SIN RESPETO POR EL PATRIMONIO

Por Mariela Sagel, 26 de febrero de 2017

La noticia cayó como una bomba más en medio de un bombardeo, y por la falta de identidad que tenemos para con las manifestaciones artísticas, no pasó a mayores.  Apareció la semana pasada en un diario local y anunciaba que un grupo de ciudadanos panameños preparan una denuncia contra el Gerente de la Caja de Ahorros y dos subalternos, “a quienes responsabilizan de que una serie de obras plásticas de grandes artistas panameños que antes se exhibían en sucursales de la entidad, hayan sido dejadas abandonadas en un depósito”.  No es la primera vez que violentan nuestro patrimonio, lo han hecho inclusive las autoridades responsables de velar por él, como pasó con la ex directora del Instituto Nacional de Cultura (INAC) al permitir que se hiciera la Cinta Costera III como costanera, perjudicando un patrimonio de la humanidad como el Casco Antiguo.

Jaime Caballero, quizá el único que queda vivo de los restauradores y antropólogos que fueron guiados por la Dra. Reina Torres de Araúz en el rescate de la historia, me relató instancias sobre las colecciones de pintura del Banco Nacional y de la Caja de Ahorros, que vale la pena divulgar, ahora que las mismas están en peligro.  Él es el presidente de la Asociación de Restauradores.

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La colección de la Caja de Ahorros se empezó a conformar durante los años en los que Luis Pabón era el gerente, finales de la década de 1970. Fue un momento coyuntural, fungía como vicepresidente de la República Ricardo dela Espriella, un hombre sensible a las artes, y Luis Alberto Arias estaba en la gerencia del Banco Nacional.  Coincidió también como relacionista público de la Caja, Sebastián Quirós, que tanto empeño puso en hacer de ese banco “de la familia panameña” un hogar para los artistas.  Todos impulsaban el cultivo por el amor a las artes.

     Carmen Alemán era la encargada de la curaduría, pero no tenía el tiempo por sus actividades de galerista, así que entré a trabajar de lleno allí. Las dos colecciones se hicieron en forma paralela.  Ambas llevaban la misma tendencia.  Después fue variando.  Yo le propuse al entonces subgerente, el ya fallecido Aníbal Illueca, que hiciéramos una colección cronológica, ya que Panamá no tiene ninguna.  Es el único país que no tiene un salón de Bellas Artes, hasta Haití tiene.

Jaime Caballero

Se fue haciendo la cronología de los primeros 50 años  del siglo XX y los entendidos, como Pedro Luis Prados, Ramón Oviero y otros se involucraron con sus textos.  Mi trabajo era examinar el estado físico y como muchas de esas obras ya tenían varios años, había que darles un tratamiento especial. No habían sido conservadas ni restauradas.  Conseguimos un par de decenas de estas obras a unos precios realmente muy buenos y así se fueron enriqueciendo las dos colecciones.

Generalmente los cuadros se compraban a coleccionistas, no a los artistas.  Uno de los grandes mecenas fue Camilo Pérez, que tenía una gran cantidad de cuadros, especialmente de Ivaldi y de Benítez. En el último avalúo que hice, en 2010, –que ni siquiera era oficial–, la colección de la Caja de Ahorros superaba el millón de dólares.

Yo estuve inclusive trabajando bajo la gerencia de Carlos Raúl Piad, que considero fue la época de oro de la colección, al punto que se mostró en varias ciudades de México.  Primera vez en la historia que se da un movimiento de esa índole, que se patrocina y se muestra el acervo pictórico de Panamá.

Me fuí de la Caja de Ahorros porque no había convicción de la importancia del mantenimiento y conservación que ambas instituciones tenían reflejado como activo fijo.  Intenté que ambas instituciones cambiaran los cuadros a activo valorable, pues así no se deprecia sino por el contrario. Nunca pude lograr que auditoria los calificara como activos que ganan valor. 

Casa Matriz de la Caja de Ahorros

Lo más que logré fue que en Milla 8, donde están los depósitos, dedicáramos un espacio para trabajos de restauración.  Intenté que se creara en todas las sucursales una especie de salas de exposición, de galerías de arte, con fichas técnicas.  En la casa matriz se hicieron grandes exposiciones, una en honor del maestro Manuel Chong Neto, que inclusive contó con obras de coleccionistas privados.

De parte de todos los gerentes, hasta Piad, hubo gran interés.  A partir de allí se perdió y persistió el tema del activo fijo, en lo que nunca nos pudimos poner de acuerdo.  Yo estaba allí por meritocracia, y traté de enseñar y dejar una escuela pero no hubo receptividad.

