SI LOS CALLAN ME CALLAN

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 21 de febrero de 2016

Desde hace varias semanas ha estado en las redes sociales y en los corrillos de cafeterías el comentario de que el más conspicuo de los periodistas de televisión, el que más “rating” tiene por sus primicias que dejan al resto de las unidades de investigación patidifusos, y su más cercano colaborador, han estado recibiendo cheques de empresas que se ven afectadas por los negocios que hacen los dueños del gran capital.  En lo personal, creo que este tipo de campañas sucias nos llevan en reversa a un estado donde denigrar era la manera de evitar que un profesional surgiera o, peor aún, de matar el mensajero pensando que con eso se mataba el mensaje.  Toda una serie de especulaciones se tejieron de por qué este periodista (y me refiero a Álvaro Alvarado) no estuvo dando las noticias durante los carnavales, cuando seguramente se acogió a merecidas vacaciones.  El morbo fue tal que hay grabaciones “anónimas” (como si uno no reconociera esa desagradable voz) en las que aseguraban que él y el Ing. José Isabel Blandón, saldrían de la corporación Medcom.

No soy defensora de oficio de nadie pues ellos tienen mejores argumentos que yo para hacerlo, pero preocupa que por una pugna entre los grandes capitales, que deciden el destino de este país, se lleven por los cuernos el prestigio de dos profesionales.  Y esto lo afirmo luego de escuchar el programa Info Análisis, donde el Ing. Blandón señaló las causas de esta campaña de desprestigio en su contra y dio nombres y apellidos de quienes la orquestaban.

Pareciera que el país ha entrado en una vorágine de acaparar las fuentes de negocios entre dos o tres grandes corporaciones, e incluso aquellas que son de servicio público, como el agua y la electricidad, no escapan a la angurria que tienen estos bloques económicos.  Lo más sintomático es que, como en México, el poder mediático ha llegado a tener tal grado de influencia que pone y quita presidentes.  Ricardo Martinelli no estaba tan equivocado cuando intentó montar un imperio de medios, pero se enredó en la pata de los caballos y lo que ha ocurrido es que, por su cobardía, su débil estrategia se está cayendo en la indiferencia y la poca credibilidad.

No olvidemos la Casa Blanca del presidente mexicano Peña Nieto, que le fue regalada a su mujer porque ella era estrella de telenovelas.  Una bicoca para el poderío que Televisa maneja y si encima ahora vive en los Pinos, como aquí están los nuestros en las Garzas, vamos mal.

Las humildes opiniones que emitimos desde las columnas de opinión los colaboradores de los diarios serios son baluartes para esta defensa de principios, valores y verdades.  Muchas veces los medios, por sus intereses y principalmente, por sus clientes, callan o bloquean a los que denuncian cosas chuecas.  Otras veces nosotros mismos cometemos la peor de las fallas, nos auto censuramos por no caer en desgracia con éste o el otro, con el amigo o pariente que está involucrado en nepotismo, en actos cuestionables, en temas de corrupción.

Yo no creo que haya otro periodista que sea más acucioso y más entregado a su labor de indagar hasta el fondo del asunto que Álvaro Alvarado, ni un analista más sagaz y profundo que José Isabel Blandón.  Por muchos tamales que le tiren en las glosas anónimas con risas estridentes y burlas estrafalarias, han dado en la cabeza a más de uno, especialmente con primicias, y los medios que son su competencia ven cómo su rating se va al suelo, aunque enarbolen al mismísimo Escrivá de Balaguer y se lo traigan directamente de las Garzas.

Este tema tiene que tener una aclaración y un alto a las campañas sucias, anónimas, instituidas en el pasado gobierno pero que las adoptaron quienes por 26 meses convivieron en ese estercolero.  Los que aporreamos el teclado debemos pararnos firmes para que eso se acabe, se deslinden las diferencias empresariales en su escenario y no perjudicando a todo un público cuya única referencia de saber lo que está pasando en el país son los noticieros, y en ellos está decidir su preferencia.