FANTASMAS QUE APRENDEN A CRECER

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá. 21 de febrero de 2016

Esta semana empiezan de nuevo las clases en la mayoría de las escuelas públicas y privadas de Panamá, y se repite el vicio de no haberlas reparado, de gozar de pésimas condiciones y aducir que son vicios del pasado.  Y en verdad son, porque no se ha adoptado la sana práctica de dar mantenimiento de lo que se tiene, sino que se le da uso a ultranza, como si fuera eterno.

Esto no solo pasa en los centros escolares, pasa en las infraestructuras con que cuenta el estado y que tienen la obligación de brindar servicio o se les alquila para fines particulares. Hace unos años, después de una accidentada visita al Ministerio de Educación sugerí desde esta misma trinchera, que se debería crear una especie de vice ministerio de infraestructura para el mantenimiento óptimo de las escuelas, porque dejar eso en manos del Ministerio de Obras Públicas sería un disparate.  Y eso que en ese tiempo el MOP por lo menos hacía las mega obras de las que se robaron la mitad o tres cuartos de lo que costaban.  Ahora este ministerio está metido en un inmenso hueco tuitero y ni su trabajo hace.

Pero el tema que quiero tratar hoy no es la aguda deficiencia que hay en el estado sino preguntar si alguien sabe qué pasó en algunos casos, cuyo fantasma no ha logrado desaparecer pero no aprende a crecer.  Me refiero a los casos de Mayer Matalón, que no sabemos si esté en Colombia, si está libre, o si está pagando los desafueros de su padre.  Me refiero a Salo Shamá, que se lo tragó la tierra y nadie lo señala como responsable de millonarios desfalcos, del flamante secretario privado de Martinelli, que se fue en una eterna luna de miel, y también me refiero a los tontos incautos que respaldaron por todo lo alto el gobierno anterior y fueron condecorados al final de la gestión. Algunos están pasando agachados, otros están pagando la peor de las penas en las celdas de detención preventivas (ojo, que no son cárceles) y los más siguen viviendo la vida loca sin importarle lo que hayan hecho, como es el caso de Nicolás Corcione, que goza de ser director de la Junta Directiva del Canal sin que se sepa qué resultados ha arrojado la investigación que se le seguía y de la cual quiso poner pies en polvorosa.

El expresidente auto exiliado en Miami se hizo el gracioso, una vez más, sometiéndose a una operación del corazón y aquí, ni sus más fieles adláteres hicieron la alharaca que se esperaba porque lo más seguro era que fue un “show” montado para arrancarnos un mínimo de compasión.  Ni se mencionó que la fiel y abnegada ex primera dama lo estaba acompañando y se había convertido en su Florence Nigthingale en el exilio dorado de la avenida Brickel.  Es sospechoso que en un año de estar en Miami, no le ha dado al inquieto diputado del Parlacen por salir a darse una vueltecita por el mundo y nos lleva a ver el fantasma de una protección colosal de la gran potencia por todo lo que le permitió hacer en nuestro territorio.

Y en este país de fábula y jolgorio, donde todo se toma a broma, le hemos dado más importancia a la telenovela Gucci que a la de Finmecanica.  Entre una y otra, la primera ha creado más morbo, titulares, tuits y comentarios que la segunda, que pocos entienden.  Y qué decir del Gafi, que si bien parece un buen logro para el país, es posible que volvamos a caer en una de esas listas porque estamos dando los mismos pasos que en el quinquenio anterior, a otro ritmo y con otro estilo, pero hacia el mismo desafuero: repartir el país entre los grandes capitales, ahogar a la clase media y seguir aporreando la pueblo, que en esta vuelta, definitivamente, no ha sido primero.