SEMANA NEGRA EN LA FIL

Por Mariela Sagel, Facetas 24 de julio de 2016

La próxima versión de la Feria Internacional del Libro de Panamá, la décima segunda que celebra nuestro principal evento literario a nivel nacional, tendrá un interesante componente, innovador y de vanguardia, en el que participarán tres escritores españoles, invitados por la Embajada de España, además de otros internacionales y nacionales de renombre.

Uno de ellos es Juan Bolea, periodista además de licenciado en historia y geografía, que el año pasado estuvo en la FIL de Panamá y quien ha sido el principal impulsor del Festival Aragón Negro, que se celebra en Zaragoza, donde reside.  En este escenario presentará su última novela, “El Síndrome de Jerusalén”, que recién salió bajo el sello de Ediciones B. En ocasión de su visita anterior y en torno a las actividades que desarrolló, tuvo gran participación el autor panameño Osvaldo Reyes, que también ha participado en festivales de semana negra, así como otros escritores que han incursionado en el género como Juan David Morgan y Ramón Francisco Jurado.  El Dr. Reyes, médico de profesión, tiene ya tres libros publicados, el primero de ellos titulado “El efecto Maquiavelo”.

A propósito de jornadas similares, el creador de la Semana Negra de Gijón, Asturias, es el conocido escritor hispano-mexicano Paco Ignacio Taibo II, que la dirigió desde 1998 hasta el 2012.  Por ese festival  han pasado miles de escritores de novelas policíacas, históricas, de fantasía y ciencia ficción. El festival acaba de culminar con la concesión del premio Dashiell Hammett al escritor argentino Marcelo Luján, y otro premio importante, denominado Rodolfo Walsh fue para Ramón Lobo, escritor y periodista español que nació en Venezuela.

El género, en boga desde inicios del siglo XX fue la respuesta literaria a las condiciones asfixiantes que causaron la Gran Depresión y las prohibiciones como la ley seca y similares.  Se le define como la novela del mundo profesional del crimen. Su nombre hace referencia a que era publicada en la revista Black Mask de Estados Unidos y en la colección Série Noire de la editorial francesa Gallimard.  Todavía están en nuestras mentes los éxitos arrolladores de Stieg Larsson con su serie Millenium, y de Henning Mankell, que murió recientemente, ambos suecos y maestros del género.  Pero hay muchos autores que han incursionado en ella y la lista sería larga de enumerar aquí, incluso muchos latinoamericanos. Arturo Pérez Reverte ha dicho de uno de sus coterráneos, Montero Glez, que «Hace párrafos que a veces dan envidia, porque son de esos que salen cuando Dios o el Diablo sonríen y te ponen la mano en el hombro».

Portada del libro “El síndrome de Jerusalén” del escritor español Juan Bolea

EL SINDROME DE JERUSALEM

Juan Bolea, con su nuevo libro, nos lleva de la mano con maestría, humor y hasta cierta picardía, por escenarios insospechados y recursos estilísticos que denotan la sólida formación histórica y geográfica que posee, además de una actitud hacia la vida de total libertad de movimiento.  Así como para Larsson era la hacker Lisbeth Salander, para Mankell el inspector Kurt Wallander, para Leonardo Padura (cubano), lo es su personaje Mario Conde y para Roberto Ampuero (chileno) el inspector Cayetano Brulé, Bolea tiene una cautivante detective de nombre Martina de Santo, cuya figura no introduce sino hasta más allá de la mitad del libro, cuando ya estamos irremediablemente prendados de la historia.