Hay que tomar en cuenta de que ese es un bien patrimonial y desafortunadamente en el país no tenemos una colección de arte panameño representativa.  El Museo de Arte Contemporáneo tiene la colección más grande pero no la de mejor calidad, y destacan en ella los artistas extranjeros.  No hay Museo de Bellas Artes en Panamá.  Las colecciones del Banco Nacional y la Caja de Ahorros pueden ser consideradas las más importantes.

La restauración no se califica como un trabajo científico en este país.  Las galerías se han hecho ricas pero no se ha educado al público en las artes visuales.  Ahora estamos cosechando eso, porque tenemos cualquier cantidad de metros cuadrados de construcción y no se venden ni una cuarta parte de las pinturas que se vendían hace treinta años, porque los decoradores están llenando los apartamentos y las oficinas de afiches y reproducciones, sin ningún valor, que combinan con el piso y el color del sofá. 

La Caja de Ahorros puede tener unas 1,000 obras y todas son de panameños, está documentada, inventariada, y aunque insistimos en que se hiciera un avalúo, nunca fue aceptada esa propuesta.  El valor de todas esas pinturas ha subido considerablemente.

Además, el dinero con que se compraron esas obras es de todos los panameños.  Nos pertenece a todos.  Lo primero que hay que lograr es que las obras regresen a las paredes de las sucursales, que haya bibliografía, que se enseñe pintura a través de ellas.

Hay que rescatarlas donde están guardadas.  Esa colección serviría para educar y para mostrar a los extranjeros, tenemos el recurso y no lo utilizamos.  Es nuestro patrimonio visual. Ni siquiera la universidad sirve de conciencia crítica en esa dirección. Y las galerías son más comerciales.

Se podría elaborar una proyección de la pintura panameña en base a las colecciones de la Caja de Ahorros, del Banco Nacional, de la Lotería Nacional (murales enormes que antes estaban en la entrada) y el INAC.  El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) es el encargado de vigilar esto y no lo está haciendo.

Lo más escandaloso es que el INAC no tiene un departamento de restauración. Traté de establecerlo pero como no era potable para la anterior administración, me suspendieron el contrato.

Se ha tratado de hacer un acercamiento con la administración actual, desde el Presidente para abajo.  Se ha enviado la propuesta de conservar y restaurar el patrimonio visual de nuestro país y no hay respuesta.  El INAC fue totalmente indiferente en la pasada administración y en ésta no se ha dado por enterado.  Hay que rehabilitar las piezas de cerámica precolombina, el Museo Antropológico es un depósito de trastos.  Todos los que estudiamos gracias a las directrices de Reina Torres de Araúz sentimos un deber por hacer este esfuerzo e intentar el rescate.

Hacía falta crear era una gerencia de patrimonio en esas instituciones, como planteaba Jorge Conte Porras en el Banco Nacional, pero debido a su muerte, todo eso fue descartado.  Ahora en las sucursales solo hay anuncios de ofertas comerciales.  Hay banqueros que no tienen la sensibilidad para este tema y autoridades como la de la ex directora del INAC, que no quiso firmar un convenio marco para restaurar el patrimonio existente, no se pudo avanzar y hemos llegado al borde del abismo.

Se deben regresar las colecciones de estas instituciones a un sitio adecuado, no dejar que se pierdan.  Con tanta plata que hay, que no se destine un porcentaje mínimo para esta labor es inaceptable.  Nosotros restauramos el frontis de la Catedral en 1983 por menos de $100 mil dólares.  Hay complicidad sospechosa de dirigir esos dineros de una forma inadecuada.  Es el sustrato de la idiosincrasia del panameño.  Es como si no existiéramos.  Pero sí existimos y estamos presentes.

Debemos empezar por hacer un inventario, identificar el estado de las pinturas de las colecciones mencionadas. Hay una pintura de William Leblanc de 1889, del siglo XIX. Las mejores pinturas se colgaban en la gerencia general, cuando sus gerentes comprendían la importancia de las artes visuales.  Solamente había excelencia. 

También se deben rehabilitar las sucursales para que exhiban pinturas.  Cuando se inauguró el Banco Nacional era como la Scala de Milán, el sitio ideal donde se exhibía.

Urge hacer una gestión administrativa y estatal, un inventario, evaluación de las obras, y tomar como referencia estas dos colecciones.  El INAC hace un concurso anual que se llama Roberto Lewis y sus obras están tiradas en un depósito, sin ninguna proyección y menos cuidado.

 

 

 

 

 

 

SOLIDARIDAD EN LOS DESASTRES

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 26 de febrero de 2017

El lunes pasado fuimos remecidos por un temblor en esta tierra que gracias a estar alejada de una zona sísmica, no sufre de estos movimientos telúricos que se producen cuando las placas tectónicas chocan entre sí. Recordemos que la decisión de construir un canal por Panamá se tomó cuando circulaba en Nicaragua una estampilla del volcán Momotombo en erupción, y ese instrumento filatélico cambió el curso de la historia, ya que la primera opción para hacer el paso transístimico había sido por ese país centroamericano.

Sergio Ramírez Mercado, el escritor y ex vicepresidente de Nicaragua cuenta, en su Prosa Profana, publicación regular que reúne ensayos de gran valor tanto histórico como literario, que él pensó que esa historia pertenecía a las leyendas del folclor político.  Resulta que el hábil francés Philippe Bunau-Varilla convenció a los senadores estadounidenses de no llevar a cabo la portentosa obra en un país expuesto a catástrofes de terremotos, se valió de esta simple imagen como prueba, y después firmó como representante plenipotenciario del recién independizado estado de Panamá el tratado del canal que le concedía a los Estados Unidos, a perpetuidad, derechos sobre nuestra posición geográfica.

En nuestro país tenemos el volcán Barú, que le dá más lustre del que ya tiene la provincia chiricana, pero no está activo desde hace más de 500 años, así que de erupciones y temblores, como dirían, “no han escrito los autores panameños”.

Los que sentimos el remezón entramos en pánico por el temblor de 5.0 grados con epicentro en el Golfo de Panamá, pero rápidamente se activaron las alarmas para saber qué hacer en caso de que tuviera réplicas.  Otros países, en este mismo continente, han sufrido terremotos terribles y otros fenómenos naturales que los han devastado, y los panameños hemos estado dispuestos a ayudarlos, como es el caso reciente de los incendios forestales que se produjeron en Chile entre enero y febrero.

Nuestro benemérito Cuerpo de Bomberos acudió a ayudar a los hermanos chilenos, aun cuando ese país tiene una vastísima experiencia por su larga y difícil geografía en estos fenómenos, causados o naturales y cuenta con una Corporación Nacional Forestal (Conaf) que coordina con las unidades especializadas, lo que anualmente se agrava gracias a las altas velocidades del viento, altas temperaturas —tras sucesivas olas de calor—, baja humedad y la dificultosa geografía de los sectores afectados.

En un ejercicio combinado entre los gobiernos de Chile y Panamá, liderados por el embajador de ese país aquí, el equipo de brigadistas estuvo en la zona cero de combate al fuego, principalmente en las localidades de Lolol y Navidad.  Las condiciones de trabajo en la zona eran similares a las que los combatientes han enfrentado en Panamá, aunque con más oscilación térmica y mayor sequedad.  El tipo de combustible con el que contaban era liviano y la topografía plana. La temperatura estuvo entre los 32 a 40 grados.

Se hizo un trabajo de penetración y liquidación de un perímetro de 4 kilómetros.  Todos los brigadistas tenían un alto nivel de compromiso y motivación en permanente coordinación con una contraparte de CONAF Chile, que asistía en terreno las tareas de desplazamiento, provisión y ubicación, además de estar acompañados de un jefe de brigada con mucha experiencia en el área y un técnico.  En todo momento nuestro grupo de ayuda al hermano país estuvo acompañado por los representantes de la embajada de Panamá en Chile y por el Embajador de Chile en Panamá.  Un efectivo intercambio y colaboración bilateral.

Panamá fue el primer país de Centroamérica en movilizar dotación y fuerza humana para la catástrofe, lo que ha sido expresamente reconocido por CONAF.  La cooperación de Panamá demuestra que la relación bilateral es intensa en todos los planos, incluyendo la fuerte vinculación de instituciones de seguridad (bomberos, protección civil, policía) en este caso, con Chile.  De hecho, varios de los brigadistas que acompañaron la misión ya habían estado en intercambios de formación en instituciones chilenas, lo que es un indicador adicional de la madurez de nuestra amistad y colaboración en este ámbito con el país sureño.

La solidaridad entre países es la más hermosa y sólida de las cooperaciones, porque no tiene cláusulas y se basa en una perfecta coordinación.  Nuestros bomberos demostraron con esta experiencia, que tienen el profesionalismo y sobre todo, la sensibilidad para acometer tareas que no son comunes en nuestro territorio.