SE REQUIEREN QUIJOTES EN LA LITERATURA PANAMEÑA

Por Mariela Sagel, Facetas, 5 de junio de 2016

Andrés Villa es un autor panameño que tiene a su haber 6 libros, 4 de ellos con temas históricos, y que recientemente participó en el Congreso de Literatura Panameña.  Aquí una entrevista que le hice para Facetas….

MS:  Cuéntame de tu obra….

Mi obra literaria se compone de seis libros, cuatro de ellos son un compendio muy original de la historia de Panamá.  “Correoso”, “Runnels” y “9 de enero”.  El último, “Crónica del Canal” tiene 57 capítulos, donde hablo desde el nacimiento geológico del istmo hasta la ampliación del Canal.

Portada de la novela “9 de enero”, que ha sido recientemente reeditada

MS:  ¿Desde cuándo estás escribiendo o publicando?

Yo tomé el diplomado de creación literaria, que imparte Enrique Jaramillo Levi, en el 2003, en la Universidad Tecnológica. Eso me motivó: estar en contacto con escritores, historiadores, ensayistas, poetas, me sirvió mucho.

MS:  Tu obra está orientada a las crónicas históricas, ¿qué es lo que te motiva a eso?

Hay varias razones.  Me duele, como panameño, que la historia oficial responda a los intereses de una clase social dominante, y he venido escuchando eso con más frecuencia últimamente, incluso sin tapujos….que los historiadores resaltan algunos héroes, dejando afuera personajes populares.  Mi primer libro, La Nueve, es una obra de violencia urbana, cómo se vive en esos barrios de grandes problemas sociales.  Pero después me encuentro un personaje que no conocía, Buenaventura Correoso, y he allí mi primera novela histórica.  Me costó mucho rescatar esa figura, que domina la segunda mitad del siglo 19, fue juez de maestros en el arrabal de Santa Ana, no era negro, era de extracción popular, no pertenecía a las familias de San Felipe. Fue juez de crimen en el incidente de la Tajada de la Sandía. Le toca juzgar al pueblo y hacer las investigaciones pertinentes.  Su liderazgo va creciendo y llega tres veces a ser presidente del estado federal. La historia menciona a Justo Arosemena como la máxima figura del Estado Federal, pero solamente dura tres meses.  El historiador Jorge Conte Porras se refiere a él como que no le gustó el puesto público, yo lo interpreto como que no le gustó servir al pueblo. Justo Arosemena se quedó en la teoría, en la utopía, pero Correoso fue más allá. Me costó mucho narrar una historia agradable. Indagué en la relación que Correoso tiene con los exploradores franceses, cuyos bustos están en la Plaza de Francia, y de allí forjé un personaje ficticio, una criolla bonita, y para empatarla con él, la hago huérfana para que él la reciba en su casa.  Muestro cómo se vivía en el arrabal y los conflictos que se había en ese tiempo, entre la gente de afuera con la gente de adentro.  Utilizo algunas técnicas aprendidas, como los “flash backs”, la presencia de un cónsul norteamericano y novelo el incidente de la Tajada de la Sandía.  Los historiadores franceses, al ir atravesando el istmo, reciben informes de los terribles episodios del ahorcamiento de los chinos.

MS:  ¿Después tienes Runnels?

Portada y contraportada de Runnels

Sí, esa novela tiene padrinos, Surse Pierpoint y Allan Baitel.  Ellos me discutían que Runnels tenía la talla de Correoso, no tanto pero es un personaje fascinante. Eso me lo corroboró recientemente Juan David Morgan, que lo toca tangencialmente en su libro “El caballo de oro”. Ellos me ayudaron a documentarme, buscar fotos, porque Runnels pone orden en el Camino de Cruces, previo al ferrocarril, ahorca… Explico que el ferrocarril borró una forma económica de vida, allí se criaban burros, mulas, para transportar mercancías.  Había un gran pueblo de ventas y todo eso se borró con el ferrocarril. Los remeros, en sus cayucos, que venían de río a río, toda esa gente perdió sus trabajos.  El ferrocarril determinó la importancia del istmo para los inversionistas de Nueva York.  Es una novela de aventuras y habla de la ruta.

MS:  ¿Después publicas la del 9 de enero?

Sí, se publicó con motivo de la conmemoración de los 50 años de haber sucedido. Me circunscribí a lo ocurrido con los muchachos institutores y los hechos en Colón.  Creo que el mayor valor es que el que lo lee se da cuenta que fue un movimiento espontáneo, la gota que derramó el vaso, y me lo contaron personas que no tienen ningún afán de lucirse, como el muchacho que guardó la bandera rota en su casa.  Ese hecho solamente se destaca en mi libro.  El caso de Andrés Galván, el dirigente obrero de Colón, cómo lo rodearon los norteamericanos con bayonetas y causaron tantos heridos.  Durante mi investigación cotejé lo escrito versus las entrevistas que hacía y me di cuenta que estaba escribiendo con la verdad, no como el libro que convirtieron en emblema para esa fecha y recibió todo el apoyo gubernamental, porque lleva el protagonismo a la presidencia de la república.  Se equivoca con los dos personajes que saltaron la cerca.  Mi libro llegó en el momento preciso, es honesto, y plasmó los testimonios de tres personajes que participaron en la marcha que después murieron así que se fueron con la satisfacción de que su verdad quedó en un libro.

