ME INVADE UNA TRISTEZA CREPUSCULAR

Por Mariela Sagel, 3 de abril de 2016, La Estrella de Panamá

En Panamá sufrimos de una quejadera impresionante. Se dice que somos de los países más felices pero todo el mundo se queja: el tranque, la lentitud del gobierno, el calor, el Niño, la Niña, la burocracia y una lista interminable.  En el libro “The culture of complaint” (la cultura de la queja) de Robert Hughes, el autor señala, por ejemplo, que con una eficiencia trasnochada, Ronald Reagan dejó a su país en 1988 más estúpido que lo que era en 1980, y más tolerante a las mentiras.  Aquí vamos por el mismo camino, ascendemos como país, pero no avanzamos en educación, salud, cultura, alimentación, patrones de conducta edificantes, valores familiares sustentables no en posesiones sino en el conocimiento. Se ha asumido la premisa que el gobierno puede robar si hace obras. La corrupción se está convirtiendo en una práctica tolerable.

Escuché al economista Felipe Chapman mencionar que la ejecución del presupuesto de los Correos Nacionales era de 0% y ese mismo día fui a recoger mi correspondencia en mi apartado postal y me informó la encargada que les pasaron un memorándum comunicándoles que no se imprimirán sellos postales por falta de presupuesto.  La impresión de estampillas se institucionalizó desde el siglo XIX en Gran Bretaña y en Panamá data de 1903 y recordemos que fue una imagen del volcán Momotombo en un sello postal lo que determinó que el Canal de Panamá se construyera por aquí y no por Nicaragua, que ya imprimía estampillas desde 1862.  Los filatelistas deberían emprender una cruzada para defender y rescatar los Correos Nacionales, empujar una ley para mejorarlos y acabar con el mote de patito feo que tiene ese importante servicio que es primordial para todos en el mundo, a pesar de los correos electrónicos y los whatsapp.  Claro que ahora solamente llegan a los apartados postales las cuentas pero de vez en cuando se recibe alguna tarjeta postal y por lo menos en mi caso, libros que pido a otros países.

Siento verdadero pesar por el cierre de la librería Exedra Books, ubicada en la Vía España y Vía Brasil, no solo por ser un espacio donde se venden libros sino por la oferta cultural que ella ofrecía, con salones para presentaciones, reuniones y tertulias, con una cafetería eficiente.  La razón no es que en Panamá no haya lectores, como algunos se han apresurado a aseverar, sino que la propiedad fue vendida y seguramente allí levantarán otro edificio gigantesco y se seguirá enredando más la ciudad y el tráfico.  Estamos llenos de mini centros comerciales y el mercado de bienes raíces está en franco retroceso, todos los espacios quieren ser locales para restaurantes y tiendas que nadie visita y los más resonados malls ya no tienen la afluencia de antes, ni por parte de los mirones.  Ojalá que ese tiempo que se empleaba en ir a los malls se usara en visitar museos, pero éstos también están para los tigres, a excepción de los privados.

El INAC anunció que el Teatro Nacional será reabierto solo para visitas, después de casi 10 meses de estar cerrado, pero no se podrá usar para espectáculos.  El estado debería aportar el dinero para rescatar este patrimonio valioso de la misma forma desprendida en que le dio a la Nunciatura los millones de dólares para su nueva sede.  Eso también debemos exigirlo como ciudadanos responsables.

Entre tantas quejas hay algunas buenas noticias: condenaron al soldado estadounidense que asesinó a la joven Vanessa Rodríguez a 30 años y baja deshonrosa del ejército y al poeta José Franco le han concedido el Premio Rogelio Sinán.  Esta condecoración es una iniciativa conjunta del Ministerio de Educación (MEDUCA), el Instituto Nacional de Cultura (INAC) y el Consejo Nacional de Escritoras y Escritores de Panamá (CONEYEP). El poeta veragüense, ex director del INAC, periodista y diplomático, cumplió 80 años la semana pasada pero no lo celebró al estilo Vargas Llosa.