LAS SILLAS MUSICALES

Por Mariela Sagel, El Siglo, 1o. de febrero de 2016

Muchos de nosotros recordamos un juego que compartíamos cuando los smartphones y las tabletas no eran artículos de uso diario y los niños se entretenían saltando la soga, jugando al escondido o a las sillas musicales.  Hasta un juego de jacks está en desuso y es raro encontrarlo.

Parece que en los ministerios se juega a las sillas musicales, porque lo que era malo en el gobierno anterior, no parece ser malo en éste. Igual pasa en la Corte Suprema y ni hablemos de la Asamblea, que está para que la cierren, sin que sepamos qué hacen los diputados porque leyes no vemos sino peloteras.

Dos ministros “la botan” al nombrar a parientes cercanísimos en puestos importantes, y beneficiar con contratos a un yerno.  Me refiero al de la Presidencia, que primero nombró a su sobrino como secretario de esa cartera.  Ante la presión, desistió de su terquedad pero no contento con eso, nombró a la madre de ese sobrino (su cuñada) embajadora en Francia.  Como si lo necesitara.  No dudo que la señora hará un espléndido papel pero ¿qué dicen los diplomáticos de carrera ante esto? Y sigue el jueguito: autorizó un contrato por insistencia donde su yerno es el gerente de la empresa beneficiada y cuando le preguntaron por todo esto dijo que los periodistas eran esbirros de los medios para los que trabajan.

Otro, que se le llama “consejero” tiene a su hermano al frente de Aeronáutica Civil, seguramente bajo las mismas condiciones que el anterior, que sabía de aviación por tener un avión.  A su hijo de embajador en Dubai y ahora, están investigando su firma por lavado de dinero en Brasil.  Como dice el gran Domplín, son “angurrientos”, no se sacian nunca.

El Ministro Henríquez tuvo más decencia al desistir de mantener a su cuñada nombrada en su despacho y a su hijo de embajador en Israel.

Pobre país, donde las cosas se manejan como una finca privada.