MS: Yendo al tema editorial, viendo que tus libros son bastante cortos, ¿cómo los financias?

Es un esfuerzo personal, se imprimen aquí localmente, los investigo, pago para que los corrijan, y trato que sean estéticamente aceptables.  Me preocupo por tener una buena portada. Yo distribuyo, cobro, repongo

M.S. Recientemente estuviste participando en una mesa redonda de escritores panameños para el Congreso de Literatura…

Sí, con Rafael Ruiloba, Juan David Morgan, Sonia Elhers y Luis Pulido Ritter que era el moderador.  El tema del congreso era de novela y en la mesa solamente Juan David Morgan tenía más obras que yo.  Me sentí como pez en el agua,  el público fue muy participativo.  Saqué como conclusión personal que la literatura panameña está bien, a pesar de todo lo que se dice que la gente no lee, que no hay editoras, que cerró Exedra.  Pude notar que hay más interés, más escritores, que tenemos historias y buenos escritores que las pueden contar. Para participar en la mesa redonda me documenté un poco sobre la historia de la novela del siglo XX, porque ese era el tema. Y me encontré con la “Historia de la Literatura Panameña” de Rodrigo Miró, un historiador que leyó todas las obras, y que criticaba sin misericordia, no le tembló la mano para escribir críticas feroces.  Para él Joaquín Beleño, Tristán Solarte y Sinán pasan el revisado, pero no así Méndez Pereira, Demetrio Korsi, su mismo padre, Ricardo Miró, como novelista.

MS:  ¿Tú no sientes que la literatura panameña no se conoce fuera de nuestras fronteras porque los escritores no salen, no se exponen a las críticas en los grandes mercados editoriales?

El escritor panameño Andrés Villa

Creo que aquí somos demasiado auto complacientes, nos echamos muchas flores… Nos contentamos con dos o tres amigos que nos adulen.  Necesitamos un Rodrigo Miró que nos mida.  Nos falta más crítica.  Pero también escuché la queja de Juan David Morgan, que dice que la editorial Planeta le editó un libro y el 84% de sus ventas son en Panamá. Es como si Planeta no lo haya promocionado.  Y en las librerías, agrupan los libros en un rincón, bajo el mote de autores nacionales, no en el mejor lugar. La que mejor lo hace es el Hombre de la Mancha.  El libro tiene que estar bien puesto, que te llame la atención. Tenemos muchas deficiencias…

MS:  ¿Y quién crees que las puede resolver?

Se necesita gente que critique, que reseñe, que recomiende libros en los medios, para que el público asocie el libro con esa persona, que tiene cierta respetabilidad…. Pero se están cerrando esos espacios culturales. Ego y Facetas en La Estrella llenan ese gran vacío, el segmento del Panamá América ha ido reduciendo sus páginas y el periodista de La Prensa que se encarga de estos temas, además de que tira más para el cine, es muy elitista.

MS: Pero hay que participar en los concursos afuera, hay que salir.  De allí el éxito y reconocimiento de Gloria Guardia… Todos esos escritores que anualmente se ganan el Premio Miró, ¿quién los conoce afuera?  Mira el encuentro que se organizó en Nicaragua bajo el lema “La memoria que nos une”…

A mí el INAC me llevó a la Feria del Libro de Santo Domingo, y no me organizó ni una sola presentación de mis libros. Son como tiros al aire….

MS:  ¿Quién tú crees que debe liderar un movimiento para que la literatura panameña sea conocida afuera?

Al INAC, que le corresponde, al Ministerio de Educación, porque la literatura es el alma de un pueblo. Pero también a los editores, y a los medios de comunicación, que dediquen espacios como el que tú tienes, a promover la literatura.  Pero nadie toma la iniciativa de producir más espacios así.

Ya tenemos algunos editores nacionales, pero son leoninos… por eso me toca publicar mis libros, promoverlo, colocarlo… Debemos tener otro Rodrigo Miró entre nosotros…

MS:  Pero los escritores panameños se resienten cuando uno hace una crítica, te lo digo porque a mí me hicieron una campaña para acabarme porque escribí para una revista sobre los libros que nunca me pude terminar de leer y mencioné autores hoy famosos por otras razones, no necesariamente literarias y fue el acabose….

Esa es una de las deficiencias del mundo literario panameño, la estrechez, somos un mercado muy pequeño y se levantan fácilmente ronchas…. Todos nos conocemos y no nos atrevemos. Hay una frase de Rubén Blades que dice que las calles panameñas están llenas de nombres falsificados, en la literatura panameña también tenemos ese fenómeno… No hay quien quiera afrontar esos riesgos.  Tuvimos una crítica gastronómica, Aristóloga, que le temían pero la respetaban. Eso es lo que necesitamos.