UN CONCIERTO PARA NO OLVIDAR

Por Mariela Sagel, Facetas, 28 de febrero de 2016

El pasado lunes 22 de febrero el Teatro Anayansi fue el escenario de un concierto sinfónico como no se había visto en fechas recientes, y es que una cantante como Paloma San Basilio, mítica, romántica y también artística se presentó junto a la Orquesta Música Viva, que es un grupo de músicos panameños de los mejores que tiene la sinfónica nacional y otros virtuosos que fueron seleccionados con mucho esmero y acuciosidad por su director, el Maestro Jorge Ledezma Bradley.  No fue un proyecto fácil.  Fue el resultado de muchos meses de planificación, de interminables correos electrónicos que tenían contenidos, partituras, cambios y arreglos que se iban ajustando poco a poco entre los protagonistas, tanto en España como en Panamá.  El resultado fue un concierto melódico, emotivo y lleno de remembranzas, que hizo saltar las lágrimas a más de uno de los presentes en el público, que fue receptivo, participativo y hasta demandante.  Tanto la artista como la orquesta se acoplaron a la perfección -aunque ésta no exista- y ofrecieron un espectáculo irrepetible.

La cantante Paloma San Basilio

LOS PROTAGONISTAS

En este país, que tantas trabas le pone a las presentaciones artísticas y sobre todo, a las que hagan un verdadero aporte de valor cultural, hay muchas exigencias que hay que cumplir.  Una de ellas es la de tener un “telonero” o sea, que un artista nacional abra el concierto para la protección del talento de nuestro país.  Él telonero de Paloma Sinfónico fue el joven treintañero Fernando Bustos, un contra-tenor que es una de nuestras joyas de música clásica. Fernando Bustos interpretó, en su estilo muy particular, con una voz maravillosa, tres canciones, una de ellas Patria, la emblemática canción de Rubén Blades, y La Vie en Rose, de Edith Piaf, la francesa llamada “gorrioncillo”, en un arreglo que hizo Dino Nugget.  Se hizo acompañar por un “ensamble” de la misma Orquesta Música Viva.

Los maestros Jorge Ledezma Bradley, director de la orquesta, se dio por entero a esta presentación, que es su plataforma de lanzamiento para que la orquesta vuele alto, como Paloma, y en compañía de Juan Esteban Coacci, pianista y arreglista argentino que vino en el grupo de la artista, lograron interactuar de forma armoniosa y creativa en un conjunto de estupendos músicos a quienes dirigieron a través del repertorio tan exquisito que seleccionaron para esta presentación exclusiva.

Paloma Sinfónica, con la Orquesta Música Viva

Una componente inesperada y destacada fue la señora Jan Bishop, que tocó su propia arpa, una estadounidense que está en Panamá en los meses del crudo invierno del norte, y que participó con entusiasmo en este concierto, sin siquiera hablar español y no ser parte de la orquesta, pero que le aportó al concierto el virtuosismo y elegancia que un arpa puede dar.

Los héroes anónimos de Atlapa son los veteranos trabajadores de ese centro de convenciones, que maravillan a todos los productores por lo recursivos que son, dedicados y sobre todo, comprometidos a que el teatro de lo mejor de sí, aunque ya esa infraestructura esté en un estado comatoso de lo deteriorado que está. Y los soniditas, luminotécnicos y hasta los que en un momento determinado tuvieron que pintar el piso porque estaba muy rayado.

EL REPERTORIO

Paloma San Basilio demostró su versatilidad, su calidez y entrega en los escenarios.  Haciendo gala de su glamour, su porte de diva y la agilidad en sus moviientos, cantó las canciones emblemáticas que la identifican, como Cariño Mío, Luna de Miel, Beso a beso y Demasiado herida, sin dejar de sorprendernos con “Ojalá que lleva café“, que incorporó recientemente en su presentación en República Dominicana, que fue llevada con ritmo y cadencia por los entusiasmados integrantes del público.  No faltaron canciones a “capella” que le pedían los asistentes, en una breve estrofa, a veces acompañada por el maestro Coacci al piano y sus comentarios personales, refiriéndose a sus nietos, a su hija y su nueva faceta que ha desarrollado recientemente y a la que quiere dedicar más tiempo, como es la de escritora.  Me contó su compañera de universidad y pintora renombrada panameña, Olga Díaz, que desde la época en que ambas asistían a la Complutense de Madrid, ella pintaba, y esa es otra faceta que quiere seguir desarrollando y para eso necesita seguir en lo que ella llama su “etapa dulce”.

