LO MISMO DE SIEMPRE

Por Mariela Sagel, El Siglo, 4 de enero de 2016

Todos los inicios de año nos hacemos propósitos que muchas veces no logramos cumplir, sea por falta de voluntad, por poca disciplina o algunas veces, por la maldita burocracia, que todo lo retrasa.  Lo cierto es que los propósitos más básicos, como ser mejores ciudadanos, no tirar la basura en los lugares donde no se debe, reciclar lo más que se puede, respetar el derecho ajeno –aunque me moleste— ni se nos pasan por la cabeza.  En cambio, prometemos bajar de peso, rezar más, hacer más ejercicio y un montón de sambenitos que están trillados y nunca se cumplen.

Nuestro país enfrenta este año bisiesto muchos retos y no parece que esos retos queramos asumirlos.  Por un lado está la culminación de la ampliación del Canal de Panamá, que ha sido demorada intencionalmente por los contratistas, que cada 25 de diciembre se salen con un regalito de sobrecostos.  Por el otro lado, la severa sequía y sobre todo, falta del recurso hídrico, que es nuestro mayor patrimonio natural.  No sé si el panameño común sabe lo grave que es el desperdicio de agua, las mojaderas, lavar el auto a borbotones y que las tuberías se rompan y no sean reparadas en semanas.

Más grave aún es que a casi dos años de gestión, el gobierno parece no arrancar por la sencilla razón que no tiene proyectos a los que asirse.  Unos le llaman lentitud, otros que se está invirtiendo mucho en juzgar a los anteriores.  Yo lo llamaría falta de visión del país que queremos, ya que los indicadores económicos marcan que seguimos creciendo y a ritmos envidiables para otros países, con recursos naturales e industriales mucho más fuertes que lo que tenemos.  Se tiene que llamar a juico a todos, sin distingo, los que cometieron ilícitos.  También se tiene que planificar hacia dónde vamos.  La primera parece entenderla bien la procuradora, la segunda no creo que ninguno de los ministros lo tiene claro, cuidado que ni el Presiente.

 

COMO LA SOMBRA QUE SE VA

Por Mariela Sagel, Facetas, La Estrella de Panamá, 3 de enero de  2016

La última novela del escritor español Antonio Muñoz Molina, “Como la sombra que se va” trata sobre las últimas semanas en libertad del asesino del líder de los derechos civiles de los negros, Martin Luther King, después de dispararle cuando estaba parado en el balcón del Lorraine Hotel de Memphis hasta su captura en el aeropuerto de Heatrow, Londres.  Trata también de la búsqueda de un joven aspirante a escritor que se fue a Lisboa en 1987 tras la inspiración para la novela que lo consagró.  Son la misma persona, y está escrita en una forma muy personal y muy honesta, porque como dijo el autor en la presentación del libro en la FIL de Guadalajara, “lo que hace a la ficción es la potestad de armar toda la trama”.

Muñoz Molina es un escritor consagrado, académico de la Real Academia Española, periodista y versado en arte y música, a tal punto que en este libro uno se va de bruces con la cantidad de referencias que hace de los cantantes de jazz, primordialmente.  Ganó el premio de las Letras Príncipe de Asturias en 2013 y es justo ése el momento de inflexión cuando decide entrarle a esta historia, quizás guardada en lo profundo de su inconsciente por la coincidencia que así como él huyó virtualmente a Lisboa cuando su hijo acababa de nacer, James Earl Ray estuvo escondido en la capital portuguesa cuando cometió el magnicidio.

El escritor español Antonio Muñoz Molina

Muñoz Molina es también un gran articulista y sus columnas son de obligada lectura semanal por la búsqueda incesante de las razones ciudadanas, literarias y otras relacionadas que hacen al ser humano tomar uno u otro camino.  Condujo una interesante conferencia en la FIL sobre literatura y ciudadanía.

Portada del libro “Como la sombra que se va”

JAMES EARL RAY

James Earl Ray le disparó con un rifle a Martin Luther King desde el baño de una pensión que daba frente al balcón del hotel Lorraine, donde se hospedaba el líder negro de los derechos civiles el 4 de abril de 1968.  Apenas dos meses después Robert Kennedy fue asesinado y dos años más tarde se separó el grupo de rock los Beatles.  Esa fue la referencia que usó el magnífico presentador de la novela de Muñoz Molina, el escritor y periodista Jorge Fabricio Hernández para romper el hielo en la presentación, manifestando su admiración por el escritor nacido en Úbeda, Jaén, que es también su amigo desde hace 30 años.  Con esto logró crear la epifanía de unir la admiración y el afecto.  Su intención era llevarnos a los presentes a ver el meollo del libro, el retrato del asesino que no pudo matar un sueño, no se volvió célebre y no cobró un dineral por perpetrar ese crimen.  Las semanas de angustias que vivió, primero haciéndose de una identidad falsa que para colmo de males, tenía un error en su pasaporte  –que al final fue lo que lo delató— en un país con una lengua que no entendía, vestido con ropas inadecuadas para el clima, con severas obsesiones y otros defectos que lo hacían ser llamativo por lo peculiar.

