Anderson.

La novela gráfica busca rescatar las partes más desconocidas del líder revolucionario, como su relación con su madre y con su primera esposa.  Hernández reconoce que no se puede contar todo. “Hay muchas cosas que se quedan, muchas que no están contadas. Pero el criterio de selección fue que la historia se fuera contando”, aclara.

Después de 48 años de su muerte, el Che sigue dando de qué hablar a personas de todas las edades. “Tiene un contenido político que trasciende culturas y tiempo”, señala el autor de la biografía más conocida del Che, el periodista Jon Lee Anderson. “El Che siempre es relevante, más allá de las modas. Es un tipo de hombre necesario: idealista y coherente”, coincide Hernández.

SER JUEZ Y FISCAL

Por Mariela Sagel/La Estrella de Panamá, 19 de diciembre de 2015

El día de hoy se cumplen 26 años de la cruenta invasión que sufrimos los panameños por parte de los Estados Unidos para remover del poder a “su hombre en Panamá”.  Innecesaria, cruel y feroz, 26 mil hombres vinieron por Manuel Antonio Noriega, pero él fue a refugiarse en las sotanas del Nuncio y se entregó voluntariamente a la justicia estadounidense.  Pasan los años y no hay político que se atreva a decretar el 20 de diciembre como duelo nacional.  En esto hemos debido convertirnos, en jueces y fiscales, para valorar en su justa dimensión lo que se llamó “Just Cause” pero fue al final “Just Because”.

He quedado perpleja más no sorprendida por el reciente artículo de Mario Rognoni, en su columna de los martes en este diario, donde en resumidas cuentas, defiende la gestión de Ricardo Martinelli, como un presidente con visión.  Trataré de orientar al amigo dentro del respeto que se merece, para que no quede duda que la única visión que tuvo el prófugo en rebeldía fue la de enriquecerse aún más.

Dice Mario que Martinelli soñó con proyectos como el Metro, el Metrobus, la ciudad hospitalaria, la cadena de frío, los pasos elevados e intersecciones espectaculares, mercados de abastos, expansión de Tocumen, aeropuertos en France Field y Rio Hato, proyecto Curundú, ampliación de carreteras, etc.

De todas estas obras de sueño, las únicas que se concretaron fueron el Metro, –porque estaba diseñada y concebida desde 1998— y Curundú.  El Metrobus ha tenido un sinfín de traspiés y ni hablar de la cadena de frío, la ciudad hospitalaria, el aeropuerto de Río Hato, que murieron en su cuna o son hoy obras muertas para la actual administración.

No creo que Ricardo Martinelli necesitara de las sabias acrobacias fiscales de su ministro de Economía, pues él se las sabe enteras: ha jineteado la plata de sus proveedores durante más de 20 años en su cadena de supermercados.  En relación a su conocimiento no o no de quiénes coimeaban (además de él) es ampliamente conocido que todos los acusados o sindicados indican que tenían órdenes directas de sus allegados o su banda de Alí Baba de que le tocara un pedazo a él.  Conociendo su personalidad no se le escapaba una, y si sospechaba que alguno estaba haciendo travesuras, sin empacho le hubiera dicho que o le daba a él o iba para afuera.  Defender que nunca supo que el director del PAN estaba en grandes negocios es como afirmar que no usaba el tuiter.

Dice Mario tan cándidamente que el fugitivo seguramente está sorprendido por lo de los pinchazos, pero fue él quien pidió y seguramente todavía tiene en su haber la máquina pinchadora, porque a confesión de parte, relevo de pruebas: en gobierno amenazó a los socios de un diario local que tenía un dossier de cada uno de ellos.

Mario sabe que si no lo sabía, alguien se lo decía al oído, porque los allegados al poder lo que más disfrutan es en el lleva y trae y el bochinche, sobre todo para perjudicar a terceros.  ¿O es que no se acuerda por qué fue que Martinelli fue removido del cargo de Director del Seguro Social?  Mencionar la ciudad hospitalaria y los Minsa Capsi, la primera construida al lado de una cantera de un socio y sin accesos para los usuarios y con materiales inadecuados, y los segundos, levantados con tecnología de punta en sitios donde no hay ni luz ni agua muestran la verdadera cara de los gánsteres que nos gobernaron: contratos a toda costa y si son llave en mano mejor, para que los que siguen se jodan.

No querido Mario, la historia no lo absolverá y gracias a Dios no eres abogado porque seguramente estarías en el ejército de leguleyos que lo defienden, a cuál más cuestionado que el otro.  No fue un soñador, fue el más corrupto de los corruptos y eso la historia lo probará.

*El querido amigo Mario Rognoni murió en octubre 2016 a la temprana edad de 73 años