PARA NO SENTIRNOS SOLOS

Por Mariela Sagel, El Siglo, 5 de septiembre de 2016

Desde que las redes sociales han ido cobrando protagonismo, y el acceso a los teléfonos inteligentes es cada día más abierto para todos, el miedo a la soledad se ha ido mitigando a través del uso y abuso de ellas. Es casi que obligatorio que el ciudadano común, que escucha radio en su auto o en casa para estar enterado, esté ahora persiguiendo pokemones (un juego que ha sustituido al Nintendo, según entiendo), ventilando su vida entera a través de Facebook, Instagram o Twitter.  Las protestas ahora se hacen por esta vía y nos contentamos con emitir nuestra disconformidad mediante alguna de esas redes.

Somos opinadores de sillón, nada nos altera de salir a una marcha o sumarnos a una protesta porque aliviamos nuestras conciencias emitiendo una opinión por las redes sociales.  Algunos se pasan con esto, ponen intimidades, fotos comprometedoras y hasta los golpes que se dieron cuando se cayeron en el baño, quién sabe en qué condiciones.  Creo que hay que tener criterio y discernimiento en que la vida privada de uno no puede estar a merced de todo el que pueda leerla, verla y peor, usarla con propósitos aviesos.

El sociólogo polaco Zygmunt Bauman argumenta que Facebook, que ha hecho multimillonario a un joven emprendedor, está basado en el miedo a estar solo.  “Nunca en la historia humana hubo tanta comunicación como hoy pero esta comunicación no desemboca en el diálogo, que es el desafío cultural más importante de nuestro tiempo. Nadie realmente habla”.  Con el Twitter y el Instagram, que son otras de las redes más populares, pasa casi lo mismo, estamos perdiendo nuestra capacidad de conversar, de hacer tertulias, de dialogar.  Ahora los presidentes botan a sus ministros por Twitter, se defienden por este medio y hasta los prófugos se defienden en 140 caracteres.

Debemos usar las redes con moderación, para expresar o compartir pensamientos, y no para refugiarnos de “esa amante inoportuna que se llama soledad”, como la llama Joaquín Sabina.