El concierto fue en ascenso cuando cantó Mediterráneo, la canción del catalán Joan Manuel Serrat, sin dejar de mencionar que ese mar se ha ido convirtiendo en un mar de muerte por los muchos emigrantes que quieren cruzarlo en embarcaciones que muchas veces zozobran y abogó por todas esas personas que deciden abandonar sus países por las feroces condiciones que sufren.  Su interpretación fue extraordinaria y finalizó su concierto con “No llores por mí Argentina”, con la misma fuerza y espectacularidad que lo hacía en la ópera Evita, con los mismos gestos y posturas de la artista que le mereció la opinión del autor de esa ópera, Andrew Lloyd Weber, que ella  había sido la mejor intérprete que había tenido su famoso musical.

Cayó el telón y el público pedía más, y Paloma volvió a salir y cantó, nada más y nada menos que “Historia de un amor“, la canción que nos identifica a los panameños en todo el mundo, y la gente la aplaudió de pie, culminando con un homenaje estilo griego, de tirarle claveles al escenario, que ella recibió con júbilo y prometió llevarse a casa todos y cada uno.  Pero seguía el aplauso y cerró cantando con el pianista “Alfonsina y el mar”, que no dejó de estremecer a más de uno por la carga emotiva que está canción tiene.

LOS IMPONDERABLES

Es una realidad que en Panamá hay una carencia de “venues” o lugares donde realizar veladas artísticas, que no sean galpones o salas de bar, donde se pueda asistir a obras de teatro, escuchar óperas, conciertos clásicos, o artísticos como éste de Paloma San Basilio.  El teatro Anayansi, que casi cumple 40 años y ha sido el mejor teatro para conciertos del área, está en un estado comatoso.  Sus camerinos están deteriorados, los pisos descascarillados, las luces vulnerables, los baños sin grifo.  Back Stage, o tras bastidores, pasó de todo, desde que el día anterior no se pudo ensayar porque hubo un corto circuito en las luces hasta que en los camerinos hay cucarachas.  Y para colmo, han subido escandalosamente los precios de todo, hasta del aire contaminado que se respira.

Es posible que el abandono que sufrió el centro en los últimos años, que tenía como intención su deliberado deterioro para que se vendiera el terreno, se demoliera y se construyera allí otro rascacielos o un mall comercial sea irreversible.  Sin embargo, mientras esté en uso y se esté cobrando, debería brindar un servicio cónsono y el gobierno y más concretamente, la Autoridad de Turismo, debería invertir en mejorarlo y sobre todo, darle un mantenimiento apropiado.  Paloma San Basilio, anuente de las circunstancias por las que atravesó su equipo de trabajo junto a los locales, para poder ofrecer un show de la categoría que se pudo vivir, dejó caer el comentario que no debería demolerse Atlapa, pero sí mejorarlo.  Desconozco si el nuevo centro de convenciones que se está construyendo en Amador tiene proyectado un teatro mejor o parecido a éste, pero desde ya debemos estar vigilantes y exigir que el público que demanda y exige espectáculos de alfombra roja -muchos extranjeros y panameños- tenga la garantía de una oferta de categoría y elegancia.

Otro de los imponderables que ocurrió en la corta estadía de la artista fue que una de sus maletas se la etiquetaron mal en San Juan y eso representó un atraso en atender los medios de comunicación el día que llegó pero ante estas adversidades, ella lo vivió con un fino sentido del humor y sin estridencias.

Elegante, glamorosa, sencilla y sobre todo, entregada a su público, Paloma San Basilio demostró que sigue volando alto.  Y la Sinfónica Música Viva demostró estar a la altura de grandes escenarios, lo que debe ser motivo de orgullo para todos los panameños.