Pero la novela tiene dos lecturas: la del sujeto James Earl Ray y la de un joven escritor que abandona sus responsabilidades familiares para ir a la misma ciudad donde se refugió Ray.  Y es allí donde se le ocurrió el tema de la novela, porque tal como lo manifestó, Antonio Muñoz Molina está convencido que existen el azar y las coincidencias, y que la temática se le impone al autor de una manera imperiosa.

UNA PROFUNDA INVESTIGACIÓN

Aparte de recorrer físicamente Lisboa, los lugares por donde anduvo Ray y también por los que él mismo estuvo hace 28 años, Muñoz Molina fue a Memphis, al mismo sitio donde fue asesinado Martin Luther King.  Consultó los archivos del FBI que describen lo que Ray tenía en la maleta cuando fue capturado, sus aficiones, sus lecturas.  Pocos autores tienen la valentía de escribir cómo hacen una novela y abrir su corazón y en “Como la sombra que se va” se puede uno imbuir de eso, por eso en ella honra a todos los escritores.

En determinado momento le quitó al texto de la novela todos los capítulos que hacían referencia a su vida personal, pero al leerla su mujer, otra escritora estupenda, Elvira Lindo, coincidió con él en que le faltaba el hilo conductor, era asépticamente literaria y eso no era lo que buscaba.

Para este escritor, de maneras suaves, hablar quedo y excepcional sentido del humor, la novela permite hacer tantas cosas diferentes y a la vez, tiene un valor intrínseco. Es como una explosión. Aporta al tejido histórico porque hay mucha historia oral, se recrea el ambiente y se habla en primera persona o en tercera, dependiendo del tema.  Este es el caso de cuando entra en escena Martin Luther King, a quien lo presenta con todas sus bondades y sus defectos, incluso el de sus encuentros furtivos con su amante, quien reveló en un libro posterior, “I shared the dream” (Georgia Davis Powers) que ella también estaba en el hotel el día que lo asesinaron.

El libro es una fascinante aventura entre crónica y novela y cuenta cómo James Earl Ray salió caminando con su rifle en una bolsa y se subió a su Mustang blanco en medio del desconcierto que existió posterior al asesinato.

Para Muñoz Molina, hay novelas que pueden abarcar mucho (almost novel) y otras que no dicen nada (almost nothing novel), y tanta información hay que saber cómo mostrarla para que la historia sea interesante leerla.  Puso el ejemplo del libro “Too much happiness”, de Alice Munro, Premio Nobel de Literatura 2013, que en 60 páginas relata la vida de Sofía Kovalevski, una matemática rusa que vivió a mediados del siglo XIX, en su largo peregrinaje a través de Europa en busca de una universidad.

El académico de Úbeda es categórico cuando dice, en una de las páginas de su libro que “la novela simplifica la vida, la simplifica y la calma.  Engendra su propia fiebre, sobre todo cuando uno intuye que va acercándose al final.  Gracias a la novela mi curiosidad tan voluble se concentra en una sola cosa…. Aunque no escribas estás escribiendo.  La imaginación narrativa no se alimenta de lo inventado sino de lo sucedido.  Cada hecho trivial que uno vive o que uno descubre en sus indagaciones puede ser un hallazgo valioso o inconcluso decisivo para la novela, ocupa en ella un lugar mínimo y preciso, como esas piedras desiguales de las aceras de Lisboa.  Hasta el devaneo de las redes sociales se suprime…”

En “Como la sombra que se va”, Antonio Muñoz Molina reconstruye el paso de James Earl Ray por Lisboa, desde que comete el crimen, cómo huyó y el pánico que tenía cuando se enfrentaba a una autoridad migratoria y tenía que explicar el error en el pasaporte, hasta su captura, pero más que todo, los angustiosos días que vivió allí y su intención de irse a Rodesia o Angola, como mercenario.

Antonio Muñoz Molina se acercó a un asesino, también a su sombra, la sombra de su pasado o una etapa de su vida.  Se miró a sí mismo y dejó pasar como una sombra todas las recriminaciones que a lo largo de estos años le habían perseguido.

Para Jorge Fabrizio Hernández, cada libro de su amigo Antonio le deja el sabor de boca que es su mejor libro y siempre tiene que decir que habrá uno mejor.