Recrea la vida y andanzas de un detective –con dos infartos y a punto de tener un tercero–, de ascendencia armenia y su socio, que consiguen dos clientes el mismo día, cuyos destinos se cruzan y hacen deliciosa la trama e interesante el desenlace.  Los diálogos y las descripciones de paisajes son el fuerte de Juan Bolea, los hace de forma preciosista, sarcástica y lo llevan a uno de la mano por los más insospechados pasillos de la intriga y el bajo mundo.  El diario La Vanguardia de España, en una reseña titulada “Todo un personaje” afirma que “voluptuosidad y muerte juegan un muy buen lance narrativo en esta astuta intriga, protagonizada por un detective con despacho en Zaragoza”.  Esta nota señala que algunos personajes o escenarios que maneja en este libro el autor no son tan “chandlerianos”, en referencia a quien se le considera el padre de la novela negra, Raymond Chandler.  Con esos ingredientes y con la esperanza de que el ejercicio que ensaya Juan Bolea junto a los organizadores de la Feria del Libro y la apuesta cultural que hace por nuestro país la Embajada de España, le hice una pequeña entrevista al “todo un personaje” que nos estará visitando en agosto.

MS: Tu biografía da cuenta que eres de los más destacados escritores de la novela de intriga. ¿Cómo es el escenario que piensas montar en Panamá para el evento que asistirás en la FIL?

Panamá Negro va a ser una nueva apuesta de la Feria del Libro de Panamá en torno a los géneros literarios. Concretamente, al género negro o policíaco, tan en boga en países como España, Argentina, México… Contaremos con algunos grandes especialistas, como Leonardo Padura o Lorenzo Silva, y con autores panameños que han practicado la novela negra con éxito. Va a ser un programa muy popular, abierto a la participación de todos los lectores.

Juan Bolea, escritor y promotor del Festival Aragón Negro

MS: Acaba de culminar un festival de novela negra en Gijón donde estuviste de finalista del premio Dashiell Hammett. ¿Consideras que este género está en alza?

El género negro está en alza por varias razones. En primer lugar, por la calidad de los escritores que lo practican. También por sus temas, que abordan asuntos y conflictos de actualidad, a menudo desde una óptica crítica. Y, sobre todo, por su capacidad para seducir al lector con un ritmo vivo y elevadas dosis de intriga.

MS: Entiendo que hay varios tipos de novela negra que son la novela de acción con el detective como protagonista, la novela desde el punto de vista del criminal, la novela desde el punto de vista de la víctima y la novela desde el punto de vista del juez. ¿Con cuál te identificas?

 Mi forma de entender la novela policíaca es canónica desde el punto de vista narrativo, pues utilizo a un detective –Martina de Santo- a través de cuyos ojos se ve el discurrir de la acción. Si he aportado algo creo que es en el estilo y en las tramas. Me gustan los enigmas complejos, intelectualmente hablando, derivados de misterios de antiguas civilizaciones o religiones, o de conflictos psicológicos. Huyo de la novela violenta, sanguinaria, truculenta, que me parece demasiado fácil, y a menudo simplemente efectista.

MS: En La Vanguardia se indica que “no es tan chandleriano” la introducción de una figura eclesiástica en la trama. ¿Sigues muy de cerca las pautas que marcó Raymond Chandler para tus obras o te permites licencias?

Chandler es un gran maestro, pero se le debe leer, o estudiar, en su contexto. Cada autor debe elaborar sus propias normas estilísticas y argumentales, si quiere enriquecer los géneros y la literatura de su tiempo.

MS: ¿Es la primera vez que introduces el tema religioso en una novela, en este caso la pérdida de una reliquia, o en novelas anteriores has coqueteado con esa figura?

En “La mariposa de obsidiana” utilicé los rituales sacrificiales aztecas, y en “El oro de los jíbaros” las costumbres ancestrales, chamánicas, de las tribus amazónicas. La religión está presente en mi obra, pero como hecho cultural, como trasfondo al misterio. En “El síndrome de Jerusalén” he utilizado algunos de los misterios cristianos relacionados con las figuras de Jesucristo y la Virgen María.

MS: Sin ser excluyente, dime cinco exponentes de la novela negra que consideras los más representativos…

Edgar Allan Poe, el fundador del género. Arthur Conan Doyle. Dashiell Hammett. Truman Capote. Patricia Highsmith.

MS: ¿Qué expectativas tienes para esta actividad en Panamá?

Me gustaría mucho ganar la confianza de nuevos lectores panameños y trabajar con sus autores en nuevos proyectos. El género puede prender en Panamá, se dan todas las condiciones.