ABANDONANDO EL SEXISMO

Por Mariela Sagel, El Siglo, 18 de abril de 2016

La Real Academia de la Lengua se ha manifestado recientemente en virtud de abandonar el sexismo en el lenguaje, es decir, dejar de decir señores y señoras, abogados y abogadas, escritores y escritoras, etc.  Esto se da después de casi 10 años de arduo debate, y de adopciones caprichosas como las que hizo el Presidente Maduro de Venezuela y los abusos de la ex presidenta de Argentina.  Se le había llamado lenguaje incluyente y las organizaciones feministas se abanderaron con esta muletilla, pero finalmente la RAE se ha pronunciado en torno a esta necedad.

No se le hace ningún favor estar insistiendo en esta inclusión, cuando hay temas más importantes para adoptar la misma, como son el admitir en la sociedad aquellas personas con necesidades especiales, sea por discapacidades físicas o intelectuales.  No está mal decir al inicio de un discurso: señoras y señores, es hasta cortés, pero insistir en feminizar o masculinizar todos los nombres nos puede llevar a verdaderos aprietos.  ¿Cómo le diríamos a un tortuga? ¿Tortugo? ¿Tortugón?  Parece fácil pero a veces se complica.

Nuestra sociedad, tan proclive a sobredimensionar a los hombres y subyugar al género femenino, tiene que andar con pies de plomo. No solo en el lenguaje sino en la participación que tengamos las mujeres, pero no por cuotas pre establecidas, porcentajes fijos o imposiciones de género sino por méritos, y los hay, muchos.  Las mujeres estamos en igual capacidad de hacer casi todos los trabajos que hacen los hombres, pero ellos sí que no pueden hacer lo que nosotras hacemos, como gestar un ser humano, parir y amamantar.

El reclamar que nos llamen periodista, poeta, economista u otra profesión que no tiene femenino o masculino, sino que la determina el artículo que se le anteponga, no nos hace mejores, lo que otorga excelencia es la forma en que uno desempeñe la profesión o cargo que tenga o